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Kate Winslet regresa en una fábula fashionista

La actriz habla de su trabajo en El poder de la moda

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Jueves 09 de junio de 2016
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LA NACION
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Suele decirse que las grandes estrellas del cine prefieren Toronto a cualquier otro gran encuentro multitudinario porque allí pueden presentar y dar a conocer sus proyectos más personales. Cada septiembre, la ciudad canadiense está llena durante diez febriles días de alfombras rojas, glamour y fans apasionados dispuestos a esperar largas horas para obtener un autógrafo o una selfie. Lo hacen con la convicción de que conseguirán su propósito, porque en ningún otro lugar encontrarán a sus figuras favoritas tan dispuestas y relajadas.

Es lo que ocurrió en Toronto 2015, entre muchas otras, con Kate Winslet. Poco antes del estreno mundial de El poder de la moda (The Dressmaker), cuyo estreno en la Argentina anuncia el sello Energía para hoy, la protagonista de Titanic y El lector recibió brevemente a un puñado de medios internacionales, entre ellos LA NACION, en el primer piso de un bar-lounge muy popular, ambientado para la ocasión con los toques fashion de uno de los auspiciantes locales del lanzamiento del film. A menos de 200 metros de allí, una compacta y extensa hilera de fans se iba congregando sin desbordes junto a las vallas a la espera de poder saludar a Winslet y al resto del elenco.

La película que llevó a la actriz británica al inmenso festival canadiense no tenía nada que ver con la marca de algún gran estudio o la impronta de Hollywood. Es una pequeña e independiente producción australiana que marca, además de la presencia protagónica de Winslet, el regreso a la dirección después de casi dos décadas de Jocelyn Moorhouse, la directora nacida en Melbourne que en 1991 llamó la atención de Cannes con su elogiada ópera prima La prueba.

Para esta vuelta, Moorhouse vuelve con lo que ella misma definió como el equivalente, pero con máquinas de coser, de Los imperdonables, el memorable western de Clint Eastwood.

El poder de la moda es el relato de otro regreso, el de Myrtle "Tilly" Dunnage (Winslet), quien después de pasar muchos años en Europa como diseñadora de modas se reinstala en su pueblo de origen, un rincón agreste y polvoriento de la Australia rural de los años 50. Allí deberá cuidar de su madre enferma (Judy Davis), tendrá un acercamiento amoroso con un deportista menor que ella (Liam Hemsworth) y se las verá con una serie de personajes de conducta extravagante, descriptos por Moorhouse casi al borde del grotesco.

"Jocelyn concibió esta película como una fábula. Pero yo la definiría como una comedia gótica y oscura que, al mismo tiempo, esconde en su corazón una gran historia de amor que con el tiempo se convertirá en tragedia. Para compensar todo esto, la película tiene un toque cómico muy logrado por Jocelyn, que no aparece en la novela original. En el fondo, es un falso cuento de hadas", reconoce Winslet, ya preparada y dispuesta para recorrer la alfombra roja de Toronto. Lo que se espera de su personaje en la película tiene correspondencia exacta en la realidad. Winslet luce bellísima, vestida de negro de la cabeza a los pies (remera, chaqueta y jeans bien ajustados al cuerpo) y un muy cuidado despliegue de bucles rubios en el peinado.

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Mirada de mujer

Winslet se entusiasma al contar que la película, una reivindicación muy precisa del mundo femenino, tiene detrás de las cámaras el sello de una mujer. "Una de las cosas que más me llevó a sumarme a este proyecto era la posibilidad de trabajar con Jocelyn como guionista y como directora. Ustedes vieron además que las mujeres somos mayoría en el elenco y también que una mujer, Rosalie Ham, escribió la novela en la que se basa la película. No hay muchos casos así en el cine de hoy y me llena de orgullo que hay una voz predominantemente femenina detrás de las cuestiones creativas más importantes."

¿Cree entonces que El poder de la moda podría ser identificada como una película feminista? "Me parece que es un poco arriesgado y peligroso usar ese tipo de etiquetas -responde Winslet-. La palabra "feminismo" y el hecho mismo de ser feminista tienen connotaciones y significados muy profundos que merecen sostenerse en voz alta, pero no estoy segura de que corresponda aplicarlos a esta película. Lo que me parece genial es que Tilly, esta mujer tan extraordinariamente fuerte, aparezca en el centro de la historia. No sabría si llamar venganza a todo lo que ella hace cuando decide volver a su tierra, pero sí se trata de algo grandioso."

Winslet confiesa que por naturaleza siempre se sintió más identificada con las películas independientes que con los proyectos ligados a los grandes estudios. "La verdad es que me siento una actriz independiente en el más amplio sentido. Y también afortunada, porque puedo trabajar sin problemas en esos dos mundos, el de los blockbusters y el de los proyectos más personales. Los dos tienen lugar en mi vida, aunque hacer cine independiente siempre resulta más divertido y ameno, porque todos nos comprometemos mucho más. Yo amo este trabajo y haga lo que haga siempre voy a estar bien dispuesta. Nunca me van a ver triste o infeliz haciendo una película."

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