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Carteles de neón para cambiar algún límite

Domingo 12 de junio de 2016
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Boulevard Benito Pérez Galdós, La Boca. Siete de la tarde. Colgado de la autopista, en diagonal a la Usina del Arte, brilla un cartel de neón: "El terreno se vuelve a mover", dice. Unos metros más allá, sobre el Museo del Cine, emerge otro: "El viento arrasa y se va". Y siguen, seis frases lumínicas que marcan un ritmo distinto del habitual de esa calle.

Los carteles integran Escrituras, un proyecto de contraseñalética urbana concebido por Gabriela Golder y Mariela Yeregui, artistas visuales y docentes de la Untref. "Partimos de algunas preguntas: ¿cómo se vive la ciudad, la territorialidad, el espacio público? ¿Qué idea tenemos del otro?", comenta Golder. "Nos interesaba trabajar en una zona de fricción -apunta, por su parte, Yeregui-. Por eso elegimos el boulevard: zona de casas tomadas, pero también del Distrito de las Artes. Lo recorrés y percibís cierta ebullición latente, un desequilibrio, la huella de la gentrificación. Complejidad."

La idea nació en 2014, cuando el gobierno de la Ciudad lanzó el concurso de intervenciones urbanas Buenos Aires-Sitio Específico, pero Escrituras, uno de los cinco proyectos ganadores, recién se pudo inaugurar el mes pasado. La intención es que las estructuras lumínicas permanezcan instaladas varios meses, encendiéndose apenas el sol comienza a bajar. Su presencia hace pensar en grafitis luminosos (de hecho, una de las frases -"Eternos por día por hora por mes"- se tomó de una anónima inscripción callejera). Poética y materialidad urbana. Las artistas trabajaron durante tres meses en el barrio; organizaron talleres, grabaron sonidos, desarrollaron mapas, jugaron con frases y asociaciones libres, promovieron la participación de los vecinos. "Queríamos visualizar quiebres, intersticios", comentan. También buscar el sentido anclado en el entramado urbano, impulsar una reflexión sobre "el hacer cosas con otros; el hacer juntos". Luego vino la discusión sobre dónde emplazar los carteles de neón; algunos sitios surgieron casi solos, como el bar Boca a Boca, ubicado en Pérez Galdós al 200 y encantado de recibir la inscripción "Es imposible el silencio".

La experiencia tiene sitio web y, junto con otras similares, quedará plasmada en El territorio es la casa, libro que Golder y Yeregui planean publicar el mes que viene. Mientras tanto, la presencia de los carteles se multiplica: en las fotos que les toma algún que otro sorprendido transeúnte, en los vecinos que celebran al neón que arroja luz adicional a sus veredas y pone una chispa de enigma a algunas fachadas. "Se corrió el sol y cambió el límite", anuncia el cartel sobre el taller mecánico de Pérez Galdós al 100. De eso también trata el arte urbano.

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