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Para erradicar el trabajo infantil no basta con prohibirlo

PARA LA NACION
Lunes 13 de junio de 2016
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Con una edad difícil de calcular pero que no pasa los 12 años, Juana reparte estampitas en el subte, sin mirar y casi sin ser mirada por los pasajeros que viajan concentrados en sus dispositivos electrónicos, sus libros y sus sueños simulados. Siguiendo el principio de George Berkeley, por el cual el ser de las cosas consiste en ser percibidas, no observar esa realidad, no mirar a esa niña es casi como erradicar el problema, simplemente como no registrarlo en estadísticas que justifiquen serias políticas de Estado.

Un adolescente de 15 años, no más, apenas asoma la cabeza desde dentro de un contenedor y selecciona, para su "socio mayor", lo que para él no es basura. La selección se la llevan en un carro, entre autos y colectivos, y son la causa de la queja de conductores apurados y de vecinos molestos a quienes les ensucian la vereda. No sólo embarran la postal urbana, también ensucian las estadísticas oscuras y desactualizadas sobre el trabajo infantil en la Argentina. Los últimos datos obtenidos a partir de la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (Eanna), por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec) en 2004, nos informan que el 6,5% de los niños de 5 a 13 años trabajó en la semana de referencia en actividades equivalentes al trabajo adulto, y en el grupo de adolescentes de 14 a 17 años trabajó el 20,1%.

Si bien en 2008 se aprobó la ley 26.390, de prohibición del trabajo infantil y protección del trabajo adolescente, los avances en esta área quedaron circunscriptos al terreno de lo legal. Los resultados no cambiaron significativamente y las estadísticas relacionadas con la pobreza son preocupantes.

Las últimas investigaciones privadas realizadas por el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia del Programa del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA indican que tras diez años de crecimiento económico sostenido, acompañado de un incremento del empleo en un marco de derechos, aún persisten adultos que se insertan precariamente en el mercado laboral y son acompañados por otros miembros del hogar que transitan la niñez y la adolescencia.

Mientras saltan, lo cantan miles de jóvenes junto al cantante de Ataque 77: "Mi esposa va tirando del carro conmigo, juntos a la par. Y como no hay un peso para mandar a los chicos a estudiar, también los llevamos a cartonear. Si no, ¿con quién los vamos a dejar?". Quizás no sepan que están gritando una dolorosa realidad. El trabajo aleja a esos niños del mejor y más efectivo recurso para la erradicación de la pobreza y del trabajo infantil: la escuela.

Según Waisgrais, especialista en Monitoreo y Evaluación de Unicef Argentina sobre el estado de situación del sector privado en el país en relación con la infancia, es once veces más probable que una persona caiga en la pobreza cuando el jefe del hogar no terminó la escuela primaria. En este sentido, no alcanza con prohibir el trabajo infantil si no hay una defensa y promoción de derechos fundamentales como lo son los enunciados en la Convención sobre los Derechos del Niño, comenzando por el derecho a la educación, que los Estados deben garantizar. Entre otros, la igualdad de oportunidades, el derecho a la salud y al desarrollo, a vivir en familia, al juego y al esparcimiento también deben ser cuidados y promovidos para una efectiva transformación social.

La Asociación Conciencia, comprometida con esta transformación, lleva adelante programas con niños centrados en el fortalecimiento de los vínculos familiares y apoyo a la escolaridad, a través de talleres de formación y recreativos. Asimismo, también realiza actividades de reflexión para la desnaturalización del trabajo infantil y de capacitación en oficios que promuevan mejores oportunidades de empleabilidad entre los adultos. Queremos que los niños "trabajen" de niños: jueguen, estudien, crezcan sanos, se desarrollen en espacios saludables. La cultura democrática y una sociedad justa se construyen cuando las relaciones sociales son sanas desde la más temprana edad, porque los niños y niñas tienen el potencial de multiplicar los efectos de la formación recibida.

Termina la canción: "Al delito yo lo esquivo, inventando trabajo en donde no hay. Y encima de rebote soy la alternativa ecológica. Reciclando lo que todos tiran, los desechos de la sociedad".

El sector público, el sector privado y las organizaciones civiles tienen, aunque en distinta escala, una responsabilidad compartida a la hora de velar por la erradicación del trabajo infantil y de crear fuentes de trabajo genuinas y promover condiciones de trabajo dignas para los adultos. El fundamento es ético, como lo son sus consecuencias.

Presidenta de la Asociación Conciencia

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