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Silencios de familia, una propuesta atractiva que promete más

La nueva serie de Pol-ka, con Adrián Suar, Julieta Díaz y Florencia Bertotti, debutó en El Trece con un episodio divertido, en el que sorprendieron especialmente los desenvueltos actores que componen a los hijos del matrimonio central

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LA NACION
Lunes 13 de junio de 2016 • 12:14
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Con un rating -14,4 puntos de promedio- que la convirtió en lo más visto del domingo, empezó Silencios de familia en El Trece. La comedia en la que Adrián Suar y Julieta Díaz interpretan a un matrimonio, Miguel y Elisa, con 20 años de casados y tres hijos adolescentes, Lara (Eugenia Aguilar), Tobi (Lucas García) y Mía (Agustina Cabo). El primer episodio tuvo una sucesión de situaciones interesantes que lo hicieron atractivo y divertido. El ritmo de vida, un tanto caótico, de una familia con varios integrantes y en la que el padre tiene su consultorio de dentista y la madre una pequeña empresa gastronómica en la casa donde viven apareció bien retratado mediante enredos graciosos y originales.

En medio de estos personajes también hizo su presentación Fabiana (Florencia Bertotti). Esta es una paciente de Miguel que llega a atenderse cuando él no está y a la que Elisa confunde con una postulante para el puesto de ayudante que busca para su empresa culinaria. Finalmente Fabiana se convertirá en paciente de Miguel, a quien le moverá el piso sentimentalmente, y aceptará el puesto que le ofrece Elisa dado que necesita trabajar.

Adrián Suar y Florencia Bertotti, el dentista casado y la paciente que le mueve el piso sentimentalmente.
Adrián Suar y Florencia Bertotti, el dentista casado y la paciente que le mueve el piso sentimentalmente..

De acuerdo a lo que se vio, el conflicto principal -la posible ruptura de la pareja de Miguel y Elisa debido al desgaste por los años de matrimonio y la aparición de una tercera en discordia- parece menos atractivo que los que pueden aparecer en el ámbito de los tres adolescentes. Cada uno de ellos muestra personajes muy ricos: la firme decisión de Lara de independizarse de sus padres; Tobi, con una serie de prácticas que aparecen con una ambigüedad sumamente intrigante y Mía como una observadora detallista capaz de sacar la ficha de todo lo que pasa en su casa y exponerlo sin la menor vacilación en su carácter. Sorprendentemente, un ambiente muy lejano al de una familia que no verbaliza sus conflictos, según lo que adelantaba la "venta" del programa.

Las actuaciones resultan impecables, con muy buenas sorpresas en la labor de los chicos y la desenvoltura esperada en los protagónicos y en el resto de los integrantes del elenco. Lo mismo la realización de todos los rubros técnicos, que no solo acompañan el trabajo de los actores sino que además realzan la narración en su despliegue. En general, la promesa de una propuesta de la que faltan ver otros recursos probablemente también atractivos que aún no aparecieron.

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