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El arte como narración

Sobre Ardillas de Pavlov, de Laura Erber

Domingo 19 de junio de 2016 • 00:01
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PARA LA NACION
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Había una vez un artista contemporáneo": así comenzaría la historia de Ciprian Momolescu contada por una voz femenina que, ante la decisión del protagonista de Ardillas de Pavlov de relatar su historia en primera persona, lo interpela: "¿Qué elegirías, una historia del arte contada como una vida o un futuro en el que no estuvieras muerto?". Probablemente la primera opción sea el hilo que urde la ficción de origen de Ciprian y las peripecias en sus residencias artísticas europeas. El texto combina imágenes y escritura en una relación impredecible. Las fotos no son ilustrativas; acompañan y añaden un mensaje suplementario que cada lector podrá imaginar según su deseo. Con impostada pretensión documental, esas imágenes están ahí como un gesto estético, son parte de una historia que construye su sentido progresivamente.

Ciprian es un artista rumano que se dedica a intervenir colecciones y bibliotecas. A fines de los años ochenta, y tras una complicada vida familiar en su país natal (que incluyó un abuelo alcohólico y un padre que participó del movimiento surrealista y pasó doce años en la cárcel), el muchacho decidió salir de Bucarest y del régimen comunista a cualquier precio. Aplicó ininterrumpidamente al sistema de becas que terminó por llevarlo a distintas ciudades y a convivir con artistas de diferentes partes del mundo entre quienes se mezclan hippies decadentes, jóvenes esnobs y aprendices estrambóticos. La residencia más prolongada, donde el relato se detiene detalladamente, es en Copenhague. Allí, en la Fundación Das Beckwerk, Ciprian conoce a Luda -una relación pasajera- y la experiencia compartida con el grupo revela la labilidad del límite entre la tarea del artista y la banalidad del gesto de quien dice serlo. Afirmaciones tajantes ("un artista es siempre alguien muy parecido a un sujeto que busca parecer interesado en la conversación pero en el fondo se pregunta si habrá dejado el gas abierto antes de salir") o consideraciones lúcidas sobre la relación con el mercado alcanzan su punto más crítico en la propuesta de la especialista Ulrikka Pavlov, que incita a abandonar el sistema (conferencias, cenas, amistades con críticos y periodistas) y la identidad artística para poder desarrollar plenamente una obra que atienda las necesidades poéticas, políticas y estéticas de su tiempo.

Con inteligencia y humor, Laura Erber (Brasil, 1979) intercala algunas historias pequeñas y deliciosas. Poeta y artista, debuta como narradora en esta novela que se nutre de su experiencia como becaria y que se muestra tan crítica como heterodoxa.

ARDILLAS DE PAVLOV

Por Laura Erber

Adriana Hidalgo

170 páginas

Trad.: Julia Tomasini

$ 218

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