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Valerie Steele: “La moda es una manifestación del arte”

Valerie Steele, directora y curadora en jefe del FIT de Nueva York y sostiene que hay mucho para documentar de la moda

Jueves 23 de junio de 2016 • 15:53
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LA NACION
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NUEVA YORK

Es documentalista y curadora en jefe del Museo del Fashion Institute of Technology (FIT), estratégicamente ubicado en el Garment District de Manhattan, que cuenta con más de 50.000 items de vestuario que datan del siglo XVIII hasta la actualidad, y una universidad con más de 10.000 alumnos. Valerie Steele hizo del FIT un lugar de moda, con más de 20 exhibiciones: Shoe Obsession (2013), Gothic: Dark Glamour (2008); Love&War: The Weaponized Woman (2006); London Fashion (2002), y The Corset (2000), entre otras. Allí también presentó junto a Daphne Guinness, (heredera cervecera, y amiga de Alexander Mc Queen) una de sus favoritas sobre el vestuario de la socialité bretona. Autora de numerosos libros, Fetish: Fashion, Sex & Power, Shoe Obsession y Paris –que actualizará este año– es incansable a la hora de bucear entre las diferentes temáticas que se interrelacionan con el fashion, para profundizar desde la sociedad y su origen. En impecable total black por Rick Owens, uno de sus diseñadores preferidos, compartió sus opiniones sobre la moda y el arte. Anticipa que pronto visitará en Argentina, ya que prometió una masterclass en un museo porteño.

–La moda tiene un lugar en los museos. ¿Qué significa ser curadora de moda?

–Una curadora de moda trabaja para generar una colección propia y llevar adelante un equipo para conservarla y documentarla. Así, organiza exhibiciones y realiza los catálogos y libros de cada muestra. Se trata de aportar información, a través de diferentes muestras, para que puedan educar e inspirar a diferentes públicos.

–¿Cómo comenzaste?

–Cuando me gradué en Historia de la Cultura Moderna Europea, en la Universidad de Yale, me di cuenta de que la moda era parte de la cultura y que no había demasiada documentación al respecto. Al contrario, sólo encontraba libros anecdóticos, o focalizados en temas técnicos. Por eso, me pareció un desafío emprender el camino de la investigación sobre la historia de la moda, aunque resultara raro. Comencé enseñando. Más tarde me sumé al staff del FIT, donde mis alumnos eran curadores o conservadores. Diez años más tarde, llegué a ser jefa de curadores. A partir de ahí, puedo aplicar el conocimiento y la investigación que siempre me interesaron, para volcarla en escribir libros y realizar exhibiciones. Al principio, sola armaba cinco muestras al año. Ahora cuento con un equipo, con Patricia Mears como directora adjunta, y me dedico a preparar una sola exhibición al año.

–¿Qué tenés previsto para este año?

–En septiembre lanzaremos Proust muse, The Comtesse Greffulhe, muestra que destacará el vestuario de Elizabeth de Caraman-Chimay (1860-1950), una fashionista, pionera en recaudar fondos para diferentes causas, tanto sociales, políticas o culturales. La idea surgió de una conversación con Oliver Saillard, el curador del museo de la moda Palais Galliera de París. Él me comentó sobre el vestuario de Madame Greffulhe, e inmediatamente nos pusimos a trabajar juntos en el proyecto. El desafío será introducirla desde aquí, Nueva York. En París acaba de finalizar bajo el nombre de La mode retrouvée.

–¿Y para 2017?

–La siguiente exhibición, Paris Refashioned, 1957 to 1968, será curada por Colleen Hill, que también dirigió Fairy Tale Fashion en la sala principal del FIT. Elegimos esa década, porque curiosamente no hay registros de cómo el prêt-à-porter fue tomando protagonismo por sobre la alta costura.

–¿Algún diseñador que te hubiera gustado destacar en una muestra?

–Me hubiera encantado homenajear a Alexander McQueen, en vida. Traté de persuadirlo a través de Daphne Guinness, para hacer una exposición juntos, pero él consideró que no era el momento, que era muy pronto. Y luego fue tarde.

–¿Cuál fue su legado?

–Alexander McQueen fue un gran diseñador. Le aportó a la moda una cruda sinceridad que hizo que su trabajo fuera lo más cercano al arte.

–¿Cuándo la moda se considera arte?

–Históricamente, la literatura, la pintura y la música clásica eran consideradas arte, por todos. Pero desde que surgieron nuevas formas de expresión como la fotografía, el cine y el jazz, los museos empezaron a ofrecer exhibiciones de fotografía. Creo que la moda va hacia ese camino: a ser considerada como una manifestación del arte. Aunque la decisión es colectiva. Presentar la moda en un museo colabora para que sea elevada como tal. Para mí, algunos vestidos o ensambles que se ven en pasarela podrían ser considerados arte, pero claro, pertenezco al medio.

–¿Qué conocés de la moda latinoamericana?

–A pesar de que conozco bastante poco, estuve intentando viajar más para conocer a diseñadores. Históricamente, los latinos importaban tendencias desde Europa. En los últimos años, surgieron algunos nombres desde la región, para los que representa un desafío brillar internacionalmente porque las plataformas de moda siguen siendo Nueva York, París, Milán y Londres, y esto hace que sea muy complicado y caro presentarse en ellas. Además, primero habría que construir la marca en el país de origen, para luego conquistar al público internacional.

–Se intenta aproximar las semanas de la moda al momento de producción.¿Cómo ves el sistema de la moda?

–Justo estoy escribiendo una conferencia sobre el futuro de la moda. Últimamente se generó una polémica que cuestiona el sistema. Existe una división entre los cambios que proponen NY y Londres, a diferencia de París y Milán, que prefieren quedarse con la dinámica actual. Es un momento interesante, porque no hay acuerdo en lo que debería hacerse. No creo que algo cambie si se modifican las fechas de los desfiles. Si el problema es que hay pocas ventas, es porque existe una oferta sobredimensionada. Además, presentar en la misma temporada sería complicado para calcular la producción, muy riesgoso para las marcas. Por eso, la alta costura lleva otros tiempos.

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