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Marc Reichardt: "La Argentina es clave en nuestra intención de adquirir Monsanto"

Para el director global de Operaciones Comerciales y miembro del comité ejecutivo de Bayer Crop Science hay buenas perspectivas para el agro, y destaca la importancia que la propiedad intelectual tiene en el desarrollo de nueva tecnología

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LA NACION
Domingo 26 de junio de 2016
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Dar de comer a 10.000 millones de personas en las próximas décadas es un desafío, pero también un negocio que las empresas vinculadas al agro no se quieren perder. Y con esa meta en mente son muchas las que ya calientan motores con estrategias que las pongan en la senda correcta. Tal es el caso de Bayer, que cuenta con la división Crop Science de insumos agrícolas, pero quiere ir más allá: hizo una oferta de US$ 62.000 millones para quedarse con las operaciones de Monsanto. De darse cambiaría el mapa global de la agricultura, que ya vivía una tendencia hacia la consolidación, sobre todo tras la fusión de Dow Chemical y Dupont, y la compra de la suiza Syngenta por parte de la firma ChemChina por US$ 43.000 millones.

"La Argentina es un país clave en nuestra intención de adquirir Monsanto", disparó Marc Reichardt, director global de Operaciones Comerciales y miembro del comité ejecutivo de la división Crop Science de Bayer, responsable del 22% de la facturación total del grupo, que el último año fue de 46.324 millones de euros. En la región Cono Sur (que incluye a la Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia), Bayer obtuvo ventas por 732 millones de euros, de los cuales 388 millones provinieron del área Crop Science.

En diálogo con LA NACION, el ejecutivo habló también de las perspectivas del agro a nivel local y global, el futuro de las commodities y el efecto Brasil en la región. Y advirtió: "Hay que tener una discusión abierta sobre la importancia que la propiedad intelectual tiene en el desarrollo de los países si quieren tener la última tecnología".

–¿En qué parte del proceso está la adquisición de Monsanto?

–Hicimos una oferta y vamos a ver cómo evoluciona. No podemos especular. Estamos en un proceso de ver cómo nos podemos acercar.

–¿Cómo impactaría la compra en la Argentina?

–La Argentina es un país clave en nuestra intención de adquirir Monsanto; la presencia de esa empresa aquí es importante. Y desde el punto de vista estratégico está en nuestros planes apuntar a una empresa que sea fuerte en los cultivos que van a ser vitales para las próximas décadas, como soja y maíz.

–En los últimos años, la empresa creció con adquisiciones. ¿Van a seguir por ese camino?

–Sí, tomamos una decisión estratégica en el terreno de las semillas. Hace unos años que queríamos tener una presencia fuerte ahí e hicimos diferentes adquisiciones en Brasil y la Argentina [como FN Semillas, en 2013]. Esa estrategia continúa. Lo tenemos muy claro. Si la compra de Monsanto llega a buen puerto será una confirmación de llegar a esa estrategia de una manera más rápida.

–ChemChina compró Syngenta y Dow se fusionó con Dupont. ¿El sector tiende a la consolidación?

–Tenemos una misión bastante clara de alimentar a una población de unos 10.000 millones de habitantes en las próximas décadas. Y si no aumentamos la productividad en el campo, vamos a tener un problema. Nos movemos con ese razonamiento y cómo podemos contribuir a solucionarlo con innovación tecnológica.

–Pero también hay una visión de negocio…

–Sin duda. Pero no estamos preocupados; en un hipotético caso que no saliera la operación [con Monsanto], no pasa nada. Tenemos una estrategia muy firme, productos muy buenos y un pipeline prometedor. El tema sería más en el lado de las semillas.

–¿De no darse mirarían otra empresa?

–Siempre estamos analizando qué posibilidades hay, pero se tiene que adecuar a nuestra estrategia. Continuaríamos mirando en el área de soja y trigo, pero no estamos detrás de cualquier empresa.

–Una de las primeras medidas del actual gobierno fue para el sector agropecuario. ¿Cómo cambió el clima de negocios en la Argentina con el fin de las retenciones?

–Fue pasar de la noche al día. Fue interesante ver cómo de una casi depresión se pasó a ver las posibilidades que la agricultura históricamente brindó a la Argentina. Lástima las siete millones de hectáreas que terminaron bajo el agua, que no ayuda. Pero así es el mundo agrícola, sabemos que están estos vaivenes. Pero no hay mal que por bien no venga: el precio de la soja está subiendo.

–¿Qué perspectivas ve para el sector?

–Muy buenas. El agro está ávido de tecnología y quiere desarrollar más su productividad. Con un gobierno que contribuya a crear un marco óptimo para que se den estas condiciones, creo que no hay nada que pueda salir mal…, salvo el clima. Las bajas en las retenciones ayudaron mucho y se nota en el ánimo del productor. La discusión ahora está centrada en el futuro, cómo hacer más y mejor.

–¿Qué planes de inversión tiene la empresa para el país?

–El año pasado aprobamos una inversión de US$ 10 millones para expandir nuestras capacidades de producción en Zárate [planta de agroquímicos] que está siendo implementada. Es para abastecer el mercado argentino y para tener poder de reacción para exportar a otros mercados. Estamos aumentando la producción en dos millones de litros más y va a estar dedicada a herbicidas, que es la mayor problemática que tienen los productores en la Argentina.

–¿Planean crecer en exportaciones?

–Brasil es el principal mercado y necesitamos que esté bien para que vuelva a demandar. Hoy está más frío. No es un momento para pensar en aumentar exportaciones cuando tenemos todavía stocks remanentes de la campaña pasada. Se revierte fácilmente en ciclos positivos.

–En 2015, las cinco principales empresas de agroquímicos perdieron en conjunto US$ 450 millones. ¿A qué se debió?

–Fue un año complicado a nivel global, con caída en el precio de las commodities. El productor es muy sensible a esos movimientos y enseguida adecua su área de producción y su inversión. Hay años con mayor o menor volatilidad. No es algo que nos preocupe. Cuando la situación es más favorable, el productor –sobre todo en la Argentina– reacciona rápido con inversión en tecnología y en área.

–¿Cómo cerrará el año?

–Siempre hay una parte especulativa, pero creo que puede ser muy interesante. Obviamente es de transición, con caída de retenciones y precios internacionales que están con una tendencia al alza. Están especulando un poco con la seca que podría haber este verano en Estados Unidos, que afectaría al llenado de grano de la soja, cayendo la producción. Si eso se diera llegaríamos a la campaña argentina con un precio muy interesante, lo cual dispararía las ganas del productor de plantar. Veo un año de crecimiento. Podríamos estar frente a un ciclo muy positivo de la agricultura en la Argentina.

–¿El país está competitivo?

–Con un precio de soja superior a US$ 11 el bushel en Chicago [unos US$ 400 la tonelada] y el maíz superior a US$ 4 [157 US$/tn] debería ser muy interesante para el productor argentino.

–¿Qué le falta a la Argentina versus el resto del mundo, tecnología, inversión?

–Hay que tener una discusión abierta sobre la importancia que la propiedad intelectual tiene en el desarrollo de los países si quieren tener la última tecnología. ¿Cómo va a afectar eso a la agricultura? ¿En qué mercados nos vamos enfocar? Evidentemente te enfocás en mercados que te den un marco jurídico en el que estés confortable y donde tengas la seguridad de vender y recuperar la inversión hecha en los últimos años. Tiene que ver con respetar el marco jurídico establecido y las patentes.

–¿Cree que en la Argentina no hay suficiente marco jurídico o no se respetan las patentes?

–Simplemente creo que es un tema que hay que vigilar si queremos seguir en ese camino, queremos tener leyes que realmente protejan la propiedad intelectual.

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