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Re-Encantar la escuela

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PARA LA NACION
Lunes 27 de junio de 2016 • 09:47
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Decimos que la escuela está en crisis, que han perdido vigencia los contenidos de los programas escolares en relación al avance de la tecnología y al avance del mundo en general.

Esta manera de pensar no nos lleva a ningún lado. No nos deja ver la crisis terminal de la escuela.

La escuela tal como la conocimos en el siglo pasado necesita reconstruir sus sentidos.

La escuela intenta -frecuentemente sin suerte- dar respuestas locales a un conjunto de problemas de carácter global.

¿Qué sucede con la autoridad de la escuela cuando dice que el estudio es vital para el progreso y la libertad y sin embargo, sabemos que hoy el estudio no garantiza el trabajo? ¿No puede ser esta la razón por la cual la autoridad de directivos y maestros declina?¿Cómo se construye subjetividad disciplinaria?

¿En nombre de qué educamos entonces si ese progreso a través de la educación no operará en la realidad de nuestros alumnos?

Lo único que tenemos asegurado por delante es un mundo de incertidumbre social y ambiental, y una realidad cada vez más violenta a raíz de un mundo cada vez más inequitativo. Entonces, frente a ese futuro "re-encantemos" el espacio de nuestras aulas asegurando un presente de encuentro, bienestar y creatividad humana en ellas que las dote de sentido en el aquí y ahora de la escuela. ¿Cómo?

¿Qué podemos ofrecer si no somos portavoces del proyecto de progreso social global? Hay un proyecto y proceso social posible en nuestras manos, dentro del "convivio" que cada aula supone y trabajar sobre eso es potencialmente muy transformador.

Desde ese punto de vista toda escuela es un espacio público: se encuentran jóvenes, adultos, familias, Estado y otros actores sociales del territorio donde la escuela existe.

Recuperemos la capacidad de generar condiciones de encuentro entre esos adultos y jóvenes y entre jóvenes y otros jóvenes y entre esos actores institucionales y no institucionales involucrados. Elijamos hacer verdad cada día los mandatos Delors de la Educación acordados en la Unesco: aprender a ser, aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a convivir.

¿Habremos con esto asegurado condiciones de bienestar futuro para todos? No lo sabemos, pero seguro habremos generado condiciones de posibilidad para ello.

Y sobretodo motivemos a nuestros alumnos asegurando un bienestar presente en el aquí y ahora de sus vidas. Hay que inventar otro modo de construir y distribuir el conocimiento apropiado para esta sociedad.

El Programa Arte, Bienestar y Creatividad en la comunidad (ABC) que Crear vale la pena desarrolló 4 años en 20 escuelas públicas de la ciudad de Buenos Aires con el Ministerio de Educación de CABA instaló este tipo de experiencias.

¿Cuál es la innovación? Se busca transformar la práctica docente desde esta lógica sinérgica: la motivación genera curiosidad, esta fortalece la creatividad y la capacidad entonces de innovar, que vuelve entonces a generar motivación por más conocimiento e interacción con otros. ¡La pasión de descubrir, aprender y crear juntos! La estrategia es simple: se trata de poner uno o dos artistas por escuela a trabajar con todos los docentes y materias en la facilitación del medio para el aprendizaje y en la mejora de la convivencia.

En el descubrimiento de la creatividad propia y colectiva se redescubre el sentido de construir saberes y prácticas que permiten generar las bases de un nuevo pacto educativo. Este re-descubrimiento de las fuerzas en el aula lleva también a redescubrir la potencia educativa del trabajo de la escuela con la comunidad.

¿Qué vínculo fértil puede haber entre escuela y mundo callejero? ¿Puede la escuela nutrirse de las dinámicas barriales? ¿Puede a la vez ser un punto de mira e influencia potente para pensar la vida de los jóvenes en su continuo calle-casa-escuela-cyber-gimnasio-boliche-etcétera? ¿Cómo es una escuela que incluye -como cuestión que le atañe- la realidad de la calle y el barrio?

Si podemos generar espacios enriquecidos y con sentidos compartidos en el aula, lo mediático y tecnológico competirán menos con lo presencial y todos apagarán los aparatos por un rato creativo con otros en un aula u otro entorno educativo cualquiera.

¡Re-encantemos la escuela a través de la creatividad y la experiencia sensible!

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