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México 86: ¿Por qué Guardiola nunca mencionó a Bilardo?

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LA NACION
Jueves 30 de junio de 2016 • 08:07
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Cada entrenador tiene sus gustos, y está muy bien si Josep Guardiola ha tomado como ejemplos a Johan Cruyff, a Holanda de 1974, el Milan de Arrigo Sacchi, los conceptos de César Luis Menotti y Fabio Capello (aún con contraposiciones), la búsqueda de superioridad numérica en el centro del campo, el perfeccionismo de Marcelo Bielsa, la lucidez analítica de Juan Manuel Lillo, cómo salían jugando los equipos de Ricardo La Volpe. Como lo hizo repetidas veces, reconoce que tomó ideas de todos. En ese sentido, está claro que Pep es uno de los mejores entrenadores de todos los tiempos y refundó el fútbol, en realidad una manera de jugar al fútbol, con lo que hizo con su Barcelona y el de Messi. Dejó una huella innegable, fabulosa.

Ahora bien. Cuando estuvo en la Argentina, mencionó a las influencias de arriba, y también a el DT de Voleibol Julio Velasco, quien le enseñó -en relación al manejo de los grupos- aquello de que "no todas las teclas hay que pulsarlas de la misma forma". En aquél Gran Rex del 2 de mayo de 2013, Guardiola agregó: "El fútbol argentino le debe mucho a Menotti y Bielsa. Hay que recurrir a quienes nos transmiten cosas, nos regalan su sabiduría. Las ideas son de todos. Y yo, todo lo que sé, lo he robado".

Hoy, tres años después y luego de desclasificarse los DVD de todos los partidos de la Argentina en el Mundial de México 86, no se entiende por qué nunca Guardiola hizo mención a ese equipo.

"De todos aprendí. Mientras iba creciendo, decía 'Esto me gusta'. Y me fui a Italia, me fui a México, me fui a Qatar, bueno, a Qatar... Allí mejoré el sueño. Aprendí de todos. Pero robé. Si quieren robar de mí, roben. Hice el mix y de allí mi conformación de lugar: yo soy entrenador por el juego como el futbolista se hace futbolista por patear una pelota". Mi formación como DT tiene que ver en cómo me formé como jugador en Barcelona. ¿Cómo fue? Escuchando. Desde los 14 o 15 años que escucho que los delanteros tienen que ser los mejores defensores y que los defensores tienen que ser los mejores atacantes. Que se sale jugando, que no se saltean líneas, que el portero se la pasa al defensor, que el defensor busca a un mediocampista; que el mediocampista interior busca a un delantero; escucho que la pelota debe pasar por el centro y que ahí siempre debe haber un futbolista más nuestro para ejercer superioridad y tocar con movilidad", comentó Guardiola en Buenos Aires.

También en la Argentina, Guardiola explicó qué lo llevó a convertir a Lionel Messi en "falso 9". En el libro Herr Pep, de Martí Perarnau, se destaca que tomó enseñanzas de Michael Laudrup, su compañero en el Dream Team que entrenaba Cruyff. Se señala que luego Guardiola le siguió la progresión al "falso 9" con Pedernera, Hidelgkuti, Palotás, Di Stéfano, Laudrup, Totti. pero no hace referencia ni a Valdano, ni Burruchaga, ni Maradona, los tres "falsos 9" que tuvo Bilardo en México.

De toda su etapa en Barcelona, Guardiola elige por sobre todos un partido: la final del Mundial de Clubes 2011 ganada a Santos de Neymar, 4-0, en Japón. "El partido contra Chelsea (por la Champions League de 2012) fue fabuloso, pero creo que jugamos mejor en la final con Santos. Aquél fue el pico máximo", reconoce Pep. ¿Por qué? Ese 18 de diciembre, en Yokohama, Barcelona formó 3-7-0, como se observa en una de los gráficos. Para Guardiola significó el triunfo del fútbol total. David Villa estaba lesionado, Pedro fue suplente. Y formó así, con Victor Valdes, Puyol, Piqué y Abidal; y después. Dani Alves fue carrilero y wing derecho; Busquets se paró por delante de los centrales y fue el primer pase para romper líneas; Xavi, Iniesta y Messi se hacían cargo de los carriles centrales cruzándose constantemente y pisando el área; Thiago ocupó la banda izquierda y Fabregas comenzaba detrás de Messi y terminaba como "falso 9".

Argentina, en México, encontró el equipo ideal también con un sistema 3-7-0, con Pumpido; Brown; Ruggeri y Cuciuffo; y después. Enrique, Batista, Giusti, Burruchaga, Olarticoechea, Maradona y Valdano; todos rotando sin posiciones fijas, a tal punto que hubo partidos en donde jugó con ocho mediocampistas derechos distintos para salir airoso con la posesión.

Hay otras frases que Guardiola dijo en 2013 y que ese equipo de Bilardo hacía a la perfección: "El tema está en animarse. De pequeño me enseñaron que si tengo 3 vs. 2 en la zona media del campo tengo más posibilidades de atacar mejor", también esta: "Al área rival se llega y en tu área hay que estar". Otra frase de Pep en suelo argentino: "Es algo que aprendí de Bielsa: fallar, fallamos todos, pero esforzarse para recuperar, también lo tienen que hacer todos". En esa selección argentina de México, todos pasaban la línea de la pelota para recuperar, todos eran futbolistas técnicamente dotados, pero todos jugaban por encima de sus individualidades: para el equipo.

Además del cambio en las reglas (en 1986 sólo se podían hacer dos modificaciones, la misma línea no habilitaba para el off-side y se permitía al arquero tomar con las manos un pase hacia atrás de un compañero) y la clara diferencia de ritmos de juego e intensidades (hoy claramente se resuelve a una velocidad mayor, Batista no contaría con tantos segundos para recibir, levantar la cabeza y elegir el mejor pase), esa selección argentina respondía (conceptualmente) a los gustos de Guardiola, al 3-7-0 que (varios años después) sería tomado como "el punto máximo" ante Santos.

Al margen de lo mencionado, la selección de Bilardo utilizaba el foul táctico cuando fallaba la primera línea de presión, atacaba en forma respaldada con muchos futbolistas y dominaba varias maneras de llegar al gol. Y en ataque sí resolvían con una velocidad más cercana a la de hoy, incluso con descargas a un toque. Así como Abidal, pese a ser uno de los tres defensores, podía llegar a desbordar como wing izquierdo ante Santos, Garré u Olarticoechea también con el Doctor. De los 13 goles argentinos en México, 7 fueron de jugada colectiva (2 de ellos de cabeza), 3 de pelota parada (2 de ellos, de cabeza); dos se resolvieron con una jugada individual y el restante fue de contraataque.

Defensivamente, con diferencia de tiempos (eso sí), ambos pasaban la línea de la pelota para neutralizar al rival. Otra coincidencia entre unos y otros equipos, la precisión en las entregas, en los pases, ya sea sin saltear líneas o con cambios de frente largos. Guardiola, como Bilardo, "odian pasarse el balón por que sí, eso del tiquitaca", los dos pregonan la circulación en cada jugada con una finalidad útil, la de hacer el gol. Los dos aplicaban el concepto de "tercer hombre" para progresar, romper líneas y estudiaban al detalle a cada rival, para saber por dónde lastimarlo y por dónde cuidarse, tomar recaudos.

Oscar Cano Moreno, en su libro "Del Bayern de Munich al Bayern de Pep" cuenta en varios pasajes que Guardiola se recriminaba cuando sentía que perdía el partido por no haber incluido más centrocampistas, como ante Real Madrid, por la Champions League. A modo de ejemplo, vale esta descripción de Cano: "Valorar quiénes iban siendo libres para recibir; reconocer las circunstancias para atinar con el momento del pase; observar como los de fuera se convertían en interiores o los laterales en fijadores y penetradores, según el dictamen de la circulación del balón, y a Philipp Lahm jugando como un todo, habilitando y habilitándose permanentemente, dejaba al equipo perfectamente estructurado para recuperar el esférico con inminencia. Es como aquellas tardes en las que Barcelona conmovía tanto a sus fieles como al resto de los amantes de este deporte. Todos eran asistentes o sutiles llegadores, nadie jugaba de algo específico, únicamente jugaban al fútbol soberbiamente". Sólo cambiando a Lahm por Cuciuffo, todo lo demás es aplicable a la seleccion de México 86.

Desde lo táctico, la Argentina jugó con varios sistemas: vs. Corea del Sur e Italia utilizó el 3-6-1; ante Bulgaria arrancó 4-6-0 y luego mutó al 3-7-0, estrategia que ya permaneció y repitió ante Uruguay, Inglaterra y Bélgica, para finalizar en el choque decisivo ante Alemania con un 4-6-0.

¿Hubo cosas de Barcelona que la Argentina de Bilardo no hacía? Sí, claro. Una posesión mayor al 70% (la Argentina no lo superó en ningún partido del Mundial, apenas llegó a los 58,6% ante Bulgaria), el intento de recuperación en bloque ante la pérdida (la Argentina lo hacía con intentos individuales en campo rival), el parado del equipo estaba más adelantado y asumía mayores riesgos marcando mano a mano en el fondo, los centrales de Pep salen a presionar mucho más lejos.

Está claro que Bilardo también cometió errores en su carrera, como todos. Como DT y Manager de la selección, fue el contraejemplo en muchas cosas. Pero a 30 años de México 86, parece injusto que Guardiola nunca lo haya mencionado. Ni en las charla del Gran Rex (donde Bilardo compró una entrada y lo vio desde una butaca), ni en un libro. No se entiende cómo no lo destacó por su táctica 3-7-0, por la movilidad de sus intérpretes para no darles referencias fijas al adversario de turno, por la sociedad Maradona-Burruchaga (se entendían de memoria), porque casi no salteaba líneas, por el sacrificio defensivo de Valdano, por lo atento que estaban siempre Brown -sobre todo- y Ruggeri para marcar en ataque y anticipar a los delanteros ("Para un equipo que pretende ser protagonista con el balón, la gestión de los descolgados es su principal objetivo defensivo", dice Pep), por las apariciones de Ruggeri como wing derecho o de Burruchaga como "falso 9", por el inteligente Cuciuffo, siempre listo para actuar donde la jugada le pedía.

Si fuera por Guardiola jugaría con la mayor cantidad de centrocampistas posibles. Ese equipo de México 86 tenía a siete como titulares, salvo Brown, Cuciuffo y Ruggeri. Incluso, ese equipo del 86, aún con otros ritmos e intensidades, tuvo más desmarque y movilidad desde sus intérpretes que aquél Barcelona que deslumbró a Santos en 2011. Ese equipo del 86 podría haber sido dirigido por el Guardiola de hoy. Tranquilamente. Aunque eso no figure en ningún libro.

cl/jt

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