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Fernando López Bizcaino: "Un zapato hecho a medida es un lujo"

Creativo autodidacta, tiene una escuela taller, semillero de zapateros. Su pasión por el oficio, sus opiniones y hasta consejos antes de calzarnos

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PARA LA NACION
Jueves 30 de junio de 2016
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Es un referente en la enseñanza del oficio, un maestro zapatero con todas las letras. Aprendió a confeccionar zapatos hace 38 años, cuando trabajaba como obrero en una fábrica, se quedó sin trabajo y se las rebuscó como vendedor ambulante. Estudió actuación, hizo zapatos de ficción y, de a poco, la enseñanza le ganó la pulseada a la zapatería. Fernando López Bizcaino tiene una escuela en Palermo que es una de las más prolíficas en zapateros de autor.

-¿Cómo te convertiste en un maestro zapatero?

-Vengo de un lugar de trabajo. Mi padre era ferroviario, vendedor ambulante y comunista. En la secundaria repetí tercer año tres veces y me di cuenta de que la educación formal no era para mí. Tengo una formación interesante pero en lo que hago soy un buen autodidacta. Aprendí el oficio de la zapatería en una fábrica, a los 16 años, como obrero. Tuve la inquietud de querer aprender todo, no sólo la parte que me correspondía, y también me interesaron las herramientas necesarias para saber cómo se arma el negocio.

Foto: LA NACION / Diego Spivacow/AFV

-¿Cómo seguiste?

-Hice mi camino desde la necesidad. Dejé de ser obrero en la década del 90, durante la época del 1 a 1, cuando todo se importaba. El sistema me expulsó y me quedé sin trabajo. La política liberal barrió con la industria nacional del calzado, pero yo no me hice remisero, y traté de seguir en mi oficio. Justo me había separado, tenía dos hijas muy pequeñitas, vivía en un cuarto que era mi taller. Salí a vender en forma ambulante, iba con el muestrario de zapatos de mujer, de hombre y de niños, y vendía en bancos, oficinas; fue fantástico porque aprendí a tratar a la gente. Iba a hospitales, geriátricos, psiquiátricos, vendí mucho en el Borda y en el Moyano, fui el zapatero de los loqueros durante seis a siete años.

-Hoy tenés la Escuela Bizcaina.

-Además de zapatero, soy actor. Lorenzo Quinteros, actor y director de teatro, me pidió que le hiciera zapatos para su personaje del Quijote. Así empecé a hacer zapatos para ficción: investigué en la zapatería de época, hice calzado para teatro, cine, televisión, circo, flamenco, salsa, tango, también ortopedia. Hasta hice los zapatos de Padre Coraje. [risas]. Un día un amigo escenógrafo me contó que buscaban a alguien que enseñara zapatería de ficción en la escuela Saulo Benavente y empecé con cuatro alumnas. Ahí descubrí mi amor por la docencia.

-¿Y después?

-Después me llamaron de la escuela de Piazza, en la calle Echeverría, para dar una charla y empecé a dar clases ahí. Al tiempo una profesora me convocó para sumarme a la escuela Fashion & Design, y luego empecé a dar clases en Espacio Buenos Aires, en el Taller de Artes y Oficios; en el Museo del Traje, en la Universidad de Palermo. En Espacio Buenos Aires conocí a mi actual mujer, que me incentivó a poner mi propia escuela, en plena crisis de 2001; alquilé un local en Humboldt entre Cabrera y Gorriti, donde enseñaba, yo hacía zapatos y mi mujer, ropa. Dejé todos los trabajos y me quedé con la universidad.

-Hoy, ¿hacés zapatos?

-No tengo mucho tiempo, hago solamente zapatos de hombre, artesanales, en un mix de estilos clásico y contemporáneo. Muy customizado.

-¿Qué les transmitís a tus alumnos, además del oficio?

-La pasión, y eso se nota. Soy un apasionado de mi trabajo y mis alumnos, también. La zapatería es un oficio que requiere de gran tenacidad; es difícil, y hay que hacerlo con pasión. Siempre los incentivo a que investiguen, que busquen su impronta, que no sigan la tendencia. Pongo énfasis en que es complicado generar un proyecto propio, y siempre hay que hacerlo desde la necesidad. Porque resulta, y doy fe, que encarar un proyecto como si te estuvieras muriendo de hambre te lleva a concretarlo y a superar obstáculos, siempre con la mira en una creación personal. Les enseño a hacer de todo: desde el producto, el packaging, la imagen hasta el modo de tratar con los proveedores.

-Muchos de tus alumnos ya son reconocidos zapateros.

-Sí, Fabián Paz en Valdez; Johana Baxter y María del Cielo Zambón, creadoras de Hermanas Águila; Gaby Roca; Lourdes Chicco Ruíz, de Chicco Ruíz; Jessica Kessel; Silvana Barrios Pereyra, de Quiero June, Victoria Hache, Yanina Andreoli, de Carmine, y Juana Pascale, entre otros.

-¿Qué disfrutas de dar clase?

-Que la clase esté colmada, estar de aquí para allá, que explote y terminar extenuado. Es una responsabilidad entusiasta, porque me doy cuenta de que soy un referente y me gusta apasionarme y contagiar esa pasión, insisto. Es fundamental transmitir la pasión, las ganas de hacer, de superar las frustraciones, que se repiten a diario en la vida. En clase, por ejemplo, tratamos una parte del libro El elemento de Ken Robinson, que señala que descubrir nuestra pasión lo cambia todo, y es verdad. Desde chiquito hago lo que me gusta, siempre pude hacer prevalecer mis ideas.

-¿Qué tiene un buen zapato?

-Un cincuenta por ciento de mano de obra y otro cincuenta por ciento de material de buena calidad. Cuando se hace un zapato artesanal se está haciendo lujo. Es que hoy el lujo es más democrático, muchos lo alcanzan. El nuevo lujo no cuenta piedras preciosas ni tiene que ver con la suntuosidad. Hoy el lujo es un zapato hecho a medida.

-¿Cómo darse cuenta de que un zapato es bueno?

-Hay algunos detalles para tener en cuenta, sobre los que hay que estar atentos. Primero hay que ingresar la mano en el interior del calzado para observar que no existan pliegues ni clavos que podrían quedar de la construcción. Luego, ver que toda la superficie de la suela esté bien pegada. La altura del talón también es importante, porque muchas veces, si está armado muy alto, lastima el tendón de Aquiles, o si está armado muy bajo, hace que el pie se descalce. Otro punto que hay que observar es que la altura de taco o la plataforma pise en el suelo de manera correcta, apoyando el metatarso y talón. Si al calzar el zapato duele mucho, hay que saber que ningún material cede tanto: ni el cuero ni los sintéticos o textiles; debe calzar bien cómodo. Otra recomendación, en los zapatos de punta cerrada debe quedar un margen entre los dedos, y éste no debe ser de menos de 5 milímetros. Es preciso mirar que los materiales externos e internos y las suelas tengan la misma calidad porque de eso depende la vida útil del calzado.

-¿Qué opinas del cuero ecológico o del material sintético?

-El mejor material para manufacturar el calzado es el cuero. Respeto la elección de materiales alternativos para evitar la matanza de animales, pero si es por cuestiones ecológicas, hay que saber que el llamado cuero ecológico es un material derivado del plástico; resulta una estrategia de marketing más que una alternativa para cuidar el medioambiente. Además, hay que ver bien con qué material se construye el zapato, con qué vamos a caminar, porque muchos no sólo van en desmedro de la calidad del producto final, sino que dañan la anatomía de los pies.

-¿Tenés algún referente?

-Salvatore Ferragamo, el más importante del siglo XX. El décimo primer hijo de una familia campesina del sur de Italia, cuya vida cambió cuando a los 14 años le hizo un par de zapatos a su hermana. Emigró a Los Ángeles, en la década del 20, estudió anatomía y se convirtió en el zapatero de las estrellas de Holywood. Volvió a Florencia y se instaló donde hoy es el Palacio Ferragamo. Un gran creativo, que hizo zapatos entre guerras, época en que el material de zapatería se derivaba a la industria bélica, por eso se usaban bases de corcho, polímeros y cintas de papel. Un virtuoso que se las ingenió. Nosotros tenemos un poco de eso para sobrevivir en nuestras crisis.

-¿Cómo ves el mercado de la zapatería artesanal local?

-Siempre estará muy bien posicionado porque existe una muy buena mano de obra, muy buenos materiales, y el público también busca un producto diferenciado, con una impronta de diseño. Tenemos un terreno fértil para desarrollar porque los más pudientes prefieren lo artesanal y lo convierten en un lujo.

ZAPATOS BIZCAINOS

Para hombres, a medida y exclusivos. Un adelanto del invierno 2017, especial para M&B.

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