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La máquina del tiempo, según Winona Ryder

La actriz ícono de los 90 vuelve a los 80 en una serie que estará entre las principales del año. Cuando su carrera vuelve a tomar vuelo, le dice a la nacion revista que la vida como celebridad puede ser muy cruel. "Hubo momentos en los que fue abrumador"

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PARA LA NACION
Domingo 03 de julio de 2016
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Pocas personas encarnaron el ideal de la Generación X mejor que Winona Ryder. Con su pelo corto, ojos marrones enormes y piel pálida; aire de inteligencia y sensibilidad; talento y capacidad para adueñarse de los mejores y más excéntricos papeles femeninos, la actriz estadounidense fue una de las más famosas y adoradas de los 90. Pero antes de convertirse en ícono de la cultura popular, empezó su carrera, en los 80, aún adolescente y con un look que no concordaba con la belleza escultural que estaba de moda.

A treinta años de Lucas (1986), el film de David Seltzer que marcó su debut en el cine, Winona regresa a los 80 en Stranger Things, la nueva serie original y una de las apuestas fuertes de Netflix para este año. Esta creación de los mellizos Matt y Ross Duffer no sólo está ambientada en 1983, sino que también toma elementos narrativos y estéticos del cine norteamericano de esa época, desde las aventuras infantiles de Cuenta conmigo y Los Goonies hasta el terror sobrenatural de La cosa. "Fue interesante ir a una época en la que todo parecía un poco más inocente, antes de que existiera internet, con el acceso a todo, y en la que tenías que hablarle a una persona a la cara -le dice Winona a La Nación revista, desde el otro lado de la línea telefónica-. Incluso algunas pequeñas cosas, como el teléfono de disco, me ayudaron a armar mi personaje. Cuando en la serie tenía que hacer la primera llamada a mi hijo, me llevó mucho tiempo marcar el número y eso ayudó a que pudiera construir los nervios que siente esa madre." Winona interpreta en la serie a una mujer divorciada que trabaja en un autoservicio y cría sola a sus dos hijos, el menor de los cuales desaparece misteriosamente.

A pesar de la sensación de inocencia en ciertos aspectos respecto de los años 80, Ryder no olvida los conflictos que los ensombrecieron: "Yo era muy joven, pero iba a manifestaciones en contra del Apartheid -recuerda la actriz, que hoy tiene 45 años-. La era de Reagan fue muy corrupta, con el escándalo del Irangate, por ejemplo. Pero en lo que se refiere a esta historia específica de la serie, que transcurre en un pueblo chico, los 80 realmente eran una época de mayor inocencia".

Antes de que todas las chicas noventosas quisieran imitar a Lelaina, la joven desencantada y al mismo tiempo cool que ella interpretó en Reality Bites (1994, aquí titulada Generación X), Ryder había actuado en varias películas, incluyendo Beetlejuice (1988), de Tim Burton. Aquel papel (Lydia Deetz, su personaje) le valió el reconocimiento y a partir de ahí su carrera tomó envión. Aún así le costó un poco conseguir el papel de Veronica en Heathers, una verdadera joya de la comedia negra adolescente, pero cuando lo hizo quedó claro que su talento estaba preparado para enfrentar mayores retos.

"Para mí todo se dio de a poco, no fui famosa de la noche a la mañana y con mi familia vivíamos en San Francisco, nunca nos mudamos a Hollywood -continúa Winona-. Tuve una vida muy normal de adolescente a pesar de que actuaba en películas. Seguí en el colegio, tenía que mantener un buen promedio y sólo podía trabajar durante el verano. Mis padres fueron muy buenos en intentar mantenerme lo más lejos posible de todo."

Cruce generacional

Stranger Things transcurre en un pueblo sencillo que oculta algo extraño detrás de su fachada pacífica. Los amigos del chico desaparecido, obsesionados con los juegos de rol y las películas de género fantástico, saldrán a buscarlo y se encontrarán con una presencia misteriosa. Mientras tanto, un grupo comandado por el Dr. Martin Brenner, encarnado por otra estrella de los 90, Matthew Modine, llega al pueblo y se mueve en las sombras para contener lo que está sucediendo. En la serie, que se estrenará el 15 de este mes, conviven el drama, el humor y la aventura, pero sobre todo la ciencia ficción y lo fantástico, que fueron tan populares en los 80. "Es un género en el que nunca había trabajado -continúa-. Cuando vas creciendo, como actriz querés hacer cosas que sean diferentes de lo que hiciste antes. Este rol me dio la oportunidad de interpretar a alguien de mi propia edad. En los últimos dos años tuve papeles así, pero durante mucho tiempo fue muy difícil para mí en este sentido porque la gente, en general, me asocia con mis trabajos de cuando era más joven. Además, me interesó la influencia de películas sobre madres solteras, como Alicia ya no vive aquí. No es que me compare con Ellen Burstyn [protagonista del film de Martin Scorsese] ni nada por el estilo, pero esto es algo nuevo para mí, especialmente porque mis padres todavía están juntos, así que no tuve esa experiencia".

Winona dice que también le atrajo la idea de trabajar con David Harbour (The Newsroom), de quien se declara fanática y que interpreta al sheriff del pueblo, un hombre con pasado triste y un presente abandonado a la mediocridad. La actriz explica que además le encantó compartir el set con los chicos y darse cuenta de las diferencias generacionales. "Es gracioso intentar explicarle a gente más joven cómo era todo antes. Los chicos que actúan en la serie no entendían cómo es que el teléfono no tenía botones y esas cosas. No me puedo imaginar ser joven hoy. Me siento muy afortunada de haber crecido sin ciertas cosas que existen ahora", cuenta Winona, quien se niega a rendirse frente al poder de las redes sociales y confiesa que casi no usa internet.

Parece que todo el tiempo que se ahorra al no estar conectada lo dedica a sus otros intereses, que van más allá del trabajo. "Me encanta leer y amo las librerías", dice la actriz, que creció en un hogar de intelectuales y le debe su nombre a una ciudad cercana al lugar en el que nació. Sus padres, que trabajaban en el ámbito editorial y también en el audiovisual, eran amigos de varios escritores, incluidos algunos de la generación Beat, como Allen Ginsberg y Lawrence Ferlinghetti. Este último hacía de niñero de la actriz cuando era chiquita y la llevaba a su famosa librería de San Franciso, City Lights, un lugar muy importante en su vida y que aún frecuenta.

Los libros no eran la única pasión de la pequeña Ryder; el cine la fascinaba hasta un punto casi obsesivo. "Cuando era chica quería vivir en una sala de cine -recuerda, riéndose-. Soñaba con poner una cama, una bañadera, una biblioteca y vivir ahí. Amo mucho al cine, pero agradezco poder ser fanática y participar en él sin ser alguien que está tan inmerso en eso que no puede disfrutarlo de verdad."

Ya en los 90, el colegio había quedado atrás y Ryder entró en la adultez pudiendo dedicarse de lleno a la actuación. Su filmografía de la época es de una calidad y diversidad impresionantes: Sirenas, en la que trabajó junto con Cher; El joven manos de tijeras, que coprotagonizó junto con Johnny Depp, con quien formó una de las parejas más famosas de la época; Una noche en la Tierra, de Jim Jarmusch; Drácula, de Francis Ford Coppola; La edad de la inocencia, de Martin Scorsese; Mujercitas; Las brujas de Salem; Alien resurrección, e Inocencia interrumpida, entre otras. Aunque se puede pensar que hay otros trabajos de la actriz que son mejores o más impactantes, su protagónico en Generación X (dirigida por Ben Stiller, quien también actuaba) la consagró como ícono de la época. Las revistas y los fans seguían de cerca sus looks y sus relaciones amorosas, con famosos como Depp y Matt Damon entre otros.

"Es imposible para mí pensar que soy un ícono de los 90 -dice-. Me parece curioso que la gente ahora esté tan interesada en esa década. Creo que es algo que pasa cada cierta cantidad de años. Cuando era chica me encantaba la música de los 60 y mis padres revoleaban los ojos. Es algo que suele suceder con la cultura. Mucha gente me pregunta sobre el tema y me asocian con esa década porque trabajé mucho durante esos años. La verdad es que tuve mucha suerte de ser parte de películas geniales con gente increíble y de estar expuesta a todo ese talento. Siento que no es por mí, sino que tuve la bendición de que personas brillantes, como Jim Jarmusch, Martin Scorsese y otros directores, me permitieran ser parte de sus películas. Estoy muy agradecida y es una experiencia que te obliga a ser humilde."

Liberen a Winona

Alguna vez Winona dijo que la fama aísla, pero al mirar en retrospectiva, piensa que transitarla no le resultó tan problemático. "Siento que nunca experimenté el nivel de fama que tuvieron otros -explica la actriz-. Nunca tuve un guardaespaldas, ni un séquito que fuera a todos lados conmigo. Hubo momentos en los que fue abrumador para mí porque soy por naturaleza una persona muy reservada. Crecí en una época en la que lo que importaba era que actuaras en películas buenas. Tal vez suene muy ingenuo, pero a mis amigos del ambiente del cine no les importaba la taquilla, para nosotros lo mejor del mundo era trabajar en películas que fueran realmente buenas. Eso cambió y la gente empezó a decir que si sos actriz, sos una persona pública y estás casi pidiendo que se metan en tu vida privada. Nunca estuve de acuerdo con eso porque siento que actuar es algo maravilloso, algo que amo hacer, pero no le da a la gente el derecho de inmiscuirse en mi vida. Como en la época en la que empecé a trabajar esto no era así, cuando todo cambió me dejó perpleja."

La persecución actual a los famosos es tanto más agresiva que Winona siente que tuvo suerte de la época en la que le tocó estar en el centro de todas las miradas. "No uso mucho internet, pero conozco actrices jóvenes que tienen que lidiar con el escrutinio constante. Cuando yo estaba en la cima de todo pensaba que era muy difícil lo que tenía que enfrentar, pero eso fue mucho antes de que pasara lo que pasa en el presente. Creo que ahora debe ser un desafío enorme estar en esa posición", reflexiona.

El peor momento que sufrió la actriz ante los ojos del público fue en 2001, cuando la sorprendieron llevándose ropa de una tienda sin pagar. La noticia se replicó en los medios de todo el mundo, que siguieron con atención el juicio. Mientras tanto, los fans hacían campaña para su liberación y se ponían de moda las remeras con la inscripción Free Winona (Liberen a Winona). Es un tema del que la actriz se niega a hablar públicamente y que la llevó a tomarse un descanso de la actuación por un tiempo.

"No decidí ser actriz para ser famosa -dice Ryder-. El concepto de celebridad me resulta ajeno. Es muy importante no tener a esta industria como lo único que te da validez como persona porque es muy peligroso. Es impredecible y variable; parece que sos un fracaso si cada cosa que hacés no es un gran éxito. Por suerte, me di cuenta de muy joven lo importante que era tener una vida afuera de la industria del cine. Hubo un breve tiempo en el que no me había dado cuenta de eso y fue muy difícil todo. Entonces me mudé a San Francisco y tomé la decisión de armarme una vida que no tuviera que ver con todo ese mundo."

El alejamiento de las cámaras no duró demasiado, pero sus trabajos en la década del 2000 no estuvieron al nivel de lo que había hecho unos años antes. Pero sus últimos proyectos parecen indicar que ahora sí su carrera vuelve a tomar fuerza. El año último tuvo una excelente participación en Show Me a Hero, la miniserie de David Simon (The Wire) producida por HBO. Esa interpretación le recordó al público lo talentosa que es como actriz y con Stranger Things seguramente va a crecer el entusiasmo de verla en pantalla.

Mientras tanto, se espera que pronto se reencuentre con Tim Burton para filmar la secuela de Beetlejuice. La actriz lo comentó en un programa de TV el año último, pero, por ahora, no se sabe mucho más al respecto. Parece que revisitar el pasado es parte del presente y futuro de Winona, la actriz que fue ícono de los 90, pero que todavía tiene mucho más para ofrecer.

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