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Un atisbo del fin del mundo

The New York Times
Jueves 30 de junio de 2016
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WASHINGTON.- El triunfo del Brexit por escasa mayoría no es el fin del mundo, pero sí nos muestra el camino para llegar a él.

Una superpotencia europea, histórica defensora de la democracia, el pluralismo y el libre mercado, cae bajo el encanto de un puñado de políticos cínicos que encontraron la forma de impulsar sus carreras explotando el miedo de la gente a la inmigración. Crearon una tajante decisión binaria, irse o quedarse, sobre un tema de una complejidad infinita cuyos alcances reales no son comprendidos por la mayoría de la gente.

Esos políticos parecen creer que el perro nunca alcanzará el auto y que disfrutarán de los dos mundos: se oponen a algo que es impopular, pero sin tener que lidiar con las implicancias de que la gente realmente vaya y vote por irse. Pero ensuciaron y achataron el debate con tantas mentiras, agitación de fantasmas y distracciones que los pro Brexit ganaron la batalla. Y de pronto el perro alcanzó el auto. Y por supuesto que no tiene la menor idea de qué hacer con el auto. Nunca hubo un plan, sólo ladridos.

Como dije, por ahora no es el fin del mundo, pero si a un par de países se les ocurre hacer la misma gracia, el problema entre manos será un problemón. Atención votantes de Donald Trump: esto es lo que pasa cuando un país se enamora de charlatanes de feria que piensan que la vida es como Twitter, que hay preguntas fáciles a preguntas complejas y que unos cuantos petimetres pueden arreglar problemas complejos levantando un muro, y así todo será color de rosa.

Pero no me quiero desviar.

Y aunque abandonar la UE no es la respuesta que Gran Bretaña necesita, el hecho de que haya ganado, más allá de las argucias, nos está diciendo que hay una profunda ansiedad entre la gente. Así son nuestros tiempos: el ritmo de los avances tecnológicos y de la globalización y el cambio climático han comenzado a superar la capacidad de nuestros sistemas políticos de elaborar las innovaciones sociales, pedagógicas, comunitarias, laborales y políticas que algunos ciudadanos necesitan para ponerse al día.

Globalizamos el comercio y la manufactura, usamos robots y sistemas de inteligencia artificial, y todo eso ocurrió más velozmente que el desarrollo de redes de contención social, de fusibles comerciales, de opciones educativas que permitirían que la gente atrapada en esta transición contara con el tiempo, el espacio y las herramientas para prosperar. Hay mucha gente confundida y descolocada.

Al mismo tiempo, hemos abierto deliberadamente las fronteras -o sea, hemos experimentado un flujo sin precedente de inmigrantes ilegales provenientes de Estados fallidos- y mucha gente se ha quedado culturalmente a la deriva, con la sensación de estar perdiendo "su hogar" en el sentido más profundo del término. La realidad física de la inmigración, especialmente en Europa, no sólo ha crecido a mayor velocidad que la capacidad de los países para integrar a esa gente, sino también que la capacidad de los inmigrantes para integrarse ellos mismos, y para que haya estabilidad social deben darse ambas cosas.

Todos esos cambios se dan en momentos en que nuestra clase política está más paralizada e incapacitada que nunca para responder siquiera con sentido común, como sería permitir que los gobiernos puedan endeudarse a tasa cero para invertir en la infraestructura tan necesaria para generar trabajo y aprovechar mejor las nuevas tecnologías.

"El poder político de Occidente viene reprobando su propio examen de legitimidad y responsabilidad desde 2008, y en su desesperación ha decidido erosionarlo aún más, rehuyendo imperdonablemente sus obligaciones a través de un referéndum sobre la UE", dijo Nader Mousavizadeh, codirector de Macro Advisory Partners.

El consultor agrega que debemos entender que el problema que enfrentamos no es la inmigración, sino la integración. En la mayoría de las ciudades europeas, la experiencia de vida actual "es la de una sociedad pluralista, multiétnica, y de hecho bastante pacífica, que ha redundado en enormes beneficios y prosperidad. Tenemos que cambiar el foco del problema y de la solución: de la realidad física de la inmigración al desafío político y económico de la integración", dice Mousavizadeh.

En mi opinión, los países que mejor alimentan el pluralismo serán de hecho los más prósperos del siglo XXI, porque tendrán más estabilidad política, serán atractivos para los mejores talentos y podrán asociarse a otros pueblos. Pero esa tarea es ardua.

Sin embargo, en una era de creciente interconectividad, innovación, conocimiento y comercio tecnológicos, el futuro les pertenece a quienes sepan construir redes, no paredes, y a quienes sepan integrar, no separar, para aprovechar al máximo todos esos nuevos flujos e intercambios. El Brexit es la opción en la que todos pierden. Y espero que la campaña por el "Regrexit" pueda revertirlo y que los estadounidenses dejen solo a Trump.

No olvidemos nunca que, tras la Segunda Guerra Mundial, el proyecto de la UE "surgió en el mundo como una fuerza a favor de la paz, la prosperidad, la democracia y la libertad", señaló Eric Beinhocker, director del Instituto para un Nuevo Pensamiento Económico, de Oxford. "La UE es uno de los mayores logros de la humanidad. En vez de dejar que la destruyan, debemos usar el impacto del Brexit para reimaginar, reformular y reconstruir una nueva Europa."

Traducción de Jaime Arrambide

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