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El terror se desborda

Jueves 30 de junio de 2016
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El terrorismo ha vuelto a golpear a Europa, esta vez en Estambul. Al menos 42 personas murieron y 239 sufrieron heridas por un ataque suicida con bombas en el aeropuerto internacional Atatürk, el más grande de Turquía. Según las autoridades turcas, se produjeron dos explosiones y un tiroteo en el estacionamiento y la terminal internacional del aeropuerto, situado en la parte europea de la metrópolis turca. Ningún grupo se ha adjudicado hasta el momento el ataque, pero el gobierno ha dicho que todos los indicios apuntan al jihadismo. En opinión de fuentes de la CIA, el atentado "lleva el sello de la depravación de Estado Islámico" (EI). Turquía, que ha sufrido siete ataques en lo que va del año, es un actor clave para la estabilidad de Medio Oriente y enfrenta una doble amenaza: la de EI y la del nacionalismo kurdo.

Los recientes atentados recuerdan la vulnerabilidad de las sociedades abiertas en el actual combate contra los grupos extremistas. El fanatismo de los terroristas suicidas es un factor que hace todavía más difícil su prevención. Desafortunadamente, de poco sirven muchas veces las cautelas ante un enemigo que actúa desde el odio visceral y el fanatismo más ciego y que está dispuesto a inmolarse para cometer sus crímenes.

La estrategia sigue siendo la misma: causar el mayor número posible de víctimas, muertos y heridos, para que la terrible sensación de inseguridad siga permeando a los ciudadanos de aquellos países que los grupos terroristas consideran sus enemigos declarados. La intención del terrorismo es matar inocentes con el fin de intimidar a la sociedad, de quitarle a la gente el sentido de seguridad, ya sea en un café de París, un complejo de vacaciones de Mali, un aeropuerto en Bruselas o una simple oficina en cualquier lugar del mundo.

El combate contra el terrorismo, en especial el islamista, es el mayor problema al que se enfrenta Europa en estos momentos. La vecindad del Viejo Continente con el mundo árabe y musulmán y su política históricamente abierta a la inmigración son elementos que guardan una estrecha relación con las tensiones de hoy.

De confirmarse la autoría a manos de EI, este nuevo ataque tendrá consecuencias terribles contra los miles de inmigrantes musulmanes pacíficos que están en países occidentales legítimamente ocupados porque provocará el rechazo hacia todos, que pasarán a ser sospechados de probables terroristas por su origen étnico y religioso o simplemente por su apariencia física.

El gran fracaso de muchos de los países árabes en construir sociedades democráticas, incluyentes y tolerantes ha despojado a su población de esperanza y ha sido caldo de cultivo para el islam radical.

Como viene ocurriendo desde el 11 de septiembre de 2001, con el atentado contra las Torres Gemelas, los Estados y ciudadanos del mundo se hacen uno en sus sentimientos de dolor por las vidas perdidas. Si el propósito es causar pánico y terror, la respuesta tiene que ser controlada. Si el temor a los terroristas hace cambiar los valores de una sociedad, el terrorismo logra su objetivo.

La prevención a través de la colaboración entre servicios de inteligencia ha probado ser la manera más eficaz para luchar contra el terrorismo. Retado por él, el mundo civilizado debe buscar la unidad que le permita profundizar sus principios y convicciones mientras demuestra que se puede vencer la amenaza terrorista sin traicionar los derechos y las libertades que caracterizan a los Estados democráticos.

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