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La grieta entre "padres e hijos"

PARA LA NACION
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Bernardo Stamateas
Jueves 30 de junio de 2016 • 01:00
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El tema es muy complejo y obedece a diversos factores pero como siempre, compartiéndolo en términos sencillos, podríamos decir lo siguiente:

Hoy en día el cambio más importante en la relación con nuestros hijos es el de la simetría. Hace veinte años, los padres lo sabíamos todo y decíamos lo que debía hacerse sin que nadie lo cuestionara. En la actualidad, con el avance de la tecnología, los padres ya no sabemos ni decidimos tanto y son nuestros hijos quienes nos enseñan.

Internet trajo una simetría en la manera de relacionarnos en el sentido de que, si bien seguís siendo autoridad, hoy tu hijo sabe más que vos y te cuestiona, porque obtiene información al instante sobre cualquier tema. Somos testigos de una transformación en la cultura, donde los chicos hacen lo que quieren y no aceptan ningún límite. Los jóvenes quieren ponerse casi a la par de sus padres, por eso necesitamos manejarnos con sabiduría. Ser autoridad sobre nuestros hijos no quiere decir castigarlos, sino guiarlos tomando las riendas de la crianza.

Comparto algunos de los problemas más comunes que enfrentamos los padres con nuestros hijos y sus posibles soluciones:

Cuando un hijo está muy enojado y no habla, los padres no deberíamos decir: "Si no me habla, yo tampoco le hablo", porque se trata de una conducta adolescente. Una posible idea sería comenzar hablando de temas superficiales para ir de a poco hacia los temas conflictivos. Nunca es conveniente pasarles factura y decirles cosas tales como: "La familia es importante"; "¡vos tenés que respetar a tu padres!". Actuar así hace que los chicos se cierren y, cuando ellos ven un muro al lado de sus padres, abren una ventana hacia la sociedad que los devora.

"Hoy, con el avance de la tecnología, los padres ya no sabemos ni decidimos tanto y son nuestros hijos quienes nos enseñan"
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Cuando tu hijo esté muy enojado y te reproche algo, podrías darle la razón y decirle: "Hijo, tenés razón. ¿Cómo seguimos de acá en adelante?". Los padres no estamos para ganar una pulseada, sino para preservar el vínculo y construir para adelante. Los adolescentes son expertos en generar problemas, por eso los adultos necesitamos estar presentes. No para ser una red donde ellos tiren la pelota, sino una pared donde la pelota rebote. Nunca les soltemos la mano a los jóvenes porque ellos precisan desesperadamente alguien que los conduzca.

Cuando un hijo quiere abandonar el estudio (porque le fue mal en un examen) una posible reacción es decirle que deje la escuela, o la facultad, pero una vez que haya aprobado la materia. De ese modo, les enseñamos a nuestros hijos a no abandonar en la derrota, sino en el éxito. ¿Por qué? Porque abandonar cuando uno fracasa solo genera frustración. Cuando a uno le va bien, por lo general sigue adelante. Cada vez que tu hijo sienta el deseo de abandonar algo, podrías decirle: "Esto mismo te va a ocurrir a lo largo de la vida; siempre habrá una materia difícil. ¿Qué vas a hacer entonces: vas a dejar a mitad de camino? Esta es la oportunidad para que desarrolles fortaleza y aprendas a superar las dificultades". La vida se compone de desafíos y es fundamental decidir si los volveremos a tener por delante, o los resolvemos para lograr avanzar.

Cuando un hijo reclama que su papá trabaja mucho, una de las tantas maneras de pensar el tema podría llegar a indicar que es el vocero de la mamá. Eso significa que la criatura no le está reclamando al papá, sino que es un eco de lo que ha escuchado expresar a su mamá. La madre siente que su pareja trabaja mucho y el hijo se convierte en el portavoz de esa mujer porque ve una "grieta" entre ambos. Ahora, cuando es tu hijo adolescente el que te pasa factura porque trabajás mucho, podría ser que te esté reclamando por algo que no le permitiste hacer. Una idea posible a aplicar sería decirle: "Vos no soportás que te haya puesto límites en esto".

Lamentablemente hay muchos padres con culpa por no haber estado nunca con sus hijos. Pero, en realidad, ellos no reclaman la ausencia, sino que les molesta que les impongan un límite. Hoy más que nunca necesitamos establecer hábitos con nuestros hijos: levantarse temprano, estudiar, cumplir horarios, etc. La cultura en la que vivimos no genera hábitos; todo lo contrario promueve la diversión. Por eso, muchos jóvenes lo único que desean es ir por la vida y pasarla bien. Todo tiene que ser divertido, incluso la escuela. No está mal divertirse pero la vida no es diversión solamente porque esta no nos ayuda a pensar ni a crecer; tampoco a ser un buen padre ni a tener un buen trabajo.

¿Qué ocurre cuando un hijo está reprimido? Muchos jóvenes viven contenidos y no se enojan, no se quejan e incluso caminan con el cuerpo endurecido. La razón es que tienen mucha ira guardada en su interior. Aunque hablen en un tono suave y parezcan inofensivos, son una "bomba de tiempo" y lo peor es que no son felices. Por eso, hoy vemos tantas parejas donde se maltratan verbalmente. Si tenés un hijo en estas condiciones, sería bueno que te sentaras con él y le dijeras: "Hijo, ¿por qué estás tan amargado? Vos tenés cosas reprimidas en tu interior". Así tendrá una oportunidad de expresarse y poner en palabras lo que le ocurre.

La tarea de los padres es enseñarles a sus hijos que son seres únicos e irrepetibles. Muchas veces ellos se colocan en el lugar número dos y se comparan con otros porque creen que son mejores. Pero nacieron como originales y no necesitan ser una fotocopia de nadie. Necesitamos guiarlos a ser como son y a ser felices con ello.


¿Cuáles son los problemas que enfrentás con tus hijos?
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Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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