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Ayacucho cumplió 150 años camperos

Los pagos de Mancha y Gato se llenaron de fuego y carne, como en la Fiesta del Ternero

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LA NACION
Sábado 02 de julio de 2016
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Jorge Luis Borges una vez escribió: "No hay un pueblo de la provincia que no sea idéntico a los otros, hasta en lo de creerse distinto", tal sentencia le cabe bien poco a la ciudad de Ayacucho, que acaba de cumplir 150 años. En primera instancia porque es el único núcleo urbano de la provincia mencionado en la obra magna de la literatura gauchesca, el Martín Fierro:

"Yo llevé un moro de número, /¡Sobresaliente el matucho! / Con él gané en Ayacucho, / Más plata que agua bendita: /Siempre el gaucho necesita /Un pingo pa fiarle un pucho."

La vinculación entre el Martín Fierro y la ciudad de Ayacucho se relaciona con el hecho de que el primer juez de paz de esta localidad y fundador de la misma, don José Zoilo Miguens, fue amigo íntimo de José Hernández y no sólo eso, sino que además Miguens fue quien subvencionó la primera edición de este libro fundamental. Segundo, porque los campos de la estancia El Cardal, de la familia Solanet, son la cuna de la raza de caballos criollos, y de allí surgieron los míticos Gato y Mancha para efectuar la epopeya de atravesar casi todo el continente americano. El suizo Aimee Tschiffelly fue el responsable de recorrer nada más y nada menos que 21.000 kilómetros montando los célebres pingos criollos.

Foto: LA NACION

Entonces, y a partir de estos datos concretos que evidencian su originalidad, podemos decir que esta ciudad escapa a la frase de Borges. El caso es que Ayacucho cumplió el miércoles 22 de junio 150 años, y lo celebró a lo grande. Tal como sucedía en las primeras y ya emblemáticas Fiesta del Ternero, en la avenida Emilio Solanet brotaron asadores al aire libre en donde todo el pueblo degustó costillares y chorizos donados por comercios y productores rurales. Testimoniando que la tradicional generosidad del hombre de campo argentino goza de buena salud. La organización de los asadores quedó a cargo de 10 instituciones de Ayacucho, que sembraron de sabrosísimos asados nada más y nada menos que cinco cuadras de la citada avenida.

El acto oficial comenzó cuando el intendente municipal profesor Pablo Zubiaurre colocó una ofrenda floral en el monumento al citado José Zoilo Miguens. Prosiguiendo con una misa en la bella parroquia de Nuestra Señora de la Purificación. Más tarde, en la avenida Solanet se desarrolló el desfile histórico y tradicionalista. Inauguraron el flamante Paseo del Ferrocarril Angélica Chimeno de Bauer. En éste, se pone en valor la antigua estación de tren de Ayacucho, de exquisita arquitectura británica de fines del siglo XIX. Enfrente de estas instalaciones se ubicaba el largo rosario de asadores. Pasado el mediodía se invitó a la nutrida concurrencia a degustar el almuerzo popular y gratuito para toda la población del partido y para quien deseara acercarse.

Al fin atacamos el apetitoso asado, cuyo sabor no hizo más que testimoniar la calidad de la materia prima cárnica de la zona y la sapiencia de los señores asadores. Bien podría haberse arrimado hasta Ayacucho el mismísimo Viejo Vizcacha, ya que una vez terminado el asado, no quedaban ya perros flacos que deambularan por las calles de la ciudad.

Al caer la tarde se escucharon las palabras del intendente Zubiaurre, que destacó los valores históricos de la ciudad. Los vaivenes musicales se escuchaban perfectamente desde el Museo Histórico Regional y su gigantesca barraca, antiguo espacio de acopio de los "frutos del país".

Entrada la noche, cuando las brasas de los mortecinos fogones lucían tonalidades más negruzcas que anaranjadas y los retazos de humo ingrávido se difuminaban en la oscuridad, culminé los festejos asistiendo a una conferencia de literatura de mi viejo conocido, el escritor Juan Forn, porque Ayacucho es un foco cultural.

Por problemas climáticos no pudo asistir la gobernadora María Eugenia Vidal. La gente de Ayacucho espera una pronta visita para mostrarle la pujanza y las ganas de trabajar que se respira en esta tierra, en donde la tradición gauchesca y la identidad bonaerense forman parte de las raíces de su memoria; una memoria que posee ya un siglo y medio de lozana existencia.

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