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80 años de la Academia de Bellas Artes: cómo innovar en una institución tradicional

Aunque también rondan los 80, son presidentes del siglo XXI; uno de ellos sumó el diseño como disciplina y ella fue la primera mujer en dirigir el organismo

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LA NACION
Viernes 01 de julio de 2016
Bellucci, Blanco, Taverna Irigoyen y Perazzo
Bellucci, Blanco, Taverna Irigoyen y Perazzo. Foto: Silvana Colombo
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Una institución tradicional como la Academia Nacional de Bellas Artes, que hoy cumple 80 años desde su creación, puede ser innovadora y estar a la altura de los desafíos que presenta el nuevo siglo. Así lo creen Nelly Perazzo, Jorge Taverna Irigoyen, Ricardo Blanco y Alberto Bellucci, quienes están entre los 70 y los 80, pero presidieron esta institución cuando ya habían dado un paso de este lado del umbral del siglo XXI.

"Pareciera que la Academia fuera limitativa, pero es todo lo contrario: es abierta. Estamos siempre tratando de ampliar nuestro alcance. Mi propia incorporación fue innovadora", comenta Blanco, a sus 75 años, y abre también el diálogo en esta reunión realizada especialmente para LA NACION. Recuerda que con su ingreso, en 2002 (luego sería presidente en 2010), el diseño se sumó como disciplina a la música, la arquitectura, las artes plásticas, la crítica, la escultura, el grabado, la pintura y otras cinco hasta completar las trece que se consideran hoy y que fueron cambiando según las necesidades de las épocas. Al principio -y durante bastante tiempo- existió, por ejemplo, el coleccionismo como área temática.

El jueves próximo, cuando se celebren ocho décadas de historia, en la sede de Sánchez de Bustamante al 2400, se exhibirán pertenencias de dos de sus miembros, de cuyos nacimientos se cumplió un siglo este año: Alberto Ginastera y Libero Badii. También se verán algunas de las obras donadas recientemente por otros dos integrantes, Guillermo Roux y Jorge Tapia. "Con esas obras y con documentos que tenemos en el archivo haremos en octubre una muestra", anuncia Bellucci, muy activo a sus 76, director del Museo Nacional de Arte Decorativo y actual presidente de la Academia, que integra desde hace 10 años. Y anticipa: "Se empieza a crear una especie de galería de arte que, el día de mañana, puede llegar a ser un museo".

Según Taverna Irigoyen, que viajó desde Santa Fe especialmente para este encuentro, el archivo y la documentación de la Academia es un valioso patrimonio que debería "salir" con mayor frecuencia al interior del país. El crítico de arte propone reflotar las exhibiciones en distintas provincias. De esta forma se reforzarían lazos que con el tiempo dan frutos concretos. "Hay mucho que hacer", señala, y a sus 82 recuerda que "en 2007 y 2009 la relación estrecha entre los académicos de Buenos Aires y el delegado en Tucumán logró evitar demoliciones de edificios públicos o patrimoniales".

Perazzo observa que ya su elección como presidenta de la institución, en 1997, fue una señal de apertura: era la primera vez que se elegía a una mujer en casi siete décadas (luego, en 2001, designarían a Rosa María Ravera, ausente con aviso a este encuentro). "Ahora estamos en una época de aceleración y de cambio, y tenemos que ayudar a que el público tome conciencia del valor del arte y se acerque al sentido del arte contemporáneo", propone Perazzo, cuya gestión, a fines del siglo pasado, se caracterizó por la aparición de la revista Temas, de la que en los próximos días se presentará la edición decimocuarta. "Tenemos que ayudar al público a comprender las rápidas transformaciones que mueven a los artistas en este momento", sugirió.

La Academia de Bellas Artes funciona con nueve empleados, cuyos sueldos son abonados por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación -del que desde hace unos años dependen las académicas nacionales-, 35 miembros de número y otros tantos delegados provinciales y correspondientes (son los académicos residentes en el exterior) que trabajan ad honórem.

Si bien es un órgano consultivo, no siempre es escuchado. Blanco considera que, en términos generales, se ha cumplido esa función, pero no tanto como lo esperable. "Creo que los gobiernos u organizaciones que nos consultaron en los últimos tiempos tomaron nuestros consejos o recomendaciones de manera muy liviana. Así sucedió, por ejemplo, con el traslado del monumento de Cristóbal Colón. Nosotros emitimos una opinión muy clara, y pasó lo que pasó."

Para ingresar a esta Academia nada pesa más que los antecedentes, un requisito estatutario que atenta contra el recambio generacional de sus miembros. En términos de innovación, Bellucci deja una inquietud: "Me gustaría que se reactivara un programa [suspendido por falta de fondos] a través del cual los académicos ofrecían su experiencia a los más jóvenes en seminarios, cursos o talleres". Ese deseo surge de una reflexión mayor: "¿Cuál es el rol que tenemos los más viejos en una sociedad joven y en constante cambio?".

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