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El dilema de cómo evitar gobernar en permanente fragilidad

LA NACION
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Luisa Corradini
Viernes 01 de julio de 2016

PARÍS.- Mientras los tenores del Partido Conservador británico se apuñalan por la espalda para reemplazar a David Cameron, el caos que se instala en la vida política de Gran Bretaña lleva a muchos a creer que la única salida serán unas elecciones generales adelantadas.

"Los resultados del referéndum ya provocaron demasiadas víctimas. Es necesario que el país recupere algo de su visibilidad política. Llamar a elecciones generales para el último trimestre del año sería un gesto de cordura", estimó ayer en su editorial el diario The Guardian.

El actual Parlamento, elegido en mayo de 2015, debería sesionar todavía durante cuatro años, de los cinco que dura un término. Pero una vez que el Partido Conservador decida quién sucederá a Cameron -antes del 9 de septiembre-, el nuevo jefe de gobierno puede optar por legitimar su poder buscando confirmación en las urnas. Una idea sensata, teniendo en cuenta que el futuro primer ministro tendrá la pesada responsabilidad de negociar con la Unión Europea (UE) los términos del retiro de Gran Bretaña del bloque.

El problema es que, como todo lo demás, esa perspectiva no suscita la unanimidad de la clase política, ni siquiera de los candidatos a primer ministro de cada partido.

Si bien Boris Johnson se hubiese inclinado por esa opción, no es lo mismo en caso de que Theresa May termine instalándose en el 10 de Downing Street. La ministra del Interior, que se considera a sí misma como continuadora de Cameron, desechó esa posibilidad.

La perspectiva de elecciones generales anticipadas también permite entender la guerra civil en que está sumido el Partido Laborista. Los diputados del labour acusan a su líder de extrema izquierda, Jeremy Corbyn, de haber hecho una catastrófica campaña contra el Brexit y temen que su permanencia conduzca a una derrota histórica, mucho peor que la que sufrieron en 2015, cuando los tories obtuvieron la mayoría absoluta.

Pero éstas son sólo especulaciones. Según el sistema vigente, la elección de un nuevo primer ministro por el partido de gobierno no requiere una elección general. Después de todo, el ocupante de Downing Street es sólo el primus inter pares, un legislador escogido por sus colegas para liderarlos.

Pero con el tiempo y la práctica el sistema se ha vuelto mucho más personalizado y "presidencial". Por eso es tan importante que un nuevo primer ministro busque obtener el apoyo del electorado. En las actuales condiciones, gobernar durante cuatro años más con la confianza acordada a Cameron en 2015 sería condenar a su sucesor a una situación de permanente fragilidad.

Para muchos analistas, el nuevo jefe de gobierno debería negociar con la UE las condiciones del Brexit, antes de llamar a elecciones. Si ésa es la opción privilegiada, la renuncia de Boris Johnson debe haber sido un bálsamo para los conservadores. La sola idea de enviarlo a negociar la salida con los otros 27 miembros de la UE debía bastar para provocarles escalofríos.

La perspectiva de tener en su lugar a May, considerada -quizás equivocadamente- como "la nueva Margareth Thatcher", parece suscitar la unanimidad entre los tories y calmar las inquietudes del bloque.

"Las ventajas de May son su absoluta competencia y su aceptación entre los conservadores partidarios de la permanencia. El problema lo tendrá para convencer a los pro-Brexit. Pero ayer comenzó a hacerlo, insistiendo en su discurso de candidatura que el voto de la semana pasada fue definitivo y que no habrá un segundo referéndum", recordó la analista política Mary Dejevsky.

May también afirmó que, de ser nominada primera ministra, no habrá elecciones generales anticipadas. Aunque todavía es muy temprano para creerle, es verdad que, a pesar del caos actual, sin Boris Johnson en el escenario, todo el panorama político de Gran Bretaña acaba de cambiar.

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