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Orange is the New Black, de libro a serie revel

Basada en una memoir, explora dos relaciones clave del siglo XXI: literatura y televisión, ficción y realidad

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LA NACION
Sábado 02 de julio de 2016
Piper Chapman (der.) en una de las escenas más fuertes de la cuarta temporada
Piper Chapman (der.) en una de las escenas más fuertes de la cuarta temporada. Foto: Gentileza
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Aunque haya comenzado en 2013, en los albores de la reconversión de Netflix de distribuidora a productora de contenidos, Orange is the New Black parece estar dando su verdadero batacazo recién este año, en su temporada número 4. La crítica y el público se deshacen en halagos ("la serie más política de la televisión actual", "las mejores actuaciones de la década"), pero no todos saben que la serie está basada en un libro, y en uno de no ficción.

Orange is the New Black: Crónica de mi año en una prisión federal de mujeres (así lo tradujo la editorial española Ariel) cuenta las memorias de Piper Kerman, la contraparte en la vida real de Piper Chapman, una joven productora de TV -tan rubia y angelical como la actriz que la personifica en la serie- que en 1998 fue acusada de llevar una valija con dinero de narcotráfico para una ex novia, y entre 2004 y 2005 cumplió una sentencia de 15 meses en una prisión federal. En esta nota, entonces, otro capítulo de dos relaciones peligrosas del siglo XXI: literatura y televisión, ficción y realidad.

La primera decisión que distancia a la serie de TV del libro es tan llamativa como acertada: convertir una memoir, en primera persona y concentrada en su narradora -Piper Kerman, una chica de clase media acomodada, graduada del prestigioso Smith College, con algunos coqueteos contraculturales mayormente inofensivos-, en una pieza coral que ensambla voces, conflictos y mundos de todas las etnias, clases sociales y trasfondos posibles. El primer impulso al llevar a la pantalla un libro de este tipo sería construir una serie con foco en la perspectiva de la protagonista, incluso con narración en off para poder introducir todas sus reflexiones (como es el caso, por ejemplo, de la serie Call the Midwife, también basada en una memoir), pero la elección de la guionista Jenji Kohan (y de la propia Kerman, que trabaja además en la producción de la serie) de darles un relieve igualmente protagónico a muchísimas otras presas es perfecta para recrear la ambigüedad que la historia necesita.

Por una parte, Piper es nuestra ventana a la prisión, y es una buena ventana justamente por lo improbable de que una chica como ella termine allí; por otra, Piper es una privilegiada, autoconsciente pero malcriada al fin, y bastante insoportable. Por cómo funciona la serie no necesitamos que ninguna voz en off lo explique. No vemos a Piper solamente como se ve ella misma: vemos cómo la ven estas otras mujeres, la miramos también a través de sus ojos. Y así se genera otro efecto interesante: en el libro, la posibilidad de la empatía está completamente depositada en Piper. En la serie, en cambio, los espectadores blancos y clasemedieros nos sentimos casi más cerca de sus compañeras del Bronx o de Harlem que de ella.

La apuesta coral se va intensificando con el paso de la serie: la historia de Piper, clave absoluta del libro y muy presente en la primera temporada, va perdiendo peso relativo hasta el punto que en la temporada 4, las subtramas principales no la involucran más que como un participante entre muchos, y en algunos casos, ni siquiera.

Otra diferencia interesante desde el punto de vista narrativo es la relación con el mundo exterior. En el libro (y en la vida real), Piper sostuvo un vínculo intenso con la vida fuera de la cárcel, incluso más allá de su círculo íntimo. Su novio y sus amigos armaron un sitio, que todavía está online y tal como lo dejaron en 2005 (http://thepipebomb.com/), en el que informaban el día a día de Piper en la prisión y concientizaban sobre las consecuencias de las "sentencias mínimas" o mandatory minimums, leyes que determinan que a ciertos tipos de crímenes (por ejemplo, como en el caso de Piper, los vinculados con el narcotráfico) les corresponden necesariamente penas no excarcelables con duraciones mínimas de uno o varios años, más allá de las particularidades del caso. A través del sitio, Kerman se convirtió en una microcelebridad que recibía en la prisión cartas y regalos no sólo de su familia y sus amigos, sino de completos extraños que se habían interesado por su caso.

En la serie, en cambio, esta parte está omitida casi en su totalidad y es reemplazada por una estructura de flashbacks que recuerda a la celebrada Lost: el mundo exterior nos llega a través de flashbacks que explican cómo Piper y sus compañeras llegaron a su situación actual.

Al final de la temporada 3, no obstante, el afuera irrumpe de modo inesperado. Judy King, una famosa chef devenida criminal de guante blanco (en clara alusión a Martha Stewart) cuyo caso las chicas de la prisión seguían por televisión, termina presa con ellas en el penal de Litchfield.

Con una ayudita de la ficción

Por supuesto, Martha Stewart no estuvo con Piper Kerman en la prisión que le tocó a ella; se trata de una de las tantas licencias poéticas que se toma la serie. Y no es, ni siquiera, la más arriesgada, o la más alejada de la realidad. Un desvío importante, por ejemplo, es el relativo a Larry, el novio de Piper, que en la serie desaparece en la segunda temporada. En el libro, como en la vida real, Piper y Larry siguen casados. En una entrevista, el verdadero Larry se lo tomó con humor: "Necesitaban crear conflicto -dijo-, y yo yendo todos los domingos a la prisión por un año y medio, como en efecto hice, no es tan dramático".

Un dato de color sobre Larry: además de apoyar la militancia de su mujer contra las sentencias mínimas y en pos de la mejora de las condiciones de vida carcelarias tiene un sitio, http://www.sixwordmemoirs.com/, a través del que propone, en línea con lo que hizo Kerman, contar y compartir historias personales en 6 palabras para dar a conocer distintas realidades.

Otra licencia necesaria es la convivencia carcelaria de Piper con Catherine Cleary Wolters (que tiene dos nombres ficcionales: Nora Jansen en el libro y Alex Vause en la TV). En la serie, Piper y Alex pasan juntas casi sin interrupciones las 4 temporadas en la prisión; en la vida real y en el libro, Piper y Catherine sólo coincidieron 5 semanas en la misma cárcel y, según Catherine, jamás tuvieron sexo allí. También está exagerada con fines dramáticos la inocencia de Piper cuando conoce a Alex. En la serie, Piper era una carmelita descalza hasta que conoce a la experimentada Alex, que la inicia tanto en las drogas como en el lesbianismo. En la vida real y en el libro, Catherine no fue la primera chica de Piper ni su verdadero ingreso en el mundo del descontrol, aunque sí en el del narcotráfico. También están salteados en la serie todos los años que Piper pasó en una especie de limbo, desde 1998 -cuando supo que con toda seguridad iría a la cárcel por un crimen cometido 5 años atrás- hasta 2004, cuando efectivamente cumplió su condena. Los detalles del delito (Kerman nunca llegó a transportar droga para su entonces novia Catherine, solamente una valija con dinero de narcotráfico) están idénticos en el libro y en la serie.

En cuanto al resto de los personajes, aunque la mayoría de las historias son completamente inventadas (en el libro están mucho menos desarrollados que en la serie), algunos rasgos pintados en el texto fueron respetados a rajatabla en el casting. Un caso evidente es el de Catherine-Nora-Alex, que en el libro está descripta con una voz muy característica, grave, profunda y sensual, igual a la voz de Laura Prepon, la actriz que fue elegida para personificarla.

El otro lado de la historia

En 2014, Catherine Cleary Wolters dio a Vanity Fair su primera entrevista pública: comentó que veces ve la serie ("¿quién no quiere ver a Donna de That 70's Show teniendo sexo lésbico", bromeó) pero que, aunque le parece excelente y admira que Kerman se haya animado a contar su historia, en algunos momentos le resulta demasiado doloroso. También comentó algunas diferencias entre la serie y la realidad, e incluso entre la percepción de Kerman de lo que sucedió y su propia impresión: en el libro, al igual que en la serie, Kerman deja en claro que, si bien perdona y comprende a su ex, entiende que ella la entregó, y que nunca se hubiera visto comprometida si Catherine no la hubiera nombrado. Según Catherine, en cambio, fue más confuso: "Todos nos nombramos entre todos", le dijo a Vanity Fair. También sostiene que la relación con Kerman fue menos seria de lo que ella interpretó: "Nunca fuimos novias -dijo-, éramos más amigas con beneficios".

Por suerte no nos va a dejar con las ganas de escuchar su versión de los hechos. Autora de tres novelas, Wolters está escribiendo su propia memoir, provisionalmente titulada Out of Orange.

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