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¿Un ascenso? ¡No, gracias!

Para muchos, las distorsiones impositivas provocan que ciertas mejoras profesionales no tengan un impacto económico que compense la mayor responsabilidad

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LA NACION
Sábado 02 de julio de 2016
Tras rechazar un aumento y dejar su trabajo, hoy Jimena García se dedica al diseño de vidrieras
Tras rechazar un aumento y dejar su trabajo, hoy Jimena García se dedica al diseño de vidrieras. Foto: LA NACION / Paula Salischiker
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Pensado en términos abstractos, el ascenso hubiese significado para Jimena la oportunidad ideal de progreso: pasar de ser la encargada de un importante local de ropa de marca a ser la supervisora de varios locales de la firma. "Me propusieron el ascenso y no acepté -cuenta sin embargo Jimena García, de 39 años-. Ser supervisora implicaba un aumento, pero buena parte iba a ser absorbido por Ganancias, y la ecuación final era negativa: más responsabilidad, más estrés, más esfuerzos y más gastos asociados a mi nuevo puesto a cambio de una diferencia de sueldo real mínima. De hecho, incluso me hubiese convenido pasar a ser la encargada de un local más chico del que tenía a cargo, que tenía una facturación muy importante, ya que cobraba una comisión sobre la venta pero que después de los impuestos dejaba de ser significativa."

Jimena tuvo que optar: crecimiento profesional versus crecimiento económico. En su situación, esas posibilidades eran excluyentes, y fue así cómo optó por la segunda: rechazó el ascenso y prefirió enfocar su esfuerzo a desarrollar un proyecto propio en el tiempo libre que le dejaba su trabajo en el local, proyecto que hoy es su único trabajo. "Desde lo económico fue una buena elección, aunque no lo fue desde lo profesional, ya que hoy no puedo incluir en mi currículum esa posición de trabajo que bien tenía merecida, pero que rechacé porque no me significaba un crecimiento económico", dice convencida de su elección, aunque con un innegable sabor amargo.

Las distorsiones actuales del sistema impositivo -en las que el límite mínimo a partir del cual se comienza a tributar Ganancias es fácilmente superado por sueldos que pelean cabeza a cabeza con los gastos corrientes de cualquier familia-, sumadas al peso de la inflación y de la actualización de las tarifas de los servicios públicos, dieron forma a un escenario laboral en el que un concepto tan básico y constitutivo como el de "progreso" quedó supeditado a una ecuación personal más compleja. Muchos toman la noticia de un aumento de sueldo ya no con alegría, sino con el temor de un significativo impacto en las deducciones que experimentarán en el transcurso del año; otros ya ni piensan en solicitar un ascenso, si esa promoción implica mayores responsabilidades a cambio de una mejora tan sólo nominal, e incluso quienes sólo disponen de hacer horas extras para incrementar sus ingresos prefieren invertir su tiempo de alguna forma que sea realmente productiva o gratificante en lo personal.

Marcelo Kotliar hace números: empezó a tributar Ganancias este año
Marcelo Kotliar hace números: empezó a tributar Ganancias este año. Foto: Santiago Cichero / AFV

Cuando el progreso es sólo aparente surge "la carrera de la rata": "Es el término que emplean Robert Kiyosaki y otros autores de finanzas personales para describir la sensación que sufren muchos empleados de estar esforzándose continuamente para estar siempre en el mismo lugar, sin mejoras sustanciales, y que puede surgir cuando las empresas otorgan ascensos que no se materializan en un aumento del ingreso real, muchas veces debido a distorsiones fiscales", explica Nicolás Litvinoff, director de Estudinero.net.

"La sensación predominante es la de la injusticia frente a lo contradictorio de la situación y una cierta percepción de que el esfuerzo no es recompensado como debería. Y si no viene acompañado de otros beneficios puede aumentar el nivel de frustración provocando incluso el deseo de un cambio de trabajo", amplía Litvinoff. Según dice, las reacciones a las que puede dar lugar la cada vez más transitada "carrera de la rata" son un rechazo hacia mejoras a nivel cargo, que implican la imposibilidad de hacer carrera en la empresa, y en los más osados el deseo de comenzar un proyecto laboral personal en donde no existan estas distorsiones.

En este contexto, la decisión de Jimena no resulta para nada descabellada. Es que si el progreso es sólo nominal, el esfuerzo invertido en lograrlo y consolidarlo se ve desdibujado. Incluso hay extremos en los que todo esfuerzo extra pierde sentido: "Hoy muchos empleados desisten de hacer horas extras -cuenta Santiago, de 40 años, que se encuentra a cargo del área técnica de una operadora de televisión por cable-. El pago por trabajar un día feriado es alto y tiene como beneficio extra un franco compensatorio. Esto solía ser muy motivador para los técnicos, pero hoy antes de aceptar dudan y se preguntan cómo puede afectarlos en Ganancias, ya que varios feriados trabajados al año pueden tener un impacto fuerte. El resultado es que el beneficio de hacer esas horas extras no se percibe como motivador, porque lo ven licuado".

Fernanda Arnau (der.) explica nuevas compensaciones a Alan Peralta y Carla Roccaforte
Fernanda Arnau (der.) explica nuevas compensaciones a Alan Peralta y Carla Roccaforte. Foto: Francisco Pidal /AFV

La queja por Ganancias se ha convertido en un mantra que ha escapado hace rato de las charlas entre gerentes. "Es una queja permanente", dice Germán, de 42 años, a cargo del área de relaciones institucionales de una compañía del rubro alimentos, y agrega: "Una consultora que nos vino a explicar las nuevas modalidades del impuesto nos comentaba que hace 5 años sólo iba a dar estas charlas a las empresas para directores y CEO. Eran los únicos alcanzados por este impuesto. Hoy les da la charla a todos los rangos de las compañías."

La última actualización de los valores mínimos a partir de los cuales se tributa este impuesto -correspondiente al decreto 394/2016- establece que un trabajador casado con dos hijos debe ganar menos de 25.000 pesos netos o de bolsillo (incluido el aguinaldo), y un soltero 18.880 pesos para no pagar el tributo. Esos valores de corte no distan mucho de la canasta de consumo que elabora mensualmente la Dirección de Estadísticas del gobierno porteño: en mayo, un trabajador casado con dos hijos y que alquila necesitaba 19.221,70 pesos para cubrir sus gastos corrientes. Claro que la Dirección de Estadísticas no contempla gastos asociados al uso de un auto, al pago de una prepaga o al de un colegio privado. Y un detalle no menor en estos días en que es moneda corriente recibir una factura de gas de 3500 pesos (o más), es que esa canasta estimaba un gasto mensual de 162 pesos en concepto de gas y de 113 en electricidad...

"Desde hace dos años se ha vuelto común ver a compañeros preocupados por cuándo es fin de mes y qué día cobramos, porque no llegaron con su sueldo; eso no lo vi nunca en 12 años que trabajo en la empresa -cuenta Germán-. En mi caso, la caída del poder adquisitivo es notable: hace 5 años con un sueldo proporcionalmente igual, pero sin tanto peso del impuesto, yo llegaba a fin de mes y podía ahorrar. Actualmente llego a duras penas a fin de mes, y para lograrlo no ahorro y tuve que limitar mis gastos: controlo mucho más y suprimí compras de ropa, salidas al teatro y a cenar, y vacaciones."

El contraste entre desarrollo profesional y desarrollo económico se ve potenciado si a las persistentes distorsiones impositivas -límite bajo a partir del cual se empieza a deducir Ganancias; escalas del monotributo que no se actualizan desde 2013- se suma un contexto inflacionario coronado en estos días por actualizaciones en las tarifas de los servicios públicos difíciles de afrontar. "En mi caso me frustra haberme esforzado tanto para estudiar, progresar y trabajar horas y horas para lograr un buen puesto de trabajo con un buen sueldo, y que hoy tenga ese buen sueldo, pero no lo pueda percibir y no llegue casi a fin de mes", se lamenta Germán.

Esta encrucijada a la que se ven expuestas personas con varios años de carrera se acompaña de sentimientos negativos difíciles de sobrellevar. "Todas las personas esperamos reconocimiento por nuestro esfuerzo en todos los ámbitos de la vida: nuestra autoestima lo necesita como nutriente fundamental -afirma Pedro Horvat, médico psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)-. En el mundo laboral, el dinero es medida y premio. Cuando esto no ocurre, el conflicto es inevitable, aun en este caso singular en que el conflicto no es con el empleador, sino con el Estado. Así, a la frustración económica se suman el enojo y sentimiento de desamparo frente a un Estado que abusa de su autoridad, atrapándolo en un sistema injusto que sólo le deja dos opciones: no crecer o cobrar en negro. El Estado debe ser el referente de la idea moral. Cuando no lo es, cuando actúa como un padre perverso que exige mucho y castiga el esfuerzo, promueve la aparición de reacciones individuales, una suerte de "yo me salvo" que empieza dañando la autoestima y termina por ignorar la ley".

"No creo que las mejoras económicas sean el único criterio de mejora de una posición laboral, pero en la sociedad en la cual vivimos, regulada por el intercambio de bienes económicos y por la capacidad de consumo, poder lograr mejoras económicas es una base para ofrecerse a sí mismo y ofrecer a los suyos una mejor calidad de vida -opina Juan Eduardo Tesone, médico psiquiatra de la APA-. No reconocer el valor del trabajo tiene un impacto disolutivo en toda la sociedad."

Herederos de 2013

Quienes se han tenido que enfrentar de un día para el otro con la realidad de que las distorsiones impositivas minan la relación entre desarrollo profesional y económico son aquellos que no pagaban Ganancias por la excepción introducida en 2013. "El decreto 394/2016 eliminó la anomalía por medio de la cual se exceptuaba del pago a aquellos sujetos cuya remuneración normal y habitual entre enero y agosto de 2013 no superara los 15.000 pesos", explica Brenda Barán, socia directora de Glue Consulting. Carlos Francisco Reyes, socio de CFR Consultores, agrega: "El decreto 394/2016 vuelve a otorgar razonabilidad y equidad al régimen de retenciones de Impuesto a las Ganancias, específicamente en materia de mínimo no imponible, deducción especial y cargas de familia: hoy dos personas que ganan lo mismo y que tienen las mismas cargas de familia tributan el mismo impuesto".

Claro que el efecto colateral de desandar de un día para otro una forma irracional de calcular el impuesto es que hoy empleados con sueldos que superan por poco la canasta de consumo porteña y que hasta principios de año no tributaban Ganancias porque en 2013 ganaban menos de 15000 pesos, tuvieron que incorporar esta deducción de un día para otro, con el plus de un retroactivo a enero que habrá de dividirse en cuotas. Es el caso de Jonathan, de 31 años, desarrollador Web en una universidad privada: "En 2013 mi sueldo estaba justo por debajo de los 15.000 pesos y dejé de pagar Ganancias hasta ahora -cuenta-. La deducción mensual sumada a las 10 cuotas en las que se dividió el retroactivo de enero y febrero se sintió bastante. Para peor me dieron de premio un sueldo entero y al mes siguiente me descontaron por Ganancias 12.000 pesos".

Jonathan cobra en mano unos 25.000 pesos. "Soy soltero y mi sueldo me alcanza, pero si empiezo a sumar que los precios suben, que sube el agua, las expensas, el subte y todo, me doy cuenta de que estoy muy abajo de lo que estaba ganando antes, y de que estoy perdiendo mi capacidad de ahorro", dice. Su caso es similar al de Marcelo Kotliar, de 44 años, también soltero y empleado administrativo de una empresa de medicina: "Trabajo hace nueve años en la empresa y en ese tiempo tuve varios aumentos de sueldo, pero como en 2013 ganaba menos de 15.000 pesos quedé exceptuado de Ganancias. Ahora que empecé a pagar, estoy cobrando en mano entre 15.000 y 16.000 pesos, no mucho más de lo que cobraba en 2013", cuenta.

"No digo que no haya que pagar impuestos -agrega-. Pero tampoco que te saquen tanto. Te hace cerrar el bolsillo y más ahora que todo aumentó una barbaridad."

Para quienes pasaron de un día a otro a pagar Ganancias, la noticia de un pequeño ajuste salarial ya no dispara festejos: "Tuve un aumento de sueldo que me implicó pasar de un bruto de 23.700 a uno de 27.000, pero un pago de impuestos de casi 1300, con lo cual me quedan 21.000 en mano y antes 19.600 -cuenta Ernestina, de 39 años, que trabaja en una editorial-. Si consideramos la inflación de estos últimos meses, la pérdida es enorme. Por más que en billetes sea más, en realidad es menos que el año pasado, porque todo aumentó al doble o al triple".

"Sensación de injusticia, de insensibilidad, de poca comprensión de la situación personal, de mucha bronca y ganas de pelearse con el empleador, con el Estado, con los colegas responsables de compensaciones, recursos humanos o liquidación de sueldos." Estas son, según describe Alejandro Melamed, director general de Humanize Consulting, las reacciones habituales de los empleados al recibir recibos de sueldo con esperadas o inesperadas deducciones. De ahí que, advierte, "la mejor manera que tienen las empresas de ayudar a los empleados es brindar asesoramiento impositivo y comunicar con mucha transparencia estas situaciones".

Brenda Barán señala que incluso "hay algunas empresas que suelen hacer paquetes de beneficios para el conjunto de colaboradores que comienza a tributar impuesto a las ganancias y que quizás en el neto quedan igual que sus subordinados" (situación esta última que obviamente enrarece el clima laboral).

Fernanda Arnau integra el área de Recursos Humanos del Centro Médico Integral Fitz Roy y aporta un ejemplo de cómo afrontan los recientes cambios impositivos que afectaron a sus empleados: "Además de ofrecer asesoramiento impositivo, fortalecimos los beneficios a los mandos medios, que fueron los más afectados, lo mismo que a los analistas de sistemas y a algunos médicos que en función de la gran cantidad de horas que trabajan también se vieron muy afectados". Algunas de las acciones implementadas fueron "dar prepaga con un plan alto para todo el grupo familiar, pues antes tenían prepaga individual y un descuento para el grupo familiar. Y para las mujeres dimos un plus por guardería: era hasta los 2 años, y ahora es hasta los 3".

Melamed, finalmente, recomienda tratar de mirar a largo plazo: "He visto cómo muchos empleados pidieron: ¡no me aumenten el salario! Sin embargo, no se dan cuenta de que podrían verse perjudicados seriamente por esta solicitud con el paso del tiempo. Desde mi punto de vista hay que mirar siempre a largo plazo y entender que ese aumento recibido en el "bruto" pasa a conformar su base salarial para todos los efectos (aguinaldo, vacaciones, futuros aumentos, indemnización, jubilación, etcétera). La posibilidad de que nuestro sueldo sea incrementado en el largo plazo siempre significará una buena noticia, aunque en algún momento pueda generar una disminución temporaria de los ingresos".

Marcelo reconoce que se esfuerza para tratar de no perder de vista este enfoque. "Aunque da mucha bronca el impacto de las deducciones en mi bolsillo, sigo creyendo que cualquier aumento o promoción es bienvenido. No tengo pensado que todo esto afecte mi bienestar laboral. En todo caso, lo que da bronca es que lo único que puedo hacer es esperar".

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