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Eurocopa, controles y el fantasma terrorista

PARA LA NACION
Sábado 02 de julio de 2016
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PARÍS.- Desde el comienzo de la Eurocopa, hace dos semanas, los alrededores de la torre Eiffel se convirtieron en una zona de fanáticos del fútbol. El Campo de Marte recibe a cientos de miles de hinchas que tardes y noches se acercan a ver los partidos de este campeonato retransmitidos en directo en ocho pantallas gigantes, entre las cuales hay una de 420 metros cuadrados.

Para acceder, se deben pasar dos filtros. En el primero, la policía nacional y los gendarmes verifican la posible presencia de armas largas y evitan el ingreso de potenciales atacantes suicidas. En el segundo, la palpación es completa: los paraguas, palos y botellas de todo tipo mueren en un contenedor.

En tiempos de terrorismo, el entusiasmo y la alegría que se viven dentro de un predio parisino con capacidad para 92.000 personas sólo son posibles cuando el control y la contención son absolutos. Nada queda librado al azar. Como me explica el subprefecto de la policía Yann Drouet mientras visitamos esta fan zone, el riesgo de un atentado siempre está latente, porque las medidas no son infalibles, pero el objetivo es brindar la mayor seguridad posible y saber intervenir inmediatamente ante cualquier tumulto. En Francia las palabras no se sueltan sin razón. Cuando Drouet habla de "seguridad posible" se respalda en los 1000 policías, los 400 agentes, los 20 inspectores, las 10 empresas de seguridad privada y las 46 cámaras de vigilancia, además de las máquinas de detección de metales, presentes en este gran evento deportivo y festivo, el primero de esta escala desde los atentados de 2015. Adentro funcionan dos puestos de control operacionales en donde una veintena de personas miran pantallas con imágenes de una nitidez asombrosa, hacen zoom sobre las caras o zonas de tumulto, intercambian información y toman decisiones en forma coordinada ante cualquier urgencia. Por ahora, sólo fueron algunos incidentes menores ligados a la suma de calor más alcohol. Acá todos tocan madera.

Durante el recorrido por la fan zone, por donde ya pasaron 800.000 personas, me pregunto si esto no es una especie de laboratorio de cómo se transformarán los eventos masivos frente a la amenaza terrorista. Adentro todo es alegría y festejo -se siente que los parisinos y los europeos necesitan descomprimir un poco en medio de tanta tristeza-, pero siempre y cuando afuera haya doble cinturón de seguridad. "Elegimos continuar con nuestra vida", me explica la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. Esto que suele repetir no es una frase hecha: así como se aferran a lo conocido y deploran las reformas, también saben detectar que frente a la tragedia no queda otra que seguir hacia adelante. Los parisinos no son nostálgicos. Dejan atrás la caída y se levantan. Lo que queda confirmado es la capacidad de esta ciudad para organizar un gran evento en medio de este contexto terrorista, algo no menor en momentos en los que París se candidatea como sede de los Juegos Olímpicos de 2024. De paso, mejora la imagen de una ciudad golpeada: las postales de hinchas en la torre Eiffel dieron la vuelta al mundo a través de las redes sociales. París es una fiesta, al menos durante un mes.

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