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Mariana Cortés: "Siempre tengo necesidad de reinventarme "

Creó Juana de Arco hace 18 años y la transformó en una marca de culto; hoy, tiene una alianza con Liniers y exporta a Japón

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LA NACION
Sábado 02 de julio de 2016
Foto: LA NACION
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Habla de Juana como su fuera una hija. Se deshace en elogios hacia esa criatura que ya tiene 18 años y que no para de crecer. Mariana Cortés, la diseñadora de Juana de Arco y mamá de esa hija textil que fantaseo parir algún día mientras cosía y tejía con su abuela en el campo, ahí en Arribeños, se emociona al ver como Juana, su Juana, se hace grande. Es una madre orgullosa y presente, pendiente de cada detalle. Relajada y amorosa, Mariana sabe que para dejarla crecer hay que sacarla de ese micromundo de colores vibrantes y estampas audaces y dejar que establezca vínculos con otras personas afines, como Liniers, con quien lanzará una línea en la temporada de verano.

-¿Cómo surgió lo de Liniers?

-A Liniers le encanta Juana y mi marido es muy amigo de él, trabajaron juntos. Hicimos algo muy chiquito hace unos cinco o seis años y nos quedó pendiente hacer algo más grande. Hace un par de años que venimos hablando pero yo estaba con otras cosas y no era el momento. Hasta que este año dijimos: "Lo hacemos". Nos metimos dentro de su estudio, a investigar su espacio de trabajo y a sacar contenido. A absorber la paleta de colores, a empaparnos un poco más del contexto de él.

-¿Encontraste puntos en común?

-Él tiene otra paleta; la veo como algo más melancólico, más antiguo. La de Juana es vibrante pero en los dos está muy presente el color. Y en los dos está presente esto del adulto algo aniñado, la ingenuidad. Y está el respeto entre ambos. Nos queremos, hablamos de arte, que es lo que nos une y se plasma en la línea. Me sale muy fácil hacer cosas con Liniers. Juana fluye con él. Como hace todas miniaturas, se me ocurrió hacer gigantografías con sus dibujos. Siempre hay artistas invitados en mis colecciones, me interesa sumar otras miradas. Casi siempre, cuando invito a alguien es porque se que va a salir algo bueno de ese encuentro. Pero a veces pasa que el resultado no es bueno. Como la identidad de Juana la tengo clara, busco gente para nutrirme y sumar.

-¿Y también para no repetirte?

-Puede ser. Pero la gente quiere Juana. Por ejemplo, hago cosas lisas con detalles para las que quieren algo más adulto pero cuando en el perchero les das las dos cosas se llevan lo de los colores. Es un espíritu que está o no en algunas mujeres. Si te animás a entrar y a investigar, a editar, vas a encontrar algo seguro. Como hay tanto contenido, trato de ofrecer un abanico amplio. Son prendas afectivas, la gente tiene un apego con ellas; es el sentimiento que te transmite algo al ponértelo y, aunque no uses más esa prenda, no querés desprenderte de ella. Hay algunas que se transformaron en un hit y la gente las atesora. Juana está muy adaptada al concepto argentino, es algo industrial pero artesanal porque las estampas se hacen a mano. Es un sportwear artesanal. Cada colección me lleva un año y medio. Como Juana no está atada a ninguna moda, a ninguna tendencia, se puede desarrollar con tiempo. Y el contenido que queda lo uso para después.

-Hace años que Juana se vende en Japón. ¿Cómo desembarcó allá?

-Me contactaron en 2005 porque estábamos vendiendo en NY ropa interior y el mentor de HP France, que es la empresa que compró Juana, conoció a Martín Churba, quien lo invitó a venir a Buenos Aires. La secretaria conocía la marca, le arregló una visita al local y se llevó todo. Probaron allá con una tienda pop up y funcionó y ahora hay un local en un barrio muy lindo, como una especie de Palermo pero no tan concentrado. En Tokio está todo. Hay shoppings en todos lados, la calle es la ciudad, se lo pasan en el afuera pero el afuera es como el adentro y hay un exterior muy chiquito pero muy zen, silencioso, tranquilo. Es inagotable; vas a un supermercado y hay millones de variedades de lo mismo. Las calles de Tokio tienen hacia afuera los edificios altos y hacia adentro de las manzanas todo baja y te encontrás con las casitas del Tokio antiguo. Ves a las mamás con los carritos; parece una vida de campo.

-Más allá de lo comercial, ¿estableciste un vínculo emocional con ese país?

-Éste fue mi séptimo viaje, y por primera vez sentí que voy a ver a mi familia. Desde la empresa que me compra hasta las clientas, siento que es algo que me pertenece y ellos se sienten igual. Es muy loco porque yo hablo muy poquitas palabras en japonés y un poco inglés y ellos también tienen un inglés muy básico. No podés profundizar mucho la relación pero la profundizás por otro lado, con una mirada, un regalo; es muy loco. Y por otro lado, en cuanto a la marca, siento que reentienden Juana. Fluye en Japón.

-¿El diseño lo adaptás al gusto japonés?

-Está adaptado un poco al feedback que va llegando. Ellos te hacen una devolución y vamos armando en función de eso. Hay muchas coleccionistas, tienen 50 o 100 prendas.

-¿Seguís estudiando música?

-Ya no, porque Barbarita Palacios, mi profesora, se fue a vivir a Maschwitz. Con ella hacíamos canto, bombo, tambores. Cosas de la tierra. Se fue lejos, yo quería hacer algo con ella, y me costó sustituirla. Era ella. Ahora estoy pintando, estoy muy contenta, encontré una profesora que me encanta y queda cerca porque mis hijos son chiquitos. Le tenía miedo al bastidor, voy poco a poco. Antes de poner Juana estaba pintando pero dejé. Ahora volví porque siempre tengo necesidad de reinventarme, de buscar distintas expresiones artísticas. Me gusta meterme en otros campos para después plasmarlo en Juana. No puedo vivir muchas vidas; entonces, necesito hacer todo en ésta.

-¿Qué lugar ocupa el campo hoy en tu vida?

-Está súper presente, vuelvo siempre. Disfruto mucho del viaje, de la ruta, el horizonte, el verde infinito. Me encanta ir porque todo quedó como detenido en el tiempo. Está todo igual, no cambio nada. El tobogán de la plaza sigue siendo el mismo. Está mi abuela, que cumplió 100 años y le llevé de regalo un tejido de Juana. Y me gusta ir por los chicos, que se encuentran con primos. Hace dos años hice la colección Arribeños, es parte de mí.

-¿Pensaste algo especial para los 20 años?

-No, no pienso mucho. Me gustaría festejar con la comunidad juanera. Y estamos abriendo un local en Palermo, un gemelo, porque es igual al que ya está justo al lado. La idea es mudar el que esta en el shopping y volverlo a Palermo, que es su lugar natural. Son gemelos, pero con 18 años de diferencia.

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