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Diamantes de Ámsterdam

La descontracturada capital holandesa alberga tesoros muy especiales

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LA NACION
Domingo 03 de julio de 2016
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Ámsterdam es una de las ciudades mas eclécticas con las cuales uno se puede encontrar en Europa. Con sus canales y bicicletas; con sus famosas casas de fachadas desiguales que hablan de un pasado comercial; con algunos de los museos más maravillosos -el Rijksmuseum, el Van Gogh-, con el museo-casa de Ana Frank, perenne grito contra el horror. Y también con su sórdida Zona Roja, los coffee shops y tiendas en las cuales uno no puede más que asombrarse y sonrojarse con los artículos puestos a la venta.

Al perderse por sus calles, se descubre que pequeños e inesperados rincones se pueden transformar en pequeñas obras de arte. Otros de los protagonistas de esta pintura urbana son sus habitantes. Gente que va a trabajar vestida con impecables trajes y otra con estrafalarios looks; los que prefieren desplazarse a pie o los que usan modernas patinetas; los que apurados piden perdón y aceleran para llegar con puntualidad nórdica y los que saben que no tienen que llegar a ningún lado y lo demuestran con actitud cansina y mirada ensoñadora.

La naturalidad es parte de lo que sucede y en cuanto a naturalidad quiero decir que cada uno va prácticamente en la suya. Nadie posa una mirada inquisitiva en el prójimo (salvo que se cometa un acto de falta de educación) y cada uno es libre de expresarse a través de su vestimenta sin sentirse ni discriminado ni cohibido.

Debo confesarles que en esta oportunidad lo que era tal vez algo más mundano lo que me llevó a la capital holandesa, conocida por sus tulipanes, sus quesos, sus molinos de viento y -para los amantes de la número 5- por haber inventado el fútbol total de la mano de la Naranja mecánica con Johann Cruyff como estandarte.

Ingresé en este custodiadísimo edificio para conocer algo, en mi afán a veces de ver algo que salga de lo normal y cotidiano. No pensaba que me iba a encontrar durante mi estadía aquí, ya que el centro neurálgico de comercio de este ítem se encuentra del otro lado de la frontera, a casi 160 kilómetros, en un famoso distrito de Amberes, en Bélgica. Estoy hablando de los diamantes.

Simplemente, me habían invitado a estar frente a frente con uno de los diamantes más grandes del mundo.

Nombres como Cullinam, Koh-i-Noor, o el famoso Taylor-Burton -regalo del actor Richard Burton a la actriz Elizabeth Taylor -, ya son verdaderos mitos dentro del mundo de las piedras preciosas.

Así me encontré después de lo que, creo, fue un por demás exhaustivo y riguroso registro personal en una mesa ubicada en el centro de una habitación con cámaras en sus cuatro ángulos superiores, con tres polifemos parados contra las paredes que rodeaban la mesa, esperando que trajeran la susodicha piedra.

Lo que no les conte es que quien me acompañó durante esta experiencia es Antje, una gran amiga, amante de la pintura y gran experta sobre la escuela flamenca. Su libido estaba enfocada en otras áreas que no tenían nada que ver con lo que estábamos realizando en ese momento.

Pero cuando se abrió la puerta de seguridad y apareció el resplandeciente y fulgurante diamante de un tamaño más que respetable, vi a mi compañera de ruta abrir los ojos como platos y dar un suspiro como si estuviese frente a frente con el mismísimo Jan van Eyck.

En ese momento me di cuenta de la fascinación que causan estas elegantes rocas en algunas mujeres.

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