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El show de los arrepentidos sin pasado

LA NACION
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Francisco Olivera
Sábado 02 de julio de 2016
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Los vecinos de Puerto Panal sonríen con sorna cuando se les pregunta por los allanamientos de la semana pasada. Dicen que ese club de campo, destino apacible de los fines de semana de Julio De Vido, estaba demasiado advertido como para que la iniciativa judicial se topara con algo. Sospechan de todo, hasta de la guardia del predio, familiarizada desde hace años con el ex ministro de Planificación. Ese conglomerado inmobiliario de Lima, Zárate, ha dejado ya de ser un reducto silencioso. Hay nuevos inquilinos, no sólo hombres de negocios o ejecutivos de alto rango, y casi a ninguno le molesta ser visto. Por ejemplo, en la casa más sofisticada, sobre las barrancas que dan al Paraná y con el jardín más extraordinario de todos, vive Fabián De Souza, socio de Cristóbal López. La identidad del verdadero dueño de ese inmueble, que los curiosos del barrio atribuyeron en un principio a Máximo Kirchner, a quien veían habitualmente entrar y salir, tampoco está tan clara. Una investigación de la revista Noticias reveló en 2014 que las expensas llegaban a nombre de Osvaldo Sanfelice, socio del diputado.

Son cuestiones que, si vienen al caso, deberá dilucidar el juez Luis Rodríguez, a cargo de la causa sobre supuesto enriquecimiento ilícito de De Vido y cuyos allanamientos se extendieron el viernes de la semana pasada no sólo a los dos domicilios del ex ministro, sino también a la casa de más de 1000 metros cuadrados que Daniel Muñoz, secretario privado de Néstor Kirchner que murió el último 25 de mayo, tenía en Saavedra, Capital Federal.

El universo De Vido es en realidad un tema explosivo para la Justicia: ha puesto en guardia a gran parte del sistema político, incluidos miembros del Partido Justicialista y unos cuantos empresarios de buena reputación. Y parece un asunto difícil de eludir. "Nadie va a contar que tiene un agujero en la media", graficó esta semana Adrián Werthein, presidente del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp), consultado sobre las inquietudes al respecto de algunos de sus pares. Werthein asumió el miércoles, durante un almuerzo en el hotel Alvear, una catarsis delante de varios de los más encumbrados: "No somos todos lo mismo", planteó después a la prensa. Venía de admitir en su discurso que los empresarios habían sido permisivos, indolentes y hasta conniventes con el kirchnerismo, pero insistió en que él no se sentía identificado con "estos señores", entre quienes señaló a Elaskar, Fariña y Lázaro Báez.

La proliferación de medidas judiciales, que se completó esta semana con los allanamientos que Claudio Bonadio ordenó en domicilios de Cristina Kirchner, fue celebrada por algunos miembros de Cambiemos, que expusieron sorpresa por tantos hallazgos de corrupción el martes, en la reunión de gabinete. El estado de distensión que estos avances provocan entre los aliados del Gobierno tiene tal vez una sola excepción, Elisa Carrió, recurrente desconfiada de lo que llama la "corporación política". La diputada se terminó de exasperar el miércoles, cuando se enteró de que Bonadio había decidido allanar casas de la ex presidenta. "Todo está muy raro. Nadie habla más de De Vido porque los empresarios presionan", dijo ese día por Twitter, y se explayó en varios mensajes más. "Nadie habla de los crímenes narco ni de Aníbal Fernández, porque el narcotráfico presiona, amenaza y querella a periodistas", planteó, en alusión a las denuncias que el ex jefe de Gabinete anticipó que haría contra Jorge Lanata, Nicolás Wiñazky, Alfredo Leuco y Luis Majul. "En el medio, algunos y algunas quieren avanzar contra Cristina Kirchner", agregó, y cerró con un cuarto posteo: "¿Será que quieren entretenernos con Cristina para tapar narcotráfico, el crimen organizado y grandes negociados?"

Carrió descree no sólo de los allanamientos de Bonadio, sino de la vasta red de contactos que ha forjado De Vido durante sus 12 años en el centro del poder. Hace muchos años, en una conversación con este diario, un miembro del comité ejecutivo de la Unión Industrial Argentina comparó al ex ministro con aquel administrador infiel de la parábola evangélica que, al enterarse de que va a ser despedido, busca congraciarse con los acreedores de su jefe, de quienes espera buena voluntad para cuando haya dejado el puesto.

Las dudas de Carrió van además en sintonía con una estrategia a mediano plazo que, en voz baja, empiezan a admitir en lo más alto de la Casa Rosada: es imposible pensar en una nueva Argentina sin investigar a los jueces federales. Algunos actores centrales del Poder Judicial parecen estar interpretando las señales. ¿Fue casual, por ejemplo, que Horacio Rosatti, flamante ministro de la Corte, no haya invitado a su jura en el cargo a uno solo de esos magistrados de Comodoro Py? No hay ninguno en la lista. Rosatti le dio ese día tono político a su discurso: no sólo insistió en que los representantes de ese poder del Estado debían pagar el impuesto a las ganancias, sino que resaltó varias veces "el valor del no": rechazos a un sistema al que, recordó, él renunció en 2005, cuando se alejó del cargo de ministro de Justicia por no estar de acuerdo con precios que los organizadores del área -De Vido y José López- avalaban para la construcción de cárceles. La objeción hizo caer la licitación, y de ahí el meollo de su mensaje del miércoles: no llegó siquiera a existir ilícito que denunciar, toda irregularidad debe cortarse desde su raíz.

Carrió teme que una concatenación de allanamientos sobre Cristina Kirchner pueda irritar a los militantes más fanáticos y que haya incidentes justo en la semana del Bicentenario de la Independencia, que el Gobierno prevé de festejos. Pero son sólo suposiciones. Bonadio tiene en general una buena relación con miembros del Gobierno. Y acaba de recibir, por lo pronto, un respaldo tácito del embajador norteamericano, Noah Mamet, que hizo de orador el miércoles por la mañana en el hotel Savoy, durante un desayuno organizado por la Fundación de Estudios Políticos, Económicos y Sociales para la Nueva Argentina (Fepesna), que coordina el juez. Estaban, además de otros magistrados, Rodolfo Daer y José Luis Manzano. Tres horas más tarde, Mamet expuso en el Alvear, en el almuerzo en que Werthein habló de los errores cometidos con el kirchnerismo e instaba a mirar hacia adelante y a emprender una mejor relación con el nuevo gobierno. El embajador volvió a ser medido en las palabras, aunque contestó a una pregunta sobre el Brexit con una interpretación sugestiva para el momento: la gente no comparte el modo en que se están haciendo las cosas en muchos países porque, entre otros motivos, está hastiada de la corrupción. Fue también una velada objeción al sistema. Lo que, en otra escala, el Lava Jato viene provocando en Brasil gracias a la ley del arrepentido. El tiempo dirá si ese instrumento crucial que ya tiene media sanción en el Congreso, largamente resistido por hombres de negocios y políticos, puede aquí convertirse en algo más que, como pasó con Héctor Méndez o Juan Chediak, arrepentimientos mediáticos relativizados horas más tarde en sede judicial.

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