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Benedicto XVI confiesa que desbarató un "lobby gay"

Un libro que saldrá en septiembre reúne una serie de entrevistas al papa emérito en las cuales revela detalles de "las tormentas" de su pontificado

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LA NACION
Sábado 02 de julio de 2016
Benedicto XVI
Benedicto XVI. Foto: LA NACION

ROMA.- Nunca en la historia moderna se había visto a un papa renunciar, como lo hizo Benedicto XVI el 11 de febrero de 2013. Nunca, tampoco, se había visto a un pontífice trazar un balance de su propio gobierno, como ahora hace Joseph Ratzinger en un libro que saldrá dentro de dos meses y que ya está dando que hablar.

Según adelantó ayer el Corriere della Sera, en este libro, un virtual testamento espiritual del papa emérito, hay información más que valiosa sobre esos últimos años difíciles vividos por Benedicto en el trono de Pedro. Y también una revelación: el papa alemán afirma haber desbaratado ese "lobby gay", formado por entre cuatro y cinco personas, que existía en el Vaticano.

En junio de 2013, Francisco había generado gran revuelo en todo el mundo al hablar de dicho "lobby gay", según había revelado el portal chileno Reflexión y Liberación.

Titulado Benedicto XVI. Últimas conversaciones -porque se trata de otro libro entrevista con el escritor alemán Peter Sewald, autor de otras tres obras de diálogos con Joseph Ratzinger (dos siendo cardenal, en 1996 y 2000; en 2010, como papa, Luz del mundo)-, el texto saldrá el 9 de septiembre próximo en todo el mundo.

El Corriere della Sera, que venderá la obra en los quioscos de Italia, destacó ayer en un artículo que el papa alemán -que tiene 89 años y que el martes pasado habló brevemente durante un acto para celebrar el 65 aniversario de su ordenación sacerdotal- responde con el corazón abierto a las preguntas que le hace Sewald. Y por primera vez, sin reticencias, habla sobre su renuncia al papado, sobre la investigación que puso en marcha sobre el "lobby gay" en el Vaticano, así como sobre su sucesor, Francisco, alguien que para él representó una verdadera sorpresa.

Al parecer, al seguir el cónclave desde la residencia veraniega de Castelgandolfo -donde decidió recluirse después de tirar la toalla y antes de irse a vivir al monasterio Mater Ecclesiae, en el Vaticano-, Benedicto había pensado en algunos posibles sucesores. Pero no en Jorge Bergoglio, que fue "una sorpresa" y que le dio una gran alegría al ver cómo rezaba y cómo se comunicaba con la multitud.

En el libro, Benedicto confiesa, asimismo, que habló de su renuncia -la primera de un papa en los últimos 600 años- con muy pocas personas, las de mayor confianza. Y que, después del "VatiLeaks", el escándalo por una fuga de noticias sin precedente desde su despacho, temía que también esa decisión pudiera filtrarse. Explica por qué decidió anunciar su renuncia hablando en latín -temía equivocarse si lo hacía en italiano-; admite que dudó al tomar semejante decisión, acerca de los efectos que ésta habría tenido sobre el futuro del papado y, una vez más, niega haber sufrido presiones o chantajes.

Al margen de hacer un repaso de su vida, con su infancia y adolescencia en la Alemania nazi, en el libro Benedicto XVI vuelve a hacer saber que más de una vez le había pedido a Juan Pablo II poder retirarse de sus funciones en el Vaticano, algo que el papa polaco nunca le permitió. Destaca, además, el sentimiento de "incredulidad" que vivió durante el cónclave de 2005, al darse cuenta de que iba a ser elegido sucesor de Juan Pablo II. Y confiesa que en los primeros días posteriores a la elección, debido a la ansiedad, no podía dormir.

Si bien rechaza la idea o la crítica de quienes lo consideran un papa demasiado académico, concentrado en el estudio y en la escritura, en Últimas conversaciones Benedicto admite su falta de resolución a la hora de gobernar, siempre según el adelanto del diario Corriere della Sera.

En el libro, el papa emérito también habla sobre su intento de reformar el Instituto para las Obras de Religión (IOR), sobre las leyes que promulgó contra el reciclaje de dinero y el escándalo de la pedofilia en el clero.

El papa emérito no oculta las dificultades encontradas a la hora de intervenir para hacerle frente a esa "suciedad que hay en la Iglesia" que había denunciado en las meditaciones del último Vía Crucis de Juan Pablo II.

Revela, finalmente, que tomó apuntes y notas durante el curso de su pontificado sobre diversas cuestiones, aunque advierte que los destruirá pese a su importancia histórica.

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