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Eduardo Frei: "El proceso de integración en América latina no ha funcionado"

El ex presidente de Chile y actual embajador para Asia-Pacífico cree que el modelo de su país no es replicable, pero que puede ser facilitador de la Argentina ante el mundo oriental

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LA NACION
Domingo 03 de julio de 2016
Foto: LA NACION / Daniel Jayo
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En la ciclotímica relación bilateral con Chile parece haber llegado el tiempo de una etapa amistosa. Eduardo Frei cree que "el proceso de integración en América latina no ha funcionado" y, aunque se esmera en sacar a su país del cuadro de alumnos destacados -dice que el de Chile no es un modelo replicable porque cada nación tiene su estructura-, ofrece a su país como facilitador e interlocutor privilegiado de la Argentina ante el mundo oriental, gracias a la experiencia acumulada desde los 90. El ex presidente chileno y actual embajador en misión especial para Asia-Pacífico viajó a Buenos Aires para participar de un seminario sobre la "convergencia en la diversidad" entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico (el bloque que forman Chile, Colombia, México y Perú), en la Fundación ICBC, y se entrevistó con Mauricio Macri. Frei le transmitió al Presidente que Chile "está disponible para trabajar en conjunto" y que ambos países "están en condiciones de concertar una integración energética ya".

-¿Cómo se hace para recuperar la confianza en la Argentina y diseñar planes conjuntos para el sector energético?

-El día que entró el gas argentino a Chile, el presidente Menem destacó: "Los hermanos chilenos tendrán gas argentino". Cuando terminó de hablar, le dije que tal vez en unos años seríamos nosotros los que les venderíamos gas. La respuesta fue una risotada general de los presentes, incluidos los empresarios. Hace poco, cuando Chile le mandó gas a la Argentina, los medios de mi país recordaron el episodio. Estamos mandando gas por dos gasoductos, tenemos siete en total. También electricidad en el Norte, entre Antofagasta y Salta. Representantes de ambos países están pensando en una integración energética. Las crisis del sector perjudican a los países, como ocurre con la Argentina o pasó con Chile. La Argentina tuvo años de falta de inversión en energía y hoy están muy complicados con ese tema.

-Su última visita a la Argentina fue hace un año, en medio de la campaña presidencial. ¿Qué diferencias encuentra?

-Siempre los climas electorales son muy especiales. Después de 12 años de gobierno de un sector, el clima electoral era fuerte. Lo que más me entusiasma -y es el origen de esta visita- es hablar de Asia-Pacífico. Soy embajador para esa zona y me invitaron para exponer sobre lo que estamos haciendo y cómo eso se inserta en una relación más estrecha de Chile con la Argentina en función de la construcción de la Alianza del Pacífico (AP). Macri pidió la incorporación de la Argentina como observador y otros países del Mercosur, como Paraguay y Uruguay, ya expresaron su interés y negocian un tratado con Chile. Hay múltiples oportunidades para aprovechar. Hicimos la apuesta en los 90 y, cuando partimos, en Chile mucha gente consideraba que estábamos enfermos de la cabeza porque íbamos a Asia.

-¿Cómo se transforma la decisión de un gobierno en política de Estado? En nuestras sociedades el mundo empieza junto con cada nuevo gobierno...

-América latina no escapa de eso. Cada cierto tiempo vemos actores que llegan y creen que son los salvadores de la patria. Ocurre que todos los tratados comerciales que firmamos -en el gobierno del presidente [Patricio] Aylwin se firmó uno y a partir de 1994 partimos fuerte- fueron aprobados por el Congreso. Eso también ayuda a que cuando los proyectos llegan ahí pasan sin dificultad, porque los parlamentarios participaron en las discusiones e hicieron observaciones que se fueron incorporando.

-¿Cómo lograron llegar a eso?

-Al principio hubo un momento de mucha oposición y temores, pero se despejaron en la medida en la que fuimos avanzando con la Unión Europea, los Estados Unidos, casi todos los países de América latina y del Norte. Hoy tenemos más de 60 acuerdos comerciales con el 65% del PBI del mundo; el PBI per cápita pasó de US$ 3000, en los 90, a los US$ 22.000 de hoy. Eso, en gran medida, lo construimos con los acuerdos internacionales. Hoy, en Chile, millones de empleos dependen de las exportaciones.

-Eso es el aspecto positivo de los acuerdos, ¿pero cuál fue el costo social? ¿Es un modelo replicable en la Argentina?

-Chile no es un modelo replicable. Cada país tiene su estructura. Por ejemplo, nosotros hemos sido históricamente una nación minera; la Argentina, un país agrícola. Son realidades absolutamente distintas.

-Cuando asumió como presidente dijo que uno de sus principales objetivos era lograr desarrollo con equidad. ¿Lo logró o sigue siendo una materia pendiente para Chile?

-La distribución del ingreso es un problema que afecta a la mayoría de los países de América latina, pero si compara el Chile de los 90 y el de hoy, hay millones de personas que llegaron a la educación superior, que tienen segunda vivienda y que aumentaron mucho la cantidad de autos y celulares. En los 90 había 43% de pobreza. Cuando asumí, 38%. Cuando terminé mi mandato [2000], 21%. Hoy, distintos informes internacionales muestran que estamos en un dígito. Hay un problema de expectativas y oportunidades. La gente quiere que todos sus hijos vayan a la universidad, y la gran promesa de la presidenta [Michelle] Bachelet con su reforma educativa es la gratuidad para los que no pueden pagar, que haya equidad, terminar con la desigualdad.

-¿Sigue siendo una deudapendiente?

Es una tarea inconclusa, ¿pero qué país puede decir que no tiene problemas de desigualdad? Ninguno. Hoy casi el 60% de nuestro PBI está en el comercio exterior y los servicios, lo que significa que Chile se transformó en una plataforma de servicios y logró disminuir la dependencia de las exportaciones de un sector -la minería- que depende de los precios internacionales.

-¿Y qué pasó con la inversión?

-Hace 20 años, las empresas chilenas no tenían inversión alguna en el extranjero; hoy llevan invertidos unos US$ 100.000 millones en América latina. Esta aventura y el ingreso a la globalización fue una decisión que mantuvieron todos los gobiernos desde los 90.

-Casi en la misma medida en la que genera expectativas, Asia-Pacífico despierta temores por una posible "invasión" de productos y de mano de obra. ¿Se puede negociar en igualdad de condiciones con gigantes como China?

-En un mundo global, el producto y las tecnologías llegan. Además se ve el avance de los países asiáticos en todos los sectores. Los chinos son la segunda economía del mundo: producen 20 millones de autos y exportan 6 millones con la categorización eurozona. Un país pequeño como el nuestro frente a esos gigantes tiene que buscar las condiciones para que no se produzca esa invasión. En Chile no tuvimos invasión de chinos, sino de empresas chinas. La Cámara de Comercio Chile-China tiene más de 500 empresarios de todos los rubros instalados en el país. Hay muchas firmas que se establecen en Chile para fabricar vinos y exportarlos al Asia. Si usted se arrodilla, pasan a llevárselo. Pero los grandes países son los que fijan las reglas de los mercados.

-Los principales socios comerciales de Chile son China, Japón y Corea del Sur, mientras que en los 90, Brasil y la Argentina ocupaban el 3° y 4° puesto. ¿Pasó por inacción de la Argentina y Brasil?

-Mi padre, que fue presidente en 1964, fue uno de los impulsores del Pacto Andino, junto con los mandatarios de Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. La gran obra del Pacto Andino es la Corporación Andina de Fomento (CAF), que hoy es un banco como el BID. Es lo único que quedó. ¿Qué integración hay entre los países? Ninguna. El proceso de integración en América latina no ha funcionado. Al final terminamos todos, de a uno, peleando en todas partes, y eso es lo peor para una región. Tenemos que acordar entre nosotros porque hay oportunidades, pero tiene que haber una conciencia de lo que está pasando en el mundo sin culparnos por lo que pasó o dejó de pasar, revisar las experiencias y ver qué chances tenemos para trabajar en conjunto.

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