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Máximo poder: las mujeres van por las riendas de las grandes potencias

Hillary Clinton y Theresa May podrían sumarse a Merkel como líderes de tres de los cinco Estados más influyentes

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LA NACION
Sábado 02 de julio de 2016

PARÍS.- La primera mujer dirigente de la Historia, según los registros, fue Ku-baba, que guió con mano de hierro la ciudad-Estado mesopotámica de Ur, alrededor de 2500 AC Pero unos 500 años antes, existía un inmenso reino gobernado por soberanas egipcias. Esto demuestra que, aunque siempre hubo mujeres en el poder, la perspectiva de que Estados Unidos y Gran Bretaña se sumen en pocos meses a los 23 países gobernados actualmente por mujeres sigue llamando la atención, incluso preguntarse si son capaces de cambiar el mundo. Para bien o para mal.

El interrogante es legítimo por una razón fundamental: si Hillary Clinton ganara las elecciones presidenciales norteamericanas de noviembre y la conservadora Theresa May fuera designada primera ministra de Gran Bretaña en septiembre, tres de las principales potencias del mundo estarían gobernadas por mujeres. La tercera es Alemania, donde la canciller Angela Merkel dirige los destinos de su país sin interrupción desde 2005.

Insistiendo un poco más en el uso del potencial, se podría decir que un cuarto episodio inédito podría sumarse al avance femenino en la política: la elección de una mujer al frente de la Organización de Naciones Unidas (ONU), a partir de noviembre, por primera vez desde su creación en 1945.

La importancia reside en la magnitud de los Estados u organizaciones que esas mujeres estarían llamadas a dirigir; no en el número, que permanece estable desde hace varios años. Hay 193 países miembros de Naciones Unidas, dos Estados independientes, algunos otros declarados de facto y cantidad de territorios autogobernados.

Sin contar las dos monarcas reinantes, en Dinamarca y Gran Bretaña -que en realidad no gobiernan-, hay en la actualidad 11 presidentas y siete primeras ministras. Pero, excepto por Michelle Bachelet en Chile, Dilma Rousseff en Brasil (suspendida por 180 días) y Merkel en Alemania, ¿quién lo sabe?

¿Quién conoce a la presidenta de Lituania, Liberia, Malta, Nepal, Corea del Sur o Taiwán? ¿O a las jefas de gobierno de Noruega, Namibia, Bangladesh o Polonia? ¿Quiere decir esto que las mujeres a cargo de la pesada tarea de gobernar son anodinas o incapaces de hacerlo en forma diferente de los hombres? ¿O, justamente, igual que los hombres?

Para antropólogos, sociólogos, psicólogos y especialistas varios, los hombres y las mujeres tienen idénticas cualidades, con variaciones individuales, pero no esenciales en términos de naturaleza sexuada masculina o femenina. Pero los determinismos culturales persisten.

"La verdadera igualdad existirá el día en que una mujer tan incompetente como un hombre acceda a las más altas funciones del Estado", solía decir la escritora francesa Françoise Giroud.

La broma revelaba, sin embargo, algo verdadero: siempre se espera que una mujer sea totalmente perfecta para acceder al poder, mientras que se perdona a un hombre cantidad de incompetencias e incluso de gaffes.

Sucesión

Piense por un momento el lector que siguió los avatares del Brexit si por fortuna una mujer, sosías del extravagante ex alcalde de Londres Boris Johnson, hubiese podido llegar a los mismos extremos de improvisación e irresponsabilidad. Tanta, que fue capaz de llevar a Gran Bretaña al borde del abismo, acompañado por los aplausos de más del 50% del electorado.

Ahora probablemente le toque a Theresa May reparar los daños. Y si la actual ministra de Interior británica se ha transformado en la preferida entre los candidatos conservadores para reemplazar al primer ministro David Cameron es por una razón, que regresa sin cesar: su capacidad de trabajo, su seriedad y su falta de coquetería.

"Su única extravagancia son los zapatos", insisten sus biógrafos.

"Yo no salgo a fiestas, no tengo diversiones particulares? Lo único que sé es trabajar", dijo esta semana ante sus colegas parlamentarios, que la aplaudieron de pie. ¿Es posible imaginar una declaración similar de parte de un hombre, presentando su candidatura?

Es verdad, el camino hacia la cima es más exigente para las mujeres. Pero todos los especialistas lo afirman: prácticamente no hay diferencias en el ejercicio del poder.

"El argumento «las mujeres son más sensibles y más humildes» es un enorme cliché al cual no adhiero. Para llegar a la más alta esfera del poder, una mujer necesita aferrarse. Imposible imaginarla dulce y gentil con los adversarios. La política es feroz", estima el historiador François Durpaire.

La permanencia en el poder de la canciller Merkel; de la ex primera ministra Margaret Thatcher; la carrera de Hillary, y de tantas otras dirigentes de primer plano parece demostrarlo. Como sus pares masculinos, en el aciago camino hacia la cima, unas y otras han tenido que abandonar -e incluso traicionar- a amigos y enemigos.

"La idea de que los hombres son más agresivos y más arriesgados es una concepción profundamente «biologista» y difícilmente aceptable", afirma por su parte Jennifer Lawless, de la American University's Women and Politics Center.

Para algunos expertos hay, sin embargo, una diferencia: la mirada que mujeres y hombres portan sobre un número determinado de cuestiones. Las mujeres pueden focalizarse sobre temas sociales que no son particularmente atractivos para sus pares masculinos.

"Lógicamente se podría imaginar que las mujeres son más sensibles a la idea de paridad o a la articulación entre vida profesional y familiar. Pero no mucho más", afirma el especialista británico en gobernabilidad Laurel Stone.

La gran antropóloga francesa del género, Françoise Héritier, ha pasado su vida afirmando que no hay diferencia fundamental en la manera de gobernar entre hombres y mujeres. A su juicio, lo que la gente espera de los políticos es la capacidad de pensar situaciones determinadas y dar las respuestas adecuadas.

"En otras palabras, no apretar el botón rojo y lanzar el arma atómica si no hay necesidad", dice. Y concluye: "Como en el caso de Golda Meir o Margaret Thatcher, las mujeres dirigentes demuestran, y los hechos lo confirman, que no son particularmente tiernas en el ejercicio del poder".

Duras y perseverantes

Tres damas que desde hace décadas conocen los juegos de poder

Angela Merkel: la canciller de hierro

Profesión: química

Edad: 61 años

Foto: LA NACION

En 2005 se convirtió en la primera mujer en ser designada canciller de la república. Desde entonces es considerada la mujer más poderosa del mundo, calificación que se ha ganado por su protagonismo en la gestión de varias crisis regionales y globales, como el crack financiero de 2008, la bancarrota de Grecia y, más recientemente, la ola de refugiados que desataron los conflictos bélicos en Medio Oriente y Siria. Merkel intenta diseñar una salida sin traumas de Gran Bretaña de la Unión Europea, luego del referéndum en el que lo británicos se inclinaron por el divorcio con el bloque.

Hillary Clinton: quiere la llave del Salón Oval

Profesión: abogada

Edad: 68 años

Foto: LA NACION

En 2008, y contra todos los pronósticos, el entonces poco conocido senador Barack Obama sepultó los sueños de Clinton de alcanzar la nominación demócrata a la presidencia norteamericana para, eventualmente, convertirse en la primera mujer en liderar a la superpotencia económica y militar. Ocho años después, en los que sumó experiencia al conducir de 2099 a 2013 la diplomacia norteamericana, Hillary peleará con Donald Trump el derecho a ocupar el Salón Oval en los comicios de noviembre próximo, con alta posibilidades de hacer historia como lo hizo Obama.

Theresa May: la favorita de los tories

Profesión: geógrafa

Edad: 60 años

Foto: LA NACION

La actual ministra del Interior de Gran Bretaña, una de las principales colaboradoras del primer ministro, David Cameron, es la favorita a reemplazar a su jefe tanto en el liderazgo del Partido Conservador como en el gobierno británico. La renuncia de Boris Johnson -uno de los ganadores tras el voto favorable al Brexit- a pelear la jefatura y el poder impulsó de forma meteórica las posibilidades de May, cuyo principal rival es Michael Gove, el ministro de Justicia y hasta el jueves máximo aliado de Johnson al que le quitó su apoyo para buscar él ingresar en el 10 de Downing Street.

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