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De la naturaleza hostil al fanatismo

LA NACION
Sábado 02 de julio de 2016
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Bangladesh ha estado tradicionalmente asociado en el imaginario a la pobreza y la superpoblación, dos males que se mitigaron relativamente con mejoras en salud y educación. De allí también surgió el Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, el fundador de un banco destinado a las mujeres campesinas que les dio nuevas libertades y que hizo escuela en todo el mundo.

La naturaleza no da respiro en un país azotado por ciclones devastadores e inundaciones bíblicas, mientras que el factor humano añadió su cuota de horror en los últimos dos años con una legión de combatientes islamistas que responden a diversas agrupaciones armadas. Pero la paz no fue nunca una característica de esta nación fundada en 1971 como desprendimiento político de Paquistán, que a su vez se soltó de la India en la partición de 1947 que separó a hindúes y musulmanes, al costo de cientos de miles de vidas que cruzaban de un lado al otro de la frontera en un desgarramiento que Gandhi intentó prevenir.

Después de años de gobiernos militares, la democracia se instaló en 1990, pero la vida política no dejó de ser volátil y una ola islamista se abrió paso en 2013. Desde entonces más de 20 personas murieron a manos de jihadistas. Muchas víctimas fueron atacadas con machetes y algunas fueron decapitadas, el sistema de brutal primitivismo que popularizó Estado Islámico (EI) con sus rehenes extranjeros. El ataque de ayer al restaurante, con armas pesadas y toma de rehenes, alcanzó una nueva escala.

Algunas de estas acciones, dirigidas contra blogueros ateos, intelectuales y otros supuestos enemigos del islam, fueron reivindicadas por EI y Al-Qaeda. Pero el país tiene su propia cosecha de integristas armados, y según el gobierno son estas agrupaciones domésticas, y no las famosas franquicias internacionales, las culpables más asiduas.

La primera ministra Hasina Wazed, incapaz de frenar la violencia, prefiere responsabilizar a la oposición y a las víctimas de atraer su propia perdición: "No considero que esos escritos (de blogueros y críticos) sean libres pensamientos, sino sucias palabras. No es para nada aceptable si alguien escribe contra nuestro profeta y otras religiones".

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