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Dos momentos teatrales del mismo autor

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PARA LA NACION
Domingo 03 de julio de 2016
Roly Serrano
Roly Serrano. Foto: LA NACION / Prensa
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Beckett vs. Beckett / Autor: Samuel Beckett / Dirección: Omar Aita; Rubén Pires / Intépretes: Roly Serrano; Marina Tamar / Vestuario y diseño de espacio: Carlos Di Pasquo / Luces: Myriam Selhi / Duración: 60 minutos / Sala: El Tinglado, Mario Bravo 948 / Funciones: Domingos, a las 16.,Beckett vs. Beckett.

Nuestra opinión: buena

Dice Peter Brook en El espacio vacío que cuando atacamos a Samuel Beckett por su pesimismo, nos convertimos en personajes atrapados en una de sus escenas. En cambio, si aceptamos sus afirmaciones tal como son, repentinamente todo se transforma. Si lo dicho nos representa o define lo que fuimos o lo que creímos ser, si se separa del yo para cobrar una entidad observable es la línea que une a dos obras cortas del autor irlandés que dos directores, Ruben Pires y Omar Aita unieron en el espectáculo Beckett vs. Beckett en las tardes de domingo del Tinglado.

Pires, inmerso desde hace tiempo en la obra del Premio Nobel 1969, estrenó Esperando a Godot en 2015 y este año Beckett y el mundo de las abejas (en cartel en La Comedia). Junto con Hugo Halbrich tradujo y adaptó No yo, escrita en 1972. Son alrededor de 20 minutos en los que el espectador solo verá la boca fluorescente de Marina Tamar articulando un discurso en tercera persona, el de una mujer silenciada que se larga a hablar en catarata de palabras a través de una boca objeto despersonalizada. No hay personaje sino un relato sin dueño, compulsivo, perdido en la oscuridad.

Dirigida por Aita (que también realizó una puesta de Esperando a Godot, en el Centro Cultural de la Cooperación, en 2007), la segunda obra, de 40 minutos, es La última cinta de Krapp (1958), momento que se abre a partir de una tenue luz sobre un escritorio cubierto con cajas, un magnetófono y la presencia del cuerpo vencido de un hombre desvencijado. El Krapp de Roly Serrano (que quizá para algunos compita con aquel que interpretara Walter Santa Ana en el San Martín, con dirección de Juan Carlos Gené, hace siete años) es un viejo abandonado de cualquier práctica cotidiana que revuelve cosas en los cajones, carraspea, mastica dos bananas con lentitud y detiene el tiempo, hasta ir en su búsqueda cuando decida escuchar una cinta grabada por él mismo cuando tenía 39 años.

Aquel Krapp tenía otro tono, otra memoria, otro relato y quizá todavía alguna ilusión acerca del amor. El actual, el que escucha, se enfrenta a lo que fue (o a lo que, en realidad, decía ser entonces) y aun a su pesar y su desgano, sufre. Esta materialidad del recuerdo, vivo en ese cuento del pasado atravesado por la decadencia, es la que expone la actuación de Roly Serrano, plagada de insondables silencios interrumpidos por esa voz de ayer y de hoy que ya no es la misma ni del mismo hombre. Aquello incapturable para siempre es lo que permanece en la escena. No hay manera de volver atrás ni de retener lo que fuimos, solo quedan palabras y un viejo soñándolas, como arena entre los dedos.

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