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Saltimbanquis: un gran juego al que están invitados grandes y chicos

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PARA LA NACION
Domingo 03 de julio de 2016
El colorido elenco que acompaña una historia divertida y con mensaje
El colorido elenco que acompaña una historia divertida y con mensaje. Foto: LA NACION / Patricio Pidal /AFV
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SALTIMBANQUIS / Libro: Sergio Bardotti / Música: Luis Bacalov / Adaptación original: Roberto Palandri / Versión y dirección: Pablo Gorlero / Intérpretes: Mariano Mazzei, Julián Rubino, Magalí Sánchez Alleno, Laura Silva, Agustín Maccagno, Mariel Rueda, Sheila Saslavsky, Francisco Tortorelli, Nicolás Cúcaro y elenco / Dir. musical: Martín Bianchedi / Escenografía: Marcelo Valiente / Iluminación: Ricardo Sica / Vestuario: Gustavo Calandra y Claudio Hock / Coreografía: Verónica Pecollo / Dir. asistente: Gonzalo Castagnino / Coach niños: Maite Giribaldi. Teatro: Regio, Córdoba 6056 / Funciones: sábados y domingos, a las 15 / Duración: 75 minutos. Nuestra opinión: Muy buena

Un burro, un perro, una gata y una gallina. No hace falta mucho más para contar una buena historia, esta buena historia. Basada en el cuento Los músicos de Bremen de los hermanos Grimm, Saltimbanquis vuelve a escena de la mano del director Pablo Gorlero, quien quiso rescatar el mensaje de amor a la libertad que tiene la obra. Pero no se trata de una libertad egoísta, sino colectiva, de grupo, de amigos; de esos que se juntan para hacerse fuertes, para protegerse y para divertirse a lo loco. Por ahí -más o menos- va este precioso Saltimbanquis que estalla cada fin de semana en el Regio. Y lo de estalla es casi literal, ya que con el invalorable apoyo que un energético ensamble de chicos, la obra levanta en color, acción y emotividad. Hay actores adultos también, que son los que de hecho llevan el mayor peso narrativo de la historia: están lo que interpretan a Burro, Perro, Gata y Gallina y los que se ponen en la piel de sus antipáticos dueños, los verdaderos causantes de todo este embrollo. Es que con sus maltratos prácticamente expulsan a sus bichos de las casas. Uno pega, otro humilla, otra ordena y la última, simplemente, olvida. Un desastre de dueños que representan todo lo malo que hay por ahí, dando vueltas y que acecha. Sin un futuro alentador, estos cuatro hermosos animales huyen buscando algo mejor y lo encuentran al encontrarse. Juntos se las ingenian para sobrevivir cantando y contando el uno con el otro.

Saltimbanquis tuvo su pasado de gloria con esos seguidores (que ya crecieron) que ahora traen a hijos y sobrinos a vivir este presente arrollador, con canciones contagiosas -de esas que los chicos piden a la salida-, adaptadas con un cariño notable por Martín Bianchedi. Y ahí está el fuerte de esta comedia musical para chicos, precisamente en una música que le va dando cuerpo a las historias. Durante más de una hora, el ritmo no decae sino que tracciona hacia adelante, hacia la próxima escena.

Lo del cariño en cada detalle es un punto en común en todos los aspectos del trabajo, ya dijimos lo de la música, pero también está en la escenografía, en la coreografía, en el vestuario, en la iluminación y en la dirección de actores (grandes y chicos). Todos se cohesionan en una puesta absolutamente lúdica, donde cada parte se completa con la de al lado, como si fuese un rompecabezas enorme.

Los cuatro protagonistas (Mariano Mazzei, el Burro; Julián Rubino, el Perro; Magalí Sánchez Alleno, la Gata, y Laura Silva, la Gallina) están ajustadísimos en sus roles, pero es difícil no destacar el trabajo de Mazzei, que brilla con su Burro; sólo le basta un gesto para meterse a la platea en el bolsillo, y más aún cuando canta o baila. Con Laura Silva y su Gallina pasa algo más o menos parecido.

Saltimbanquis es un gran juego al que todos están invitados, grandes y chicos. Aunque son estos últimos los que mejor lo entienden, los que no tienen dudas de por dónde viene la cosa; sólo hace falta que los grandes se relajen un poco y se dejen contagiar para que disfruten como si midieran poco más de un metro, otra vez.

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