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Un maná que sale de la pantalla

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LA NACION
Domingo 03 de julio de 2016
Guilherme Winter (Ramsés) y Sergio Morone (Moisés), los protagonistas de la novela del momento
Guilherme Winter (Ramsés) y Sergio Morone (Moisés), los protagonistas de la novela del momento. Foto: LA NACION / Telefe
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Moisés y los diez mandamientos se estrenó en Brasil el 23 de noviembre de 2015, pero su primer triunfo se produjo seis meses antes de esa salida al aire. Desde ese momento no dejó nunca de ganar. En su país y también fuera de él.

No fue una planilla de rating el testimonio de aquel éxito inicial, sino un boicot. El 17 de marzo de 2015 el comienzo de otra telenovela desataba una polémica furibunda. Esa noche, apenas iniciado, el primer episodio de Babilonia (la flamante apuesta para el horario central de la hasta allí imbatible Rede Globo) mostraba un beso entre dos mujeres ancianas, interpretadas por Fernanda Montenegro y Nathalia Timberg. Todo Brasil habló desde ese instante del "#beijaço" entre dos venerables actrices de 85 años, leyendas vivas del espectáculo de ese país.

También lo hicieron el Frente Parlamentario Evangélico del Parlamento y varios líderes de esa corriente, pero con una furiosa carta de repudio y un llamamiento al boicot, tomado al pie de la letra por millones de cristianos. Desde entonces, Babilonia empezó a retroceder y llegó a perder la tercera parte de la tradicional audiencia que las novelas de Globo obtienen en el prime time. Lo que nunca imaginaron los parlamentarios evangélicos es que la derrota se completaría con la ayuda explícita y literal de la Biblia. Pocos meses después, Moisés y los diez mandamientos rompió un invicto de cuatro décadas. Desde la década del 70, Globo no perdía con sus novelas en el prime time televisivo. Esta vez sucumbió ante una historia inspirada en cuatro libros del Antiguo Testamento: Éxodo, Deuteronomio, Levítico y Números.

Como observó en su momento Juan Arias desde las páginas de El País, esa victoria jamás podría explicarse solamente a partir del respaldo del público evangélico. Una corriente muchísimo más grande abrazó esta historia, que no hacía más que redescubrir en clave de telenovela una historia conocida por todos. La Biblia "es la gran novela de la humanidad, con sus derrotas y sus victorias, su deseo de liberación, y, al mismo tiempo, la constatación de que la vida no es más que un puñado de arena que se escurre con asombrosa rapidez por las rendijas del tiempo", apunta Arias.

Ese primer gran triunfo de la teledramaturgia bíblica fue solo brasileño. El siguiente trascendió sus fronteras. Moisés y los diez mandamientos comenzó su camino en Telefé el lunes 28 de marzo de este año. El mundillo televisivo local comenzó a ver este fenómeno con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Pero con los antecedentes del país vecino y la solidez de la producción, la apuesta tenía más probabilidades de superar la prueba que de fracasar. Y así ocurrió.

La historia de Moisés narrada en esta novela es la misma que cuenta la Biblia. Pero el camino que lo lleva a convertirse en el conductor de la liberación del pueblo elegido por Dios de la esclavitud egipcia y su travesía hacia la Tierra Prometida tiene, sobre todo, el atractivo irresistible de su configuración televisiva. Moisés y los diez mandamientos es un gran espectáculo de genuina estirpe de telenovela. Y con la minuciosa producción que caracteriza a las grandes telenovelas brasileñas. Como dice Arias, la historia posee "todos los ingredientes de la mejor literatura mundial: intriga, erotismo, misterio, violencia, traiciones, ternuras y crueldades, ángeles y demonios".

La adaptación supera todas las pruebas, sobre todo la del tiempo y la de los condicionamientos que podrían surgir de una lectura pensada con exclusividad para los creyentes. El Moisés que se muestra aquí no es el mismo de la catequesis infantil o juvenil. Se acerca mucho más, como se comprobó a partir de su éxito en Brasil, a los debates contemporáneos sobre identidades comunitarias, corrupción en el poder, traiciones e intrigas políticas, como también apuntó Arias en su análisis del fenómeno.

No hay manera de evitar una mirada política y religiosa del acontecimiento. La Rede Record es la expresión televisiva de la poderosa Iglesia Universal del Reino de Dios, máxima manifestación de la corriente cristiana pentecostal en América latina. Con la ayuda de la consigna "Pare de sufrir", sus predicadores han logrado extender con fuerza su mensaje y sus rituales (llenos de apelaciones, trances y puestas en escena) por toda América latina, incluyendo por supuesto a la Argentina. En Brasil, su influencia es tan grande que hasta se afirma que maneja en las sombras buena parte de los movimientos del actual presidente Michel Temer.

Pero el efecto televisivo de semejante conducta resulta todavía más contundente. Lo que parece haber logrado esta novela es la resurrección de cierto espíritu conservador que identifica desde siempre a la TV abierta, sobre todo a través de las telenovelas clásicas. La Red Globo, por cierto, no es ajena a esa idiosincrasia más bien tradicional en términos de estrategias de producción y perfiles de programación. Pero siempre se permitió muchas más innovaciones y audacias en sus ficciones.

Eso explica que en Brasil el conflicto haya adquirido un tono tan virulento. Al respaldar en su momento el boicot contra Babilonia, el pastor pentecostal Silas Malafaia acusó a Globo de funcionar como "el principal sostén de la inmoralidad y la homosexualidad en Brasil". La respuesta desde ese sector a una serie cuyo título, además, tenía visibles resonancias ligadas a la antigüedad clásica fue Moisés y los diez mandamientos, el hito más contundente de un camino que Record viene construyendo desde 2010. Ese año apareció el primer testimonio de la teledramaturgia bíblica, la miniserie La historia de Ester (10 capítulos). Le siguieron a lo largo de los cuatro años siguientes Sansón y Dalila (18), José de Egipto (24), Rey David (30) y Milagros de Jesús (35). El colofón de ese recorrido es Moisés y los diez mandamientos, con 176 capítulos en su primera temporada y 66 en la segunda, costos de producción cercanos a los 200.000 dólares por episodio, 28 escenarios trabajados hasta el mínimo detalle (el más imponente es una ciudad de 7000 metros cuadrados), rodajes con cámaras digitales en exteriores brasileños, chilenos (el desierto de Atacama) y egipcios, y efectos visuales para la apertura del mar Rojo a cargo de la firma que trabajó en The Walking Dead.

Dos de sus estrellas, Guilherme Winter (Moisés) y Sergio Morone (Ramsés), serán los grandes invitados de la reaparición, esta noche, de Susana Giménez. ¿Seguirán en Buenos Aires mañana, fecha prevista para el último capítulo de la segunda temporada de Moisés y los diez mandamientos? La expectativa en Brasil es enorme, pero no habrá tiempo para saborear ese éxito. Pasado mañana, Rede Record estrenará Josué y la Tierra Prometida, la novela con la que continúa la travesía. Hay teledramaturgia bíblica para un buen rato. También en la Argentina.

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