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Telescópica, la nave desguazada que apareció en el under porteño

Javier Bustos y Julián Galay presentaron su obra,que incluye instrumentos reciclados y variados objetos

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PARA LA NACION
Domingo 03 de julio de 2016
Un dúo particular
Un dúo particular. Foto: LA NACION / Gza. Tatiana Mazú
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Situado en el barrio de Boedo, Bonus Track es una bienvenida adición al concepto de espacio hecho a medida para conciertos intimistas, distintos, que empezó a rodar por San Telmo con Una Casa hace más de diez años, aunque se remonta a la legendaria Age Of Communication del bajo porteño. A diferencia de la sala, la idea de espacio permite al público deambular por habitaciones, conversar y tomar una copa de vino, mientras los músicos preparan su performance fuera de foco, como parte integral de una celebración. Esto es lo que facilita que propuestas como la de Julián Galay y Javier Bustos lleguen al público sin mediaciones, como la distancia y el presupuesto de espectáculo que acompaña a toda sala convencional. La propuesta del dúo, huelga decirlo, dista de cualquier convencionalismo.

Inspirada en igual medida por Harry Partch, en la manufactura de instrumentos reciclados con fragmentos o descartes de objetos, y por Dos hombres orquesta de Mauricio Kagel, en la idea de obra intervenida, Telescópica es tanto una estructura musical como una pieza de improvisación pensada para evolucionar en el tiempo. La estructura, apoyada sobre una mesa, en el esquinero de una habitación en forma de L (un hallazgo que permitió desdoblar la acústica, así como entregar dos perspectivas de una obra basada en el contrapunto), consta de una pirámide de caños de PVC, con micrófonos en la base y gadgets preparados para manipular sonidos y batir láminas de diverso material (trozos de cinta métrica, papeletas, papel film), abrochadas por sensores en la cúspide. De los extremos de esta especie de nave desguazada, en la proa y en la popa, pendían dos tablillas de madera enhebradas por una cuerda de bajo, como mástiles de un lutier renacentista. Al frente, dos carcasas que alguna vez fueron cargadores de joystick sostenían un par de antenas de televisor. Sólo faltaba la presencia de los dos Frankenstein, que abordaron la criatura de chatarra munidos de micrófonos y arcos de violín.

A los que conocen a Galay de Ensamble Chancho a Cuerda, o por sus composiciones de cámara, esta faceta les resultará como un sorprendente salto al vacío, surgido de un encuentro con Bustos, cuyo proyecto Aerodrones (instalaciones armadas con tubos y globos de helio) lleva un par de años moviéndose en las sombras del under. Acciones como la frotación y la instigación son una continuación de aquel proyecto, pero en Telescópica hay cuestiones coreográficas que refuerzan el aspecto visual, por momentos incluso cómico del evento.

Los músicos arrancaron frotando cuencos metálicos; luego encendieron motores, hicieron vibrar las láminas y las repasaron con el micrófono, como doctores que auscultan a un Terminator recauchutado. Entre ambos se estableció un juego de estímulo y respuesta con el que repasaron todo el arsenal de descarte: frotaron cuerdas y metales (incluyendo un disipador de computadora); hicieron saltar resortes, golpearon cartones vacíos de dulce de leche Chimbote y soplaron mangueras con sorprendentes resultados armónicos. La amplificación era tal que cuando a Bustos se le cayó un tubo varios de la primera fila pegaron un salto.

Lo mejor de la performance ocurrió cuando el dúo probó soplando unas vainas desplegables, como serpentinas de cotillón, que resultaron ser pequeños trípodes de cámara fotográfica. Las vainas se soplaban con la intención de golpear algún objeto, y así los músicos entablaron un contrapunto paródico. Bustos hacía sonar una madera, Galay otra; Galay tañía una vara metálica, Bustos otra; Bustos erraba, Galay también. El juego generó un espectro de amplificación que se incrementó cuando los músicos pasaron a manipular las ondas de antenas de tevé empotradas en joysticks (a "perillear", diría la tropa experimental), unas criaturas que emulaban en función y forma al más estrambótico de los instrumentos electrónicos: el theremin.

Como parodia de composición clásica, el dúo terminó descolgando los mástiles con cuerda de bajo y los tocó cual violines, a modo de coda. Quizá la pieza debió terminar antes, pero el cierre conceptual señala la búsqueda estética de un dúo con muchas ideas, ansioso por extender puentes hacia cualquier disciplina musical.

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