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La obra en la que todo sale mal

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PARA LA NACION
Domingo 03 de julio de 2016
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COMO EL CULO... / Autores: Henry Lewis, Jonathan Sayer y Henry Shields / Elenco: Daniel Aráoz, Walter Quiroz, Florencia Raggi, Diego Reinhold, Nicolás Scarpino, Gonzalo Suárez, Julieta Vallina y Maxi de la Cruz / Escenografía: Daniel Feijoo / Vestuario: Pablo Battaglia / Música: Martín Bianchedi / Iluminación: Gonzalo González / Dirección: Manuel González Gil / Sala: Tabarís / Funciones: jueves a domingo / Duración: 90 minutos.

Nuestra opinión: buena

El título en español de la obra originalmente llamada The play that goes wrong (algo así como "La obra en la que todo sale mal") da cuenta cabalmente de la propuesta: una compañía que se enfrenta a un estreno en una obra en la que las cosas no están demasiado preparadas. Improvisación, falta de ajustes y problemas varios afectarán al estreno haciéndolo, literalmente, tambalear.

Quiroz, Raggi, Suárez, Scarpino y Reinhold
Quiroz, Raggi, Suárez, Scarpino y Reinhold. Foto: LA NACION

Lo primero que uno debería preguntarse es por qué depositar la propuesta (en la ficción) sobre una compañía de teatro vocacional o amateur, como si la avenida Corrientes no le bastara para ejemplificar sobre un teatro improvisado, rápido, con poco ensayo. No se trata de generalizar, simplemente de apuntar los cañones de la sátira hacia otro lado. Es cierto que el "director" fantasea con llegar al teatro comercial y a las giras pero parte de una compañía no profesional de la "Universidad Popular de Morón".

La obra que esta compañía tiene que llevar a cabo ha sido escrita por una autora local aunque su imaginario forma parte de cierta tradición del teatro británico: un crimen dentro de una mansión y la investigación y búsqueda de la autoría. Y por supuesto todo falla: la luz ilumina en cualquier lugar, los técnicos ponen la pista de audio equivocada, la escenografía se cae de a tramos, los actores sufren una serie de inconvenientes? Todo apunta a producir el chiste, y lo logra. La platea encuentra en esta obra una ratificación absoluta de la risa en los lugares esperados: tanto por la acción como por las actuaciones. Florencia Raggi, Daniel Aráoz, Diego Reinhold y Nicolás Scarpino están ubicados en el lugar en el que más cómodos se sienten. No hay desafío pero sí una enorme eficacia. Walter Quiroz es probablemente uno de los que más han trabajado para insertarse en la veta cómica de la obra y acompaña muy bien a sus compañeros en un tono fuertemente paródico del actor dramático (sin buscar refugiarse en ninguna macchietta, sino componiendo algo distinto). Y no se puede sino lamentar el enorme desperdicio de una de nuestras mejores actrices, Julieta Vallina, a cargo de un personaje muy menor pero que desarrolla con su enorme talento, al igual que sus otros dos compañeros que se imponen por su pura prepotencia de trabajo: Maxi de la Cruz y Gonzalo Suárez.

El teatro, como disciplina, como arte y como oficio es probablemente uno de los más complejos. Y esa complejidad hace que, muchas veces, lo que debería salir bien salga mal. Cuando esto ocurre todo se desmorona con una enorme naturalidad. Pero lo que cuesta tal vez mucho más es hacer que todo salga mal y que el accidente "actúe" con naturalidad. Ahí es donde la obra ingresa en el tono del chiste fácil, porque no están cuidados los mecanismos para que el accidente actúe naturalmente (que es el único tono natural que la propuesta demanda para ser plenamente eficaz) y no se lo vea como algo preparado. No hay nada más difícil que actuar -y montar- la ficción.

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