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César Aira: "Se escriben buenas novelas, ¿y qué? Todo se estancó"

El argentino, que no da entrevistas en su país, aprovechó una presentación en España para reivindicar a Borges como "nuestro" Duchamp; hábitos de escritura que son teoría

Domingo 03 de julio de 2016
Foto: LA NACION
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MADRID.- César Aira apenas concede entrevistas en su país. "Me absorbían mucho y corté con todo", explica. "Así me hice una fama de ermitaño y malo, que no lo soy". Aira llegó a Madrid para presentar la biblioteca de autor que Literatura Random House acaba de dedicarle y que incluye títulos como Las noches de Flores, Episodios en la vida del pintor viajero o El cerebro musical. Él corresponde sometiéndose a un tercer grado: "Lo hago porque me siento culpable con los editores. No soy buen negocio para ellos".

-¿Qué le parece tener una biblioteca con su nombre?

-Está bien. Me da prestigio, me pone a la altura de qué sé yo? Saramago [ríe]. Me hincho de orgullo.

La biblioteca coincide con su libro Sobre el arte contemporáneo. ¿Qué puede aprender un escritor de un artista como Marcel Duchamp?

R. La fascinación por Duchamp me viene de que su obra es de interpretación inagotable. También de su juego de ideas.

-¿Cuál sería el equivalente literario de Duchamp?

-Podría ser Borges, aunque no tenía ese costado dadaísta. El suyo es un juego de la inteligencia transparente.

¿Cómo establece el recorrido argumental de una idea? Algunas podrían dar de sí el doble o la mitad.

-El relato tiene que tener un marco, y el mío es de alrededor de 100 páginas. El argumento se va armando solo. A veces, cuando paso a la computadora lo que escribo, voy mirando el contador. Con 20.000 palabras ya sale un librito.

-El arte ha asumido la revolución de Duchamp, pero la literatura sigue siendo muy tradicional.

-Si uno ve los experimentos que se hacen en las artes plásticas o en la música se da cuenta de que la literatura tiene un sustento tradicional del que no puede salir sin volverse otra cosa.

-¿La literatura tiene alguna utilidad social?

-Si es literatura como arte, no. La literatura no te enseña nada más que el placer, el mismo placer que mirar Las meninas. Uno no aprende nada sobre Velázquez.

--Alguna vez ha dicho que le interesa más lo nuevo que lo bueno. ¿Lo nuevo no caduca?

-Había trampa: lo nuevo también tiene que ser bueno. La apuesta del escritor es que lo que hace cambie algo. Hay mucha industria literaria pero poca historia de la literatura. Nada cambia, todo es marcar el paso. Se siguen escribiendo buenas novelas, incluso buenísimas, ¿y qué? Todo se estancó. Se estancó en lo bueno.

En El congreso de literatura se propone clonar a un genio y elige a Carlos Fuentes. ¿A quién clonaría hoy?

-A Vargas Llosa. ¡Un ejército de Vargas para conquistar el mundo! Lo de Fuentes lo hice con cariño, era buen amigo. Me devolvió la broma haciendo que me dieran el Premio Nobel en una novela suya.

-Si se lo dieran...

-Lo aceptaría por la plata. Este año fui finalista en un premio y empecé a gastar imaginariamente. Cuando no lo gané me sentí tan pobre... Pero entiendo que no me los den. Los que los dan tienen que justificar que los conceden porque el autor trabaja por los derechos humanos. ¿Qué iban a decir de mí? ¿Que me lo dan porque soy bueno? Eso no se hizo nunca.

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