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Crisis: tras el Brexit, una era de rebeldía

El creciente descontento social golpea las democracias en el mundo

Domingo 03 de julio de 2016
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Foto: LA NACION

MADRID.- ¿Y si el Brexit fuera apenas la fiebre? El voto británico para romper con la Unión Europea arrastró a los líderes occidentales a algo más sofisticado que otra dramática crisis financiera: los puso ante un espejo incómodo.

Una ola de rebeldía contra el orden establecido erosiona las democracias alrededor del mundo, cuestiona la legitimidad de sus líderes y precipita una inquietante era de incertidumbre.

Años de expectativas sociales insatisfechas, falta de remedios para paliar los efectos nocivos de la globalización, el impacto de las migraciones masivas y la influencia de la comunicación digital son hilos invisibles que unen la insurrección británica con otros fenómenos en condiciones de sacudir el planeta.

Foto: LA NACION

Gran Bretaña puede disolverse. Un magnate bufonesco y xenófobo está en camino de la Casa Blanca. En Francia, Holanda y los países escandinavos crece el sentimiento nacionalista antieuropeo. La ultraderecha neofascista tiene al alcance la presidencia de la próspera Austria. En Brasil estalló el sueño del milagro económico. Hasta los movimientos populistas latinoamericanos, encumbrados por su desafío al establishment, agonizan frente al desencanto ciudadano.

La última edición del Eurobarómetro, elaborado por las instituciones comunitarias, refleja que menos del 30% de los ciudadanos europeos confían en sus Parlamentos nacionales, a la vez que desciende en todo el continente la confianza en la integración.

Foto: LA NACION

El proyecto World Values Survey, un sondeo sistemático elaborado en 60 países, refleja que el 92% considera que la democracia es un buen sistema de gobierno. Pero en los últimos diez años los investigadores encontraron que aumenta el desprestigio de los políticos y la cantidad de apelaciones a un líder fuerte "que no tenga que tratar con parlamentos y elecciones". Una aparente contradicción entre la idea de democracia y su desarrollo práctico.

"Los votantes del Brexit buscan sólo en apariencia salir de la UE. Querían salir de un sistema económico que los dejó atrás. La UE, en este caso, fue culpable por asociación. Hubieran marchado detrás de cualquier movimiento populista que les ofreciera soluciones simples y canalizara su frustración", señala Robin Niblett, director del think-tank londinense Chatham House.

Foto: LA NACION

No es una cuestión de ideologías. La ira que en Gran Bretaña movió a los rupturistas alimenta en Estados Unidos a Donald Trump, capaz de capturar la candidatura presidencial de los republicanos en abierta oposición a las elites del partido. Debilita al premier japonés, Shinzo Abe, incapaz de revitalizar una economía estancada. Permite resurgir fuerzas neofascistas en Alemania. Motoriza a partidos de izquierda radical, como Syriza, en Grecia, o Podemos, en España, un país que lleva medio año sin saber cómo formar un gobierno.

El historiador Charles Powell, director del Real Instituto Elcano, destaca la incapacidad de las democracias occidentales para encauzar la globalización. "No supimos darnos instituciones que maximizaran sus beneficios y minimizaran los costos. En Europa claramente el poder está fracasando en ese aspecto."

Los europeístas británicos fracasaron en rebatir las mentiras simples de la campaña rupturista. Por ejemplo, la idea de que se puede volver al Estado nacional en sentido clásico, igual de presente en los eurófobos, en los seguidores de Trump y en los chavistas. "Habría que recordar lo que dijo un conservador como John Mayor: «Si quieren un Estado nacional en el siglo XXI vayan a Corea del Norte»", añade Powell.

Quizás en ese punto radique un riesgo de esta crisis de las democracias. Lo explica así Stephen Sestanovich, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Columbia: "El mensaje del Brexit es simple: sé un autócrata. Los que salen mejor parados de una agitación como ésta son aquellos con la capacidad de tomar decisiones tajantes y aferrarse a ellas. Gente como [el presidente ruso] Vladimir Putin, aunque sus decisiones tajantes suelen ser malas, es un ganador del Brexit".

El economista y analista financiero Juan Ignacio Crespo añade como inconveniente la menguante capacidad de los gobiernos de tomar decisiones. "En el mundo desarrollado han perdido la capacidad de imponerse a los poderes económicos. La alternancia en el gobierno da pocas opciones de modificar las políticas y eso, en épocas de retroceso del estado de bienestar, causa frustración y desorientación."

Los tiempos convulsos de Brasil pueden encajarse en esa ola global. El descontento social en un país emergente que se exponía como ejemplo de progreso terminó en la deriva que desplazó a Dilma Rousseff de la presidencia, pero que también tiene entre las cuerdas al gobierno que la reemplaza, encabezado por Michel Temer, acosado por una impopularidad alarmante.

Oliver Stuenkel, profesor en la Fundación Getúlio Vargas, advierte del riesgo de largo plazo que representa la sucesión de hechos como el Brexit, Trump, la crisis de Grecia o lo que ocurre en Brasil. "Cuando más tiempo prevalezca ese escenario, más difícil será convencer a otros países que defender la gobernabilidad democrática alrededor del mundo es moral y estratégicamente ventajoso", señaló.

Confusión

Gran Bretaña es una pintura perfecta de la confusión, luego del referéndum en el que el 52% votó por abandonar la UE. El primer ministro David Cameron presentó su renuncia a partir de octubre próximo. El líder opositor Jeremy Corbyn se aferra al cargo casi sin apoyos. Los impulsores de la salida del bloque europeo admiten falsedades en su discurso electoral. Su figura más emblemática, Boris Johnson, desiste de postularse para gobernar. La europeísta Escocia clama por la independencia.

La enorme mayoría de los parlamentarios que deben pedir a la UE que active la desconexión se opone a ese camino. ¿Qué deberían hacer? ¿Renunciar, al comprobar que su convicción difiere de la de sus votantes? ¿Y si entre quienes los suceden tampoco hay mayoría rupturista?

El escritor belga David van Reybrouck abordó ese problema en un provocador ensayo en el que habla del "síndrome de la fatiga democrática", un mal entre cuyos sus síntomas incluye la fiebre por los referéndums, el declive del número de militantes en los partidos, la baja participación electoral, la impotencia gubernamental y el escrutinio mediático a los políticos.

En su visión, la culpa es del procedimiento. "Votar es el problema", escribió Van Reybrouck. Propone pensar si en una sociedad moderna se puede fiar una decisión en condiciones de destrozar a un país y afectar a medio mundo a ciudadanos desencantados y pobremente informados. Alienta, en cambio, sistemas de participación amplios, que incrementen los niveles de información y permitan tomar decisiones trascendentales al cabo de debates profundos.

Los políticos no parecen inclinados a esos niveles de introspección. Son meses de inestabilidades interconectadas, en un mundo que encajaría en aquella vieja descripción de Mao Tse-tung: "Todo bajo el cielo está en caos. La situación es excelente".

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