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Elie Wiesel: el sobreviviente de Auschwitz que dejó grabada a fuego la memoria del Holocausto

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PARA LA NACION
Domingo 03 de julio de 2016
Wiesel, durante una conferencia en 2015
Wiesel, durante una conferencia en 2015. Foto: Reuters
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NUEVA YORK.- Elie Wiesel, el sobreviviente de Auschwitz que se convirtió en la voz de los seis millones de judíos masacrados en la Segunda Guerra Mundial y que dejó grabada a fuego la memoria del Holocausto en la conciencia del mundo, murió ayer en su hogar de Manhattan a los 87 años.

Menachem Rosensaft, amigo de Wiesel de toda la vida y presidente fundador de la Red Internacional de Hijos de Sobrevivientes Judíos, confirmó su muerte.

Wiesel fue autor de varias decenas de libros y era un carismático conferencista y profesor de humanidades. En 1986 recibió el Premio Nobel de la Paz. Pero lo que definió a Wiesel no fue tanto su trabajo como el enorme vacío que su voz vino a llenar.

Luego de la masacre sistemática de judíos por parte de los alemanes, no había emergido nadie que transmitiera al mundo la enormidad de lo ocurrido y hasta qué punto había cambiado la concepción que la humanidad tiene de sí misma y de Dios.

Durante casi dos décadas, tanto los traumatizados sobrevivientes como los judíos norteamericanos, llevados por la culpa de no haber hecho más para rescatar a sus hermanos, parecían congelados en su silencio.

Pero gracias a la pura fuerza de su personalidad y a su talento para encontrar la frase justa que perdura en la conciencia, Wiesel, que fue liberado del campo de concentración de Buchenwald a los 16 años con un A-7713 tatuado para siempre en su brazo, fue exhumando gradualmente el Holocausto del cementerio de los libros de historia.

Y fue esa voz que se alzó contra la violencia y el olvido la que quiso reconocer el comité del Nobel al entregarle el premio de la paz en 1986.

"Wiesel es un mensajero para la humanidad", dijo entonces el Comité Noruego del Nobel. "Su mensaje es un mensaje de paz, de expiación y de dignidad humana. Su convicción en que las fuerzas que luchan contra el mal en el mundo pueden triunfar es una convicción lograda con un enorme esfuerzo."

Wiesel cobró notoriedad por primera vez en 1960, con la traducción al inglés de Noche, su relato autobiográfico de los horrores que presenció en los campos de concentración cuando tenía 15 años. Escribió sobre la culpa que lo acosó por haber sobrevivido cuando millones habían muerto, y sobre la duda que lo atormentaba: ¿cómo pudo Dios permitir esa masacre?

"Jamás olvidaré esa noche, esa primera noche en el campo de concentración que hizo de mi vida una sola larga noche bajo siete cerrojos", escribió Wiesel. "Jamás olvidaré esa humareda. Jamás olvidaré las caritas de los chicos que vi convertirse en volutas de humo bajo un silencioso cielo azul. Jamás olvidaré las llamas que consumieron para siempre mi fe. Jamás olvidaré ese silencio nocturno que me quitó para siempre las ganas de vivir. Jamás olvidaré esos instantes que asesinaron a mi Dios y mi alma, y convirtieron en polvo mis sueños. Jamás lo olvidaré, aunque me condenaran a vivir tanto como Dios. Jamás."

Interrogantes

Wiesel siguió escribiendo novelas, libros de ensayos y entrevistas, dos obras de teatro y hasta dos cantatas. Si bien todos sus libros trataban en principio de temas como los judíos soviéticos o los maestros hasídicos, todos abordaban profundos interrogantes que se desprendían del Holocausto.

¿Qué sentido tiene la vida en un universo que tolera crueldades inimaginables? ¿Cómo pudo guardar silencio el resto del mundo? ¿Cómo seguir siendo creyente? Wiesel planteaba esas preguntas con una prosa sobria y sin jamás alzar la voz. Rara vez ofrecía alguna respuesta.

"Si sobreviví, debe ser por alguna razón", le dijo a Michiko Kakutani para una entrevista con el The New York Times en 1981. "Tengo que hacer algo con mi vida. Ya no estoy para juegos, porque alguien podría haberse salvado en mi lugar. Entonces yo hablo por esa persona. Y por otra parte, sé que es imposible."

Tal vez haya otros mejores cronistas que evocaron las infernales minucias de la maquinaria asesina de los alemanes. Seguramente habrá filósofos más iluminados. Pero nadie fue capaz de combinar la urgencia moral y el magnetismo de Wiesel, que emanaban de sus ojos y de los profundos surcos de su cara como una incurable melancolía.

"Tiene el aspecto de un Lázaro", escribió una vez su amigo y escritor católico François Mauriac.

Traducción de Jaime Arrambide

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