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Selección argentina de fútbol: qué ves cuando me ves

El mensaje a la siguiente generación siempre es clave en el deporte y también en las empresas

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LA NACION
Domingo 03 de julio de 2016
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El domingo pasado, después de la final de la Copa América, una nueva conversación comenzó a darse a nivel nacional relacionada con el significado del éxito que puede trasladarse a la vida personal y profesional. Se trata de una definición que, quiérase o no, se derrama sobre la generación de chicos y jóvenes que hoy son espectadores bajo el cuidado y el ejemplo de los adultos, pero que pronto serán protagonistas de su propio destino.

¿Cuál es, entonces, el propósito de una selección de fútbol que representa al país? ¿Es únicamente ganar una final? "Todo lo que hemos vivido en los últimos años con nuestra selección argentina de fútbol tiene muchos aprendizajes capitalizables también en el mundo empresario, empezando por comprender qué significa el éxito, qué es ganar, cómo se responde ante los aciertos y los errores", dice Alejandro Melamed, director de Humanize Consulting.

"Todo grupo humano -continúa Melamed- se mueve a partir de un propósito, que es el motor que impulsa (o debe impulsar) cualquier acción. Es la razón más profunda por la que somos parte de ese grupo. Si el propósito es claro, comunicado y compartido, todas las acciones deben conducirnos a él. Si no es claro, si no está comunicado o si no todos los integrantes lo comparten, allí empiezan a generarse los inconvenientes."

Por qué hacemos lo que hacemos. Cuál es el propósito de nuestra actividad cotidiana. Cómo contribuimos con la sociedad o la comunidad en la que vivimos. Son preguntas inevitables que se hacen quienes trabajan y que muchas veces llevan a replantearse la actividad cotidiana. Así las empresas hoy se esfuerzan en comunicar de manera clara a las jóvenes generaciones un "más allá" que tiene que ver con valores.

Desde el deporte, Sergio "Cachito" Vigil -entrenador de hockey que supo llevar a las Leonas a lo más alto y generar una mística especial en el equipo que continúa hasta hoy- dice que se nota claramente en los jugadores de la selección estos valores, relacionados con la pasión, la entrega, el espíritu de equipo, el compromiso y el sentir la camiseta, pero que "como sociedad, le reclamamos al deporte todo lo que no hacemos como país. Muchos dicen que con este nivel de jugadores deberíamos ser primeros, pero ¿y con este país tan rico no deberíamos estar mucho mejor? El problema en cuanto a los valores es que no faltan en los deportistas, sino en quienes miran desde afuera, con una crítica despiadada e irresponsable. Hay que revisar los valores de la sociedad".

La mirada de los que vienen

Es inevitable que la generación que está por ingresar al mercado laboral mire y analice a quienes la precedieron: cómo llegaron a ese lugar, cuáles son los beneficios de ese puesto, pero también cómo fueron tratados durante su vida profesional. Lo mismo sucede con las categorías inferiores en el deporte: ¿qué mensaje se les da cuando llegar a una final no alcanza? ¿Hay una sola alternativa, que es ganar? ¿Una o más medallas de plata es motivo para pensar en que un equipo es desastroso? "Ponerse una camiseta es representar los valores del deporte, desafiarse para ser el mejor que podemos ser y lograr un crecimiento y transformación que deje una huella que otros puedan continuar", dice Vigil. "Fracaso es no entender el juego de la vida, donde se gana y se pierde, pero no se deja de crecer."

"La gente quiere que gane la selección como sea, no importa cómo. Eso es un mal ejemplo", dice Germán Diorio, psicólogo del plantel profesional en el Club Atlético Vélez Sarsfield. "Además no se evalúa que salió segunda en tres torneos muy importantes, sino que hace mucho que no gana." Según el psicólogo deportivo, una empresa que no es la primera sino la segunda en su rubro no se considera un fracaso, y también "la persona que es la segunda más rica del mundo, o de América, no se siente mal por ello. La selección ya estaba condenada si no ganaba este partido, y eso es mucha presión".

El mensaje a los chicos no parece ser el mejor. "Se tiene la idea de que el futbolista es el que gana mucha plata y salva a la familia. Se le inculca entonces al chico que tiene que ganar, en vez de jugá, crecé y divertite..., y a partir de ahí vas a tener una buena vida profesional." Como sucede con la economía, la confianza es todo.

Durante los torneos de fútbol de los chicos de la primaria y también de la secundaria se ven padres "sacados". Se enojan con el referí, gritan si su hijo hace una mala jugada, vociferan su desacuerdo si el entrenador los saca del partido para poner a otro chico o si lo demora en el banco. Sufren cada partido como si de ello dependiera su vida. ¿Hasta dónde es lógico el exceso de presión? "El hincha tendría que entender que el que sufre es el jugador", agrega Diorio.

Exceso de presión

"La carga psicológica de Lio como para renunciar a la selección es inmensa. En el fútbol, donde somos tan pasionales, tenemos la idea de que hay una sola manera de tener éxito, que es ganando, obteniendo el primer premio", dice Fabián Soldini, ex representante de Lionel Messi. Recuerda, también, la presión que sufrieron, por la misma razón, Gabriela Sabatini en el circuito del tenis y Carlos Reutemann en el ámbito del automovilismo.

"Si el equipo pierde un par de veces, ya quieren cambiar al entrenador y todo se vuelve muy vulnerable." En cambio, piensa que "hay que estar orgulloso de los integrantes de la selección, por llevarla a lo más alto. Hay que llegar a una final..."

Para Melamed, la pretensión de un perfeccionismo a ultranza, donde el concepto es cero error y sólo se disfruta de un resultado extraordinario es peligrosa y desmotivadora. "Cuando esto mismo sucede en las empresas y sólo se piensa en ese número mágico, el plan de negocios y la cifra de ventas, y no se miden las consecuencias de querer alcanzar los objetivos a cualquier costo, se corre el riesgo de perder a personas muy valiosas. El perfeccionismo no admite el error, lo sanciona y, como consecuencia, elimina el poder creativo para suplirlo con el mecanicismo de la presión extrema, que puede generar el efecto opuesto al deseado."

Por otro lado, Diorio cree que, además, la Argentina llegó a una final en medio de un descalabro institucional como el de la Asociación Argentina de Fútbol, y esto debería ser tomado como un éxito. "Es como si una empresa exigiera a sus empleados lo mejor, pero sin brindarles las herramientas para obtenerlo."

Melamed propone que "desdramaticemos los errores y pensemos en propósitos auténticamente trascendentes, actuando a partir de principios y valores sostenibles, de forma tal que podamos ser más felices y vivir mejor".

"El error en el deporte es aprendizaje, que no es lo mismo que negligencia" dice Vigil. "Sólo los equipos que no quieren perder pero que tienen licencia para perder pueden fluir, crecer, intentar, buscar y finalmente ganar en más de un sentido", concluye.

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