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A sacarse las caretas

LA NACION
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Graciela Guadalupe
Domingo 03 de julio de 2016
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"Si escarban, esto estalla. Los empresarios fuimos cómplices. Hay que sacarse las caretas." (Del vicepresidente de la Cámara Argentina de Comercio, Guillermo Dietrich.)

Primero fue Héctor Méndez, ex titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), cuando blanqueó que era vox populi que funcionarios kirchneristas pedían retornos a empresarios. Fue más explícito todavía: los llamaban "movicom", porque siempre iban "con el 15 adelante": el 15 % de las coimas que les exigían pagar.

"Si escarban, esto estalla. Los empresarios fuimos cómplices. Hay que sacarse las caretas", opinó después Guillermo Dietrich, vicepresidente de la Cámara Argentina de Comercio. Y más tarde fue el turno de Adrián Werthein, presidente del Consejo Interamericano de Comercio y Producción: "A veces fuimos indolentes e incluso conniventes".

Es un buen mea culpa, pero aún con pocos adeptos. Quizá porque desde el Congreso acecha la ley del arrepentido para casos de corrupción. Muchos empresarios temen que, en su desesperación por achicar condenas, haya una detonación de lazaritos y lopecitos señalando a todos los "movicomes" que hicieron negocios non sanctos con el Estado.El espejo de Brasil los aterra. Si la empresa Odebrecht, cuyo CEO fue condenado a 19 años de prisión por negocios fraudulentos con Petrobrás, hasta tuvo que devolver el estadio Maracaná al gobierno de Río de Janeiro, ¿qué podría pasar en la Argentina con los protagonistas de las obras de la "década ganada"?

No les va a ser muy útil recurrir al "yo no le di la plata" en el que se amparó la reina madre del poder saliente para despegarse de las limosnas religiosas voladoras.

Dietrich tiene esperanzas de que ahora que Cristina y los cristinos están fuera del poder se termine el temor que podían generar. "Se están quedando solos; los abandonan hasta los testaferros", dijo en Córdoba. Lo aplaudieron muchos de sus pares, pero no se avanzó demasiado en los arrepentimientos.

Tanta apatía nos recuerda uno de los grandes poemas de Pablo Neruda: "Sobre mi mala educación", cuyos versos finales sostienen: "Así para salir de dudas / me decidí a una vida honrada / de la más activa pereza, / purifiqué mis intenciones, / salí a comer conmigo solo / y así me fui quedando mudo. / A veces me saqué a bailar, / pero sin gran entusiasmo, / y me acuesto solo, sin ganas, / por no equivocarme de cuarto. [...] // Cuando quieran verme ya saben: / búsquenme donde no estoy / y si les sobra tiempo y boca / pueden hablar con mi retrato".

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