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Tras Diego y Cristina, la era de Messi y Macri

LA NACION
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Pablo Sirvén
Domingo 03 de julio de 2016
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Fue una semana de muy variadas catarsis. La derrota en la Copa América y el anuncio del retiro de Lionel Messi de la selección, por más provisorio que sea, desataron un inesperado y conmovedor abrazo social a la distancia con el ídolo futbolístico que, por su carácter retraído y su nula suerte en conseguir títulos internacionales para el país, nunca hasta ahora se había podido manifestar.

Casi al mismo tiempo de esas emociones futboleras, los caminos judiciales de los últimos escándalos de corrupción comenzaron a apuntar muy firmemente a Cristina Kirchner como jefa de una asociación ilícita, según la reciente denuncia de Margarita Stolbizer. Los kirchneristas, que fluctúan entre la negación y el estupor, prefieren hablar de "casos aislados" y de "persecución". Carlos Pagni anticipó en la nacion pm que el año que viene la ex presidenta podría ir presa.

Se conoció también, a través de este diario, una encuesta que recoge el deprimido estado de ánimo ante una economía complicada que debe hacer frente al 700% de inflación acumulada, entre otros descalabros de la "década ganada". Pero lo que es verdaderamente significativo es que, aun así, un porcentaje mayoritario (58%) se ilusiona con que los esfuerzos actuales se verán recompensados con un 2017 más aliviado. Es que la anunciada meta de bienestar para el segundo semestre, recién comenzado, quedó relegada a ser tan sólo una fallida consigna del Gobierno a la que hoy se le pasa factura y es tema de bromas imparables en las redes sociales.

Se suma otra noticia que revela esta edición y que dará la vuelta al mundo: por primera vez, el Papa dice concretamente qué opina de Mauricio Macri, lo que termina con los teléfonos descompuestos en contra del Presidente aviesamente manipulados por voceros no autorizados y por kirchneristas de distintos pelajes que creen estar habilitados por alguna franquicia papal sólo por traerse una selfie desde el Vaticano.

¿Qué tipo de sumo pontífice, ahora que es argentino, añoran sus compatriotas? Otra vez las opiniones se dividen: hay quienes lo quieren populista, con la cabeza metida en los temas nacionales, y están los que prefieren que se limite a sus altas funciones pastorales.

Hay un denominador común como trasfondo en las cuatro noticias presentadas: el humor social está haciendo uno de esos virajes copernicanos que contradicen agudamente el orden anterior. Sucedió cuando cambiamos, en pocos meses, el triunfalista y militarista "estamos ganando" de la Guerra de las Malvinas por el Preámbulo de la Constitución Nacional, recitado con unción junto a Raúl Alfonsín. O cuando pasamos de la década ultraprivatizadora del menemismo a la década ultraestatizante del kirchnerismo.

¿Está la sociedad ahora, por acción u omisión, dejando atrás un liderazgo absorbente, hiperpersonalista y mesiánico, como el de Cristina Kirchner para abrazar otro más descentralizado, tecnocrático y frío de un modesto fuera de serie como Mauricio Macri?

¿Por qué "fuera de serie"? Por saber superar situaciones límite: su karma como delfín poco dócil del holding familiar del que se distanció, el secuestro extorsivo del que pudo zafarse; su exitosa conducción al frente de Boca Juniors, que lo empezó a forjar como dirigente aguantador, y por haber sido jefe de gobierno porteño durante ocho años bajo una permanente lluvia ácida del kirchnerismo para desprestigiarlo y desgastarlo. Sin embargo, pese a ello, se convirtió en presidente de la Nación por la mayoritaria voluntad popular.

¿Y por qué "modesto"? Su temperamento magro, a la hora de la exposición pública, genera distancia y limita la empatía popular.

Volviendo a la ciclotimia social, ¿acaso el aluvión de cálidas emociones que se desató por retener a Messi no contrasta de alguna forma con la devoción fanatizada hacia Diego Maradona de otras épocas, que le perdonaba hasta sus peores excesos en agradecimiento a tantas fabulosas proezas en las canchas?

Es que el héroe visceral y el héroe módico, lo quieran o no, representan dos veredas enfrentadas. Hubo en redes sociales un énfasis muy marcado por confrontar esas personalidades tan abismalmente opuestas: uno del todo extravertido, tan políticamente incorrecto y vociferante; el otro, atildado, poco dado al escándalo y demasiado austero. ¿Otro signo de la nueva época que se abre?

Subyace en todo esto una dicotomía argentina no resuelta y recurrente que amenaza con seguir fluctuando: ¿nos sentimos más cómodos como testigos pasivos de un melodrama estridente, en el que pese más la épica del relato que los hechos en sí, o nos animaremos a convertirnos en un país más normal donde los presidentes sólo sean serios administradores y no personajes histriónicos que nos embelesan o enfurecen?

Salvo en competencias deportivas o en algún magno acontecimiento, como el ya inminente Bicentenario de la Independencia, el resto de las pasiones, ¿no deberían transcurrir en la esfera privada (pareja, familia, amigos)? Los melodramas nacionales representados desde el Estado nos han costado mucho dinero, frustraciones y hasta sangre. Reemplazan los argumentos racionales con huecas teatralizaciones en el que los fanatizados de un lado y del otro rifan el bienestar común y hunden al país en el fango.ß

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

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