Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Llorar como un campeón

LA NACION
SEGUIR
Claudio Cerviño
Sábado 02 de julio de 2016 • 22:43
0

Querer romper la camiseta tras fallar. La mirada desencajada como si hubiese visto un fantasma. Irse al banco para quebrarse. El "ya lo intenté muchas veces" con el que explicaba su decisión de bajarse de la selección. Messi llora y se angustia, pero no como cualquiera. Lo hace como un campeón. Que llora porque en su cabeza no entra la idea de perder, más allá de que practica un deporte y sabe que es una de las variables.

Los campeones están preparados para perder, pero no lo conciben. Es cierto que Messi no ha sido precisamente un campeón con el seleccionado, salvo en juveniles y Juegos Olímpicos, pero sí es un consuetudinario aglutinador de títulos, goles y récords en su carrera. En su ADN vive la consigna "ganar". Por eso le pasó lo que le pasó esa noche e hizo catarsis. Y probablemente por ese mismo ADN seguirá intentándolo.

Fue, lo de Messi, como lo de Roger Federer aquella noche de enero de 2009 en Melbourne. "Voy a seguir inentándolo. Esto me está matando...", dijo el suizo antes de romper en llanto en plena entrega de premios. Lloró cerca de 2 minutos mientras la gente lo aplaudía. Acababa de perder la final del Australian Open en cinco sets contra Rafael Nadal. Lloró de tal manera que hasta le sacó las ganas de festejar a su rival. Y Roger ya no era un chico: tenía 27 años, más 13 títulos de Grand Slam encima, aunque hacía unos meses había resignado el Nº 1. Lo que estaba matándolo era perder contra Nadal, su karma. Era la 5ª caída consecutiva y la 3ª seguida en una final de GS, tras Roland Garros y Wimbledon, su jardín privado. ¡No aguantaba más!

También se quebró Diego Maradona, en la premiación del Mundial 90. Mezcla de sentirse perjudicado por el referí Edgardo Codesal, pero también porque era un rey: el mejor del mundo y campeón en México 86, que había sacado campeón de liga a Napoli con un equipo de nivel B Metropolitana reforzado por un par de compañeros relevantes, poniendo de rodillas a Juventus y a Milan. Y hasta alzó una Copa UEFA. Lloran porque no conciben esos golpes.

Vemos llorar a muchos. De felicidad. De impotencia. Por no cumplir sueños. O por liberación, como relataba Maravilla Martínez, que se aflojaba después de sus grandes peleas, y lloraba una, dos horas, debajo de la ducha.

Messi tuvo su llanto de campeón. Tan humano como cualquiera. Pero distinto en su esencia.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Las más leídas