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Sin aliados firmes, Rajoy apuesta a ganar tiempo

Ante la complejidad de las negociaciones, posterga las reuniones con los líderes opositores

Lunes 04 de julio de 2016
El presidente de España, Mariano Rajoy
El presidente de España, Mariano Rajoy. Foto: Archivo
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MADRID.- Mariano Rajoy dijo que a España le urge formar un gobierno estable después de seis meses de parálisis institucional. Pero su concepto de "urgencia" no es igual al del común de los políticos.

Fortalecido en las elecciones del domingo pasado, pero todavía sin los aliados que garanticen su continuidad en el poder, el presidente conservador postergó las negociaciones con los principales líderes de la oposición a la espera de que actúen en favor de él la presión de la opinión pública, de los factores económicos y de las cancillerías europeas, hartos ya de la incertidumbre.

El futuro de Rajoy depende casi en exclusiva de lo que haga el PSOE, cuyo candidato, Pedro Sánchez, se recluyó en el silencio desde la noche electoral. Sus allegados insisten a diario en que jamás el socialismo apoyará con su voto o su abstención la investidura del líder del Partido Popular (PP).

Rajoy demora la llamada a Sánchez. En su entorno señalan que quiere darle tiempo a "digerir" los resultados. El PSOE -agrietado por las divisiones internas- citó para el sábado próximo un comité federal que debe decidir la política de pactos.

El PP obtuvo 137 escaños (33% de los votos), una mejora palpable respecto de las elecciones fallidas de diciembre (tenía 123 y 28%). Sánchez no se movió de su 22%, pero perdió cinco bancas (pasó de 90 a 85). Para investir un presidente se requiere el voto en el Congreso de 176 diputados en un primer intento y de una mayoría simple en su segundo.

"España necesita con urgencia un gobierno estable. El presidente tiene la intención de hablar con todos los grupos en este proceso. Quiere llevar esta cuestión muy de su mano, con rigor, seriedad y discreción", anunció anteayer la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.

Por el momento, Rajoy se comunicó sólo con la Coalición Canaria, una fuerza regional que tiene una diputada electa. Citó al líder de ese partido para mañana.

Tal como hizo con Sánchez, evitó hablar por el momento con el liberal Albert Rivera, de Ciudadanos, en teoría un aliado natural, pero que en los últimos meses endureció su discurso y dice que sólo convalidaría un gobierno del PP si renunciara Rajoy, a quien ve incapaz de liderar una regeneración ética y política de España.

Ciudadanos sacó 32 diputados. "No lo vamos a votar. Creemos que es el PSOE el que debe abstenerse para no prolongar el bloqueo", dijo anteayer Rivera, en busca desesperadamente de no caer en la contradicción de salvar a quien se proponía jubilar.

El Partido Nacionalista Vasco (PNV), otra fuerza de centroderecha, anunció que ve "muy difícil, por no decir imposible", darle a Rajoy el aval de sus cinco diputados. A los liberales de Convergencia Democrática de Cataluña -independentistas- ni se les pregunta: jamás votarían al PP ni el PP aceptaría su voto.

Con ese panorama, Rajoy decidió jugar a lo que mejor sabe: ganar tiempo. Sáenz de Santamaría anunció que la ronda de consultas será amplia, lo que incluye a los partidos que están en las antípodas, como los separatistas vascos y catalanes o la izquierda radical de Unidos Podemos.

Según su visión, el resultado del domingo pasado es "terminante" y deben dejarlo continuar al mando. Considera un "chantaje" que sus adversarios le pidan que renuncie cuando él fue el único candidato que mejoró sus votos entre las elecciones de diciembre y la repetición del domingo.

Su suerte está atada al debate del PSOE, algunos de cuyos dirigentes piden encontrar una fórmula para justificar la abstención y dejar que arranque un nuevo gobierno. Sánchez se mantiene inflexible, según sus voceros. Está dispuesto a convocar una consulta a sus bases para fortalecer el veto a Rajoy.

Si todos siguen atrincherados se corre el peligro de llegar a unas insólitas terceras elecciones antes de fin de año. En el PP descuentan que a sus rivales los aterra esa opción, porque se arriesgan a un duro castigo de los españoles.

El calendario indica que el nuevo Congreso se formará el 19 próximo. A partir de ese día el rey Felipe VI puede empezar la ronda de consultas para decidir a quién le encarga la formación de gobierno. Sánchez y Rivera pretenden que Rajoy acepte el ofrecimiento. El escenario ideal que analizan es derrotarlo en la sesión de investidura y que eso precipite un cambio de liderazgo en el PP. Podrían, después sí, dejar gobernar a una nueva figura de los conservadores y evitar otros comicios.

Pero, como ningún opositor quedó con fuerza para tomar la iniciativa, Rajoy puede declinar la invitación como ya hizo en enero, postergar la incertidumbre y trasladarles la presión a los otros.

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