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Generación inquieta: los jóvenes temen que el Brexit borre su identidad europea

Acostumbrados a desarrollar las distintas etapas de su vida en varios países y relacionarse con gente de otros lugares, ahora no quieren modificar su estilo de vida

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The New York Times
Lunes 04 de julio de 2016
Las jóvenes Kim Seele y Carolina Leersch, en su balcón de Berlín
Las jóvenes Kim Seele y Carolina Leersch, en su balcón de Berlín. Foto: Gordon Welters / NYT
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PARÍS.- Podría decirse que pertenecen a la generación "triple E". Está Erasmus, el programa de la Unión Europea que organiza y subsidia intercambios de estudiantes entre universidades de sus 28 países miembros y otros lugares. Está EasyJet, la aerolínea de bajo costo que les permite saltar de una ciudad europea a otra por tan poca plata y esfuerzo como caminar por la propia ciudad. Y está el euro, la moneda que utilizan la mayoría de los países miembros de la UE.

Los jóvenes adultos europeos se enfrentarán ahora a las profundas consecuencias que tendrá sobre su estilo de vida la decisión de Gran Bretaña de abandonar la UE. Para ellos, crecer en un país, estudiar en otro y trabajar en un tercero es lo más natural del mundo, así como compartir casa con gente con pasaportes distintos.

"Ahora no vamos a ser hermanos y hermanas de un gran proyecto común", dice Antoine Guéry, un joven francés de 24 años cuyo currículum y red de amistades son un laberinto por la geografía europea. "En el mejor de los casos, seremos aliados, amigos, pero ya no familia", dice Guéry.

Guéry trabaja en una empresa de relaciones públicas parisina, pero había estado buscando oportunidades laborales en Londres, una idea que descartó de lleno tras la aprobación del Brexit, el 23 de junio. Guéry tiene título en ciencias políticas de la Universidad de París, pero también estudió en la Universidad de Estocolmo y en la Universidad de Potsdam, Alemania.

Cuando vivía en Estocolmo, se hizo amigo íntimo de dos jóvenes alemanas, Caroline Leersch, que ahora tiene 26 años, y Kim Seele, de 28. En Berlín, Guéry vivió en casa de la tía de Seele, tuvo un novio irlandés y se hizo amigo de Lauren Muscroft, británica, y de Marion Desbles, una francesa de Rennes.

Dentro de la generación "triple E", los amigos de Guéry y otros similares conforman un subgrupo que agrega una cuarta "E": son la "elite" que estudió en las mejores instituciones del continente y supo aprovechar las oportunidades paneuropeas. El Brexit podría frustrar cambios futuros e indispensables para esta generación globalizada, como el avance hacia un mercado digital europeo unificado para el streaming de música y películas, y la eliminación de los cargos por roaming en los celulares cuando se atraviesan fronteras dentro de la UE.

Días antes del referéndum en Gran Bretaña, mientras hacían la fila de control de migraciones en el aeropuerto de Barcelona, Guéry, Muscroft y Desbles se preguntaban en broma si los británicos y británicas como Muscroft pronto serían relegados a la fila de los extracomunitarios.

Pero ahora ellos mismos se preguntan si sus hijos podrán disfrutar del programa Erasmus como hicieron ellos. Tampoco saben si su seguro de salud europeo les dará cobertura cuando estén en Gran Bretaña. ¿Y si los franceses se salen con una Frexit o los neerlandeses con un Nexit? ¿Después qué?

Tal vez nada haya impulsado más el surgimiento de esta identidad europea como el programa Erasmus, ahora llamado Erasmus+, creado en 1987 y que para mediados de 2014 ya había ayudado a 3,3 millones de jóvenes a estudiar o capacitarse en el exterior, según un informe de la UE.

Está por verse qué tipo de relación negociará Gran Bretaña con la UE, pero mientras Gran Bretaña no salga formalmente de la UE, el programa Erasmus seguirá vigente. Tampoco es probable que el comercio se detenga ni que se endurezcan los requisitos de ingreso para los viajes cortos.

De todos modos, Gran Bretaña siempre se mantuvo un poco aparte: nunca adoptó el euro y jamás suscribió el Acuerdo de Schengen, de libre circulación por Europa sin pasaporte.

Hasta un acérrimo grupo de pro-europeos como el de Guéry reconoce que la unión está muy lejos de ser perfecta. Este grupo de amigos espera que la salida de Gran Bretaña impulsará una reforma de la institución europea, pero también temen que termine fogoneando el extremismo político en sus respectivos países. "Lo que más preocupa es la forma en que Marine Le Pen y los demás dirigentes del Frente Nacional están utilizando estas discusiones para llevar agua a su molino", dice Desbles, docente de 25 años, en referencia al partido de extrema derecha francés.

Con todo esto, Guéry se ha puesto a pensar en sus abuelos y bisabuelos, que se llevaron la peor parte de ambas guerras mundiales. "Tanta gente de mi familia sufrió por la estupidez del nacionalismo -dice Guéry-. No puedo imaginar que mi continente retroceda 50 años." Cuando Guéry tenía 13 años, se negó a tomar clases de alemán en la escuela. "El idioma de los nazis", pensaba en aquel entonces. Su madre lo convenció de lo contrario, pero la "triple E" también ayudó. "Yo viví en el corazón de lo que destruyó a mi país -dijo en referencia a Alemania-. Pero aprendí la historia de ese pueblo y ahora sé hablar su lengua. No lo logré yo solo. Fue gracias a Europa."

La angustia de los jóvenes británicos

Casi la mitad de los jóvenes votantes británicos lloraron o tuvieron ganas de llorar cuando se enteraron de que la mayoría de sus connacionales había votado por abandonar la Unión Europea (UE), según una encuesta publicada ayer.

El sondeo realizado por la consultora Opinium de la reconocida Escuela de Economía de Londres (LSE) concluyó que el 47% de los jóvenes de 18 a 24 años de edad estuvieron al borde de las lágrimas al menos una vez cuando el resultado del histórico referéndum fue anunciado, el viernes 24 de junio a la madrugada.

En tanto, 32% de las personas de entre 24 y 30 años contaron que lloraron o tuvieron ganas de llorar en ese mismo momento.

Cuando se les preguntó qué sentimientos tenían hacia las personas que votaron a favor de la salida de la UE, el 67% de los jóvenes de 18-39 años revelaron que sentían enojo, el 72% frustración y el 61% disgusto.

Traducción de Jaime Arrambide

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