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Embanderados

El Bicentenario de la Independencia debería movilizarnos como sociedad para recuperar la costumbre de exhibir con orgullo nuestros símbolos patrios

Lunes 04 de julio de 2016
Nuestra escarapela, insignia nacional y motivo de orgullo
Nuestra escarapela, insignia nacional y motivo de orgullo.
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Una de las asignaturas claramente pendientes es trabajar mancomunadamente en el fortalecimiento de la cultura democrática, alentando a la ciudadanía a asumir un mayor compromiso con la cosa pública y exhortando a los más jóvenes a no desentenderse, como equivocadamente hicieron muchos de sus mayores en épocas recientes.

Embanderar la ciudad para realzar los valores patrióticos y darle un marco colorido a la histórica celebración nos permite sumarnos activamente a la fiesta. En la cuna de los festejos, se ha lanzado un concurso (www.embanderemostucuman.com.ar) con premios por categorías (residencial, comercios, instituciones) que convoca a la participación. En todo el país, sin importar el lugar de residencia, vestir de celeste y blanco los frentes de nuestros hogares, los balcones, los automóviles, las escuelas, las plazas, nos acercaría al comportamiento de una sociedad madura, capaz de celebrar la democracia republicana en unión y con alegría.

Creada por el general Manuel Belgrano en 1812, la Bandera fue consagrada precisamente en 1816 por el Congreso de Tucumán y ratificada por el mismo cuerpo en Buenos Aires en 1818. Recién en 1938 se instituyó el 20 de junio, aniversario de la muerte de su creador, como Día de la Bandera.

Hace ya mucho tiempo que, salvo aisladas exteriorizaciones ciudadanas ligadas a fechas patrias, la bandera argentina viene asociándose casi exclusivamente a lo deportivo. Excluyendo el plano de lo futbolístico, podemos decir que su uso en los últimos años se circunscribió al ámbito militar más que al civil y, dada la ideología imperante, el afán por denostar lo castrense poco favorecía el uso de simbología patria entre los ciudadanos.

En otros países, como los Estados Unidos, por ejemplo, se observa que elementos de merchandising como lapiceras, pañuelos, remeras, vasos, viseras, vinchas, entre muchos otros, rescatan alegremente los colores soberanos de la bandera del país, en una muestra de orgullo y consustanciación con la identidad nacional que recibe en el exterior tanto airadas críticas como ponderaciones.

Los símbolos de la identidad nacional han atravesado, como los propios ciudadanos, las alternancias de los poderes y las ideologías. Es que la Patria resiste oronda, a pesar de los maltratos y los infortunios. Afortunadamente, el sentimiento nacional sobrevive. Quienes de niños aprendieron a cantar "Aurora" añoran con alguna nostalgia aquellas manifestaciones de argentinidad, como agitar una banderita al paso de un desfile militar.

La idea de nación, asociada al amor por el propio terruño y al esfuerzo conjunto del trabajo diario, nos conecta con un fervor patriótico que muchos han querido infructuosamente manipular en su propio provecho desde lugares de poder.

El uso de los símbolos nacionales, en una visión tanto histórica como universal, se vincula con ese sentimiento virtuoso de patriotismo. No es condición necesaria para su existencia la exhibición de los símbolos patrios, pero su utilización favorece probadamente su desarrollo. Así también, el embanderamiento de edificios públicos y casas particulares en un día patrio tan especial como el del Bicentenario de la Independencia contribuye a cimentar el sentimiento de autoestima que las sociedades necesitan cuando emprenden procesos de cambio, pues predisponen positivamente a superar dificultades y a contener ansiedades.

A ello se agrega que la necesaria unidad nacional, planteada por el actual gobierno como uno de sus tres ejes, tiene en los símbolos patrios un punto de referencia y manifestación concreto y manifiesto. Patriotismo, autoestima y unidad nacional se ven revitalizados por manifestaciones públicas como la utilización de los símbolos patrios, sin que ello implique renunciar a la pluralidad como ingrediente esencial de nuestra vida en democracia.

La bandera es metáfora de identidad y de comunidad, pero también de proyecto común. Símbolo de un país que necesitamos recuperar para todos, en paz y armonía, sin embanderamientos políticos o sectarios que contribuyan a la división. Aunados por el deseo de construir juntos una nación mejor para todos, sin excluidos, vistamos de celeste y blanco los corazones, las solapas, los balcones y la ciudad y dispongámonos a celebrar juntos este histórico Bicentenario al son del himno nacional.

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