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Me sentí cómodo todo el año y estoy sano: ¿Por qué no seguir adelante?

LA NACION
Domingo 03 de julio de 2016 • 22:35
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La verdad es que mi determinación de continuar en la NBA es porque me sentí muy bien durante la temporada. Fue más fácil tomar la decisión a partir de cómo se desarrolló todo para mí. La pasé bien y disfruté de mis minutos en el campo. A pesar de que no terminó todo como lo esperábamos con los Spurs, eso no puede opacar todo lo anterior. En otra época de mi carrera, el no haber ganado un campeonato o perder un poco antes de lo esperado hubiera puesto toda la temporada en la columna de la desilusión. Hoy esas cosas las vivo de otra manera. Jugamos bárbaro en gran parte de la temporada, me sentí cómodo todo el año y estoy sano, no veo por qué no seguir adelante. Bueno, eso es hoy es lo que vale para mí. Lo valoro por encima de todo.

Entiendo que le fui útil al equipo. Por eso es que no me costó tanto pensar en la continuidad. Ahora es momento de esperar cómo se desarrollan las cosas. Entiendo que es un momento delicado, porque el tema del free angecy (agentes libres) es algo muy nuevo y, como pasa habitualmente, hay que esperar a que firmen los "peces gordos". No desconozco que mi equipo está buscando a Kevin Durant. Así que primero se firman ese tipo de jugadores y después sucede el efecto casacada, se acuerdan otros contratos. Es completamente entendible esta situación. Es lógico que se cubran primero los roles fundamentales. No es el momento de tener novedades. Sí hablé con Pop: me dijo que me quería, que le gustaría que siga y sin duda que la prioridad la tiene San Antonio. Me encantaría volver a mi casa porque los Spurs lo fueron siempre. Pero bueno, hay que ver cómo funciona todo. Porque además de Durant están buscando un centro. Tengo que ser paciente. Doy por descontado que me van a querer, pero hay que ver cómo se juegan las cartas.

Sin duda que los rumores de contrataciones que tiene planificadas San Antonio me entusiasman todavía más, pero todo eso también se potencia porque vivo ahí desde hace 14 años. Me desenvuelvo sin problemas, conozco el sistema, lo identifico como mío, todos saben lo que siento por Pop. Es mi prioridad y preferiría no jugar en otro lado, pero no puedo desconocer que hay que ver qué opciones les aparecen a ellos también.

Ahora disfruto tanto de las cosas que, incluso, tampoco pienso si éste será o no mi último año. Si me siento este año todavía mejor que en el anterior, ¿por qué dejar de jugar? Desde hace un tiempo tomo cada temporada como la última. Cuando llegue julio de 2017, me sentaré nuevamente y pensaré qué hacer.

Mientras tanto, mi cabeza está en la selección. Las ilusiones están renovadas. Quiero ponerme la camiseta de la Argentina otra vez, estar con mis compañeros y disputar un Juego Olímpico. Son muchas cosas las que me generan lindas emociones. La verdad es que la preparación que vamos a tener me parece casi ideal. Al menos lo que yo veo, porque vamos a empezar acá con una semana sin partidos. Así podemos ponernos bien a nivel físico, ver cómo estamos. Después vamos a empezar a competir cuando estemos en Las Vegas y eso nos va a servir para afinar la máquina. Para, finalmente, regresar a la Argentina y jugar tanto en Buenos Aires como en Córdoba. Será una muy linda preparación.

Es hermoso poder jugar en el país una vez más, porque por un momento pensé que no se iba a dar nuevamente. Eso me genera mucha ilusión y me dan ganas de ponerme bien. Por suerte este año los Juegos son cerca y eso nos permite viajar menos.

En los últimos días estuve mirando a los equipos que van a participar en el repechaje y hay tanto talento que todos podrían ir a un Juego Olímpico. Los europeos en especial tienen un poder tremendo, imponen mucho respeto. Por suerte nosotros ya estamos adentro y no tenemos que desgastarnos en un torneo que es muy cruel. Nos permite concentrarnos más en lo que es la preparación, en generar química, en recuperarla, en ponernos bien físicamente.

Todo lo que estoy viviendo es especial. Porque implica volver a jugar compañeros con los que estoy desde hace 20 años. También me permite ver a Carlos (Delfino) nuevamente dentro de una cancha. El último partido lo jugamos juntos en la selección (en Londres 2012). Además, es poder compartir la cancha con los chicos nuevos. Si bien estuve con ellos en México cuando lograron la clasificación, no es lo mismo verlos jugar que compartir el día a día. Creo que puedo aportarles a ellos y también ellos a mí, manteniéndome joven por el sólo hecho de jugar juntos.

dm

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