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Antígona Vélez y la vigencia de su reclamo

Acaba de estrenarse en Córdoba una fluida versión de la adaptación de Leopoldo Marechal, en el histórico Teatro Real

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LA NACION
Martes 05 de julio de 2016
Los integrantes de la Comedia Cordobesa, en la noche del debut
Los integrantes de la Comedia Cordobesa, en la noche del debut. Foto: LA NACION / Agencia Córdoba Cultural
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CÓRDOBA.- Antígona regresó al teatro. En la vida nunca dejó de estar. Siempre hay heroínas pidiendo justicia. Esa permanencia del reclamo es lo que vuelve actual la obra de Leopoldo Marechal, Antígona Vélez, que con la dirección de Alejandro Ullúa estrenó la Comedia Cordobesa en los festejos de los 89 años del teatro Real.

Carolina Godoy es una Antígona fuerte, sufriente y desgarradora, secundada por Pablo Tolosa como Lisandro, el amor impotente que decide acompañarla en su muerte, y Raúl Sánchez en el papel de don Facundo, quien impide el entierro del hermano de Antígona y condena a la pareja.

Aunque el texto de Marechal traslada el mito de Sófocles a la conquista del desierto, en esta versión es llevado a los años 40 con estética contemporánea, sin traicionar la historia.

La bruja narradora rompe con los ocres del resto del vestuario. Su vestido rojo de cabaret, su melena de león y su tono más relajado le aportan a la obra los minutos de necesaria distensión. Actuaciones, sonido e iluminación logran una puesta cargada de emoción de un texto poético y complejo.

"Nunca alcanzarán las voces para reclamar justicia, el reclamo de Antígona está siempre vigente", le cuenta Ullúa a LA NACION. "Quiere honrar la muerte de su hermano dándole sepultura y eso tiene una connotación para los que sufrimos tantas muertes sin entierros. Es una lucha que no termina ni en el país ni el mundo."

Además está convencido de que hay un hilo que une a Antígona con el Bicentenario de la Independencia que se festeja en estos días. "A través de los siglos, la voz de Antígona se alza para denunciar los abusos del poder y redimir a los oprimidos, en uno de los más conmovedores testimonios de la lucha del ser humano para terminar con la sumisión, por alcanzar una dignidad", agrega el director.

Las actuaciones son sólidas, consistentes. En el debut, Godoy y Tolosa -quienes son marido y mujer en la vida real- no ocultaron un quiebre personal en algunas de las escenas clave. El público, que llenó la sala, acompañó los 75 minutos de la obra en un silencio expectante. Ni una tos, ni un sonido de celular.

Antígona rompe la orden de don Facundo (dueño de las tierras) de no enterrar a su hermano, Ignacio Vélez, que murió unido a los indígenas. Martín, el otro hermano, es velado y enterrado. Antígona aplica su ley y Lisandro, hijo de Facundo, decide ir con ella a la muerte después de que su padre decidiera castigar así la desobediencia.

Ullúa -quien espera que la obra llegue a otros puntos del país, incluida la ciudad de Buenos Aires- elogia a los integrantes de la Comedia Cordobesa. Sostiene que "hay algo" que los unifica en sus individualidades y destaca su "generosidad, creatividad, disposición a las propuestas. Tienen un lenguaje en común surgido de que se conocen. Eso hace que el trabajo sea muy fluido".

Drama de siglos

Por apenas un minuto, Antígona se pone un pañuelo blanco y levanta la cruz de sauce con que dará entierro a su hermano. Un homenaje, sin palabras, a la lucha de las madres en la Argentina.

Las hijas de Marechal, herederas de los derechos de la obra, no permitieron retoques al texto; sí admitieron que algunos personajes (en el original son 35) se condensaran en el formato de coro para adaptarse a los 15 miembros del elenco cordobés.

"Es cierto que hay química y confianza entre nosotros, venimos trabajando hace mucho juntos, pero la mano de Ullúa fue clave para esta obra que no es fácil", describe Tolosa. Es que el texto de Sófocles aborda conflictos siempre presentes como son los existentes entre la ley impuesta y la piedad, la pretensión de orden y la pasión por la justicia.

Para Ullúa, el clásico tiene un contexto particular en Córdoba, ya que sostiene que la ciudad guarda un ejercicio "permanente" de la memoria, "de su pasado jesuita, de la Reforma Universitaria del 18, del Cordobazo y de la dictadura".

Al final del estreno, el director contó que encaró el trabajo como una puesta basada "en el trabajo actoral, en el talento inusual" que encontró en el elenco.

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