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Un homenaje con sabor a poco

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LA NACION
Martes 05 de julio de 2016
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Ahora / Idea: Marcelo Savignone y Alfredo Iriarte / Dirección: Savignone / Intérpretes: Savignone y Víctor Malagrino / Asistencia y colaboración artística: Sergio Berón / Entrenamiento en máscaras: Jorge Costa / Escultor de máscaras: Alfredo Iriarte / Sombreros y accesorios: Gabriela Guastavino / Realización de títeres: Alfredo Iriarte y Guastavino / Vestuario: Mercedes Colombo / Luces: Ignacio Riveros / Escenografía: Mirella Hoijman / Sala: La carpintería, Jean Jaurès 858 / Funciones: domingos, a las 20.30.

Nuestra opinión: Regular

Que hay talento es evidente. De que Marcelo Savignone se fue convirtiendo en una referencia concreta del teatro del gesto nadie podría dudar. Que su trayectoria es constante y de incesante búsqueda es otra verdad. Que su escuela de formación actoral basada en el método del francés Jacques Lecoq goza de una gran reputación es innegable. Ahora bien, es posible que en las carreras de artistas como él uno se tope con momentos que se presentan un poco desparejos y que en el riesgo que implica asumir un nuevo desafío no se termine logrando con creces.

Ahora es un espectáculo que lo tiene a Marcelo Savignone como único actor en escena, lo acompaña un músico -Víctor Malagrino- en sus andanzas con una batería y algunos instrumentos percusivos. De manera manifiesta se anuncia lo que veremos como un homenaje a la commedia dell'arte y es cierto: probablemente nos topemos con uno de los trabajos que más fielmente se acercan a este género que se caracterizó desde sus comienzos por la creación colectiva de los actores que elaboran un espectáculo improvisado a partir de algún disparador que sirve como excusa. Género que tiene a la destreza física y verbal como motores principales. En este caso, Savignone se vale de frases que azarosamente suenan en off para ir recreando diferentes números y para traer a escena a los personajes principales de la commedia: Arlequín, Pantaleón e Il Dottore. Su destreza física es ya conocida. A esto le suma la utilización de geniales máscaras.

En un intento que podría ser válido queda sabor a poco. Los personajes se suceden sin demasiada gracia. Será que al ser un espectáculo de improvisación quedamos en manos del azar y supeditados a que la inspiración suceda como por arte de magia. El desafío es alto, es cierto, pero Marcelo Savignone puede dar más. Mucho más.

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