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2004: del sueño de la sede a la realidad de los oros

LA NACION
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Claudio Cerviño
Martes 05 de julio de 2016 • 02:31
Foto: Archivo
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Lausana, Suiza. Jueves 4 de septiembre de 1997. El entonces presidente de la Nación, Carlos Menem, aceleraba a fondo, y no precisamente la Testarossa, sino su ilusión personal: "La Argentina tiene un 95% de posibilidades. No tengo dudas: será elegida. Así lo hemos avizorado en nuestros contactos durante los dos últimos días". A su lado, Francisco Paco Mayorga, secretario de Turismo y cabeza del Comité Pro Sede 2004, agregaba: "La Argentina va a ganar, acuérdense. Fuimos los únicos que respetamos el fair play y eso se tomará en cuenta. Con Menem y De la Rúa juntos demostramos que el proyecto es de todos". Sólo faltaba la hinchada cantando "hoy no podemos perder".

Viernes 5. En la 106° Sesión del Comité Olímpico Internacional, presidida por Juan Antonio Samaranch, se elige la sede de los Juegos Olímpicos 2004. Son cinco finalistas: además de Buenos Aires, están Atenas, Roma, Estocolmo y Ciudad del Cabo. Primer descarte y Buenos Aires queda match-point en contra junto con la sudafricana: ambas reunieron 16 votos del total de 107. El desempate es letal: derrota por 62-44. Menem queda con una mirada parecida a la de los chicos salteños que, un año antes, lo habían escuchado hablar de "los vuelos privados desde Córdoba a la estratósfera y de ahí en una hora y media a Japón".

El desenlace es conocido. Atenas fue la elegida: 66-41 sobre Roma. En rigor, ganó todas las votaciones (4), aumentando su caudal cada vez que se eliminaba una sede. La deuda moral que el movimiento olímpico tenía con la capital griega de alguna manera capitulaba con la designación 2004, luego del oprobio que resultó la elección de Atlanta para 1996, los Juegos del Centenario, cuando la lógica y el sentimiento indicaban que la historia debía retornar a su punto de partida.

Ahora bien, ¿qué significó aquel capítulo para la Argentina? No era la primera vez, sino la quinta que Buenos Aires se postulaba para organizar unos Juegos Olímpicos. Sólo rozó la chance de ser elegida para 1956, cuando perdió por un voto con Melbourne (21-20); las otras fueron para 1936 (Berlín), 1944 (no se hicieron) y 1968 (México). La Argentina acababa de desarrollar los Juegos Panamericanos 1995 en Mar del Plata, lo que fue utilizado como una plataforma de lanzamiento. Menem fue un entusiasta del deporte y los proyectos faraónicos. Intentó, incluso, llevar la Fórmula 1 a los bosques de Palermo, como una suerte de GP de Mónaco. No fue. Los Juegos Olímpicos, tampoco.

¿En qué se basaban las aspiraciones? ¿Qué sustento tenían? Buenos Aires se recostaba en su propia historia. La Argentina era uno de los 12 miembros fundadores del COI que nunca había organizado el evento; los Juegos jamás se habían realizado en Sudamérica, y apostaba al Corredor Olímpico como impacto para seducir a los electores. Detrás, el objetivo de promover a la ciudad-país a los ojos del mundo, generar obras de infraestructura, transformación urbanística, puestos de trabajo, sin desconocer los gastos que siempre acarrea un evento de esta naturaleza. Y a sabiendas de que el presupuesto final siempre será superior al proyectado. Algo que está naturalizado. Aquel proyecto menemista preveía invertir cerca de US$ 7000 millones, entre capitales del Estado y privados, destinados a infraestructura, estadios y saneamiento del Riachuelo, entre otros ítems.

Buenos Aires pasó el primer filtro, en marzo de 1997, para quedar entre las finalistas. Poder de seducción, el encanto de la noche porteña y algunas escapadas a lugares turísticos de interés, se complementaron con las bondades del Corredor Olímpico, una franja de 14,9 km por 2km de ancho que se extendía desde la Boca hasta Núñez y Tigre, y donde se desarrollarían 24 de los 28 deportes, además de concentrarse la Villa Olímpica (unas 5000 viviendas, luego destinadas a la población), la sala de prensa. Con subsedes en Mar del Plata, Rosario, Córdoba, San Juan y Mendoza. Pero el Corredor era la carta fuerte. Ciudad, río, bosques de Palermo. ¿Tránsito? La idea era vedar el ingreso de autos en la zona durante unos 20 días. Sobraban iniciativas. También la incredulidad: era difícil imaginar que la Argentina pudiese llevar adelante un emprendimiento de esta envergadura.

El sueño no prosperó. La comitiva encabezada por Menem, junto con el jefe de Gobierno de la Ciudad, Fernando de la Rúa; el presidente del Comité Olímpico Argentino y miembro COI, coronel Antonio Rodríguez, acompañados por figuras respetadísimas como Hugo Porta (secretario de Deporte), y Gabriela Sabatini, sintió el impacto. "Nos fallaron muchos: teníamos como 30 votos seguros y sólo llegamos a 16", confesaba Mayorga. Años más tarde, la crisis económico-social de 2001 acaso hubiese puesto un signo de interrogación sobre la realización de los Juegos. Y aunque la felicidad de muchos no se concretó ese día en Suiza, Atenas iluminó en 2004 unos Juegos inolvidables no sólo para los griegos: tras 52 años, la Argentina volvía a abrazarse al oro de la mano del básquetbol y del fútbol. El año era ése, nomás.

cc

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