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Juego entre el arte, la política y la apicultura

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LA NACION
Jueves 07 de julio de 2016
Weber y Argento
Weber y Argento. Foto: PICBYLIS
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Beckett y el mundo de las abejas / Libro: Martin Page / Intérpretes: Carlos Weber y Carlo Argento / Música: Federico Mizrahi / Vestuario: Mercedes Uria / Escenografía: Sabrina López Hovhannesian / Iluminación: Rubén Pires / Dirección: Rubén Pires / Sala: Teatro La Comedia, Rodríguez Peña 1062 / Funciones: sábados, a las 19 / Duración: 65 minutos / Nuestra opinión: muy buena

El actor aparece en el escenario y pide al público que apague los teléfonos celulares. Amaga con irse, pero se vuelve como para acotar algo. Lo que empieza a narrar como una confidencia es que se encontró entre los archivos de Beckett el diario personal de su asistente. Cuando el público se descuida, ya está en presencia de aquel escenario parisino del siglo XX frente a dos personajes que empiezan siendo dos desconocidos y que tramarán una relación profunda entre maestro (Carlos Weber, como Beckett) y discípulo (Carlo Argento, como Martín).

Beckett y el mundo de las abejas, dirigida por Rubén Pires inspirada en la novela La apiculturasegún Samuel Beckett, del escritor francés Martin Page-, instala desde un comienzo que los hilos están a la vista y la imaginación completará lo sugerido por ausencia.

El estudiante de Antropología contratado por el escritor para que lo ayude a organizar sus archivos -se los reclaman diversos centros de estudio de su obra se va convirtiendo en un fiel acompañante. Y, de algún modo, en cómplice de Beckett, al participar del juego que le propone su maestro: generar archivos apócrifos. Entonces empieza la aventura en busca de excentricidades en las calles de París. Y en esos periplos imposibles de plasmar con materiales sólidos el director apela a despertar imágenes, y lo logra: el sex shop, las colmenas, la habitación de Martín, el supermercado, la galería Lafayette, el cementerio de Montparnasse.

Pero en esos sucesos no acaba la aventura entre ambos. Beckett recibe una llamada en la que le informan que se pondrá en escena Esperando a Godot en una cárcel de Suecia. La puesta de esa emblemática obra suya es motivo de reflexiones entre los personajes: el estudiante, que cree que el arte puede modificar la realidad, y Beckett, que sostiene que el arte no puede reemplazar a la política.

La pasión de Beckett por las abejas que tiene en su propia terraza parisina tampoco es anecdótica en la obra, sino que ayuda a conocerlo desde lo cotidiano. También, de algún modo, la metáfora de las abejas que en una celda producen algo tan noble como la miel se emparienta con la pregunta de los presos en sus propias celdas.

Todo el abanico de situaciones que ambos personajes viven, con momentos de humor bien logrados, es apuntado por Martín en su diario. Ese cuaderno de notas es casi un personaje más, la excusa para desarrollar esta obra lúdica y profunda a la vez, desacartonada y clásica.

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