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Necochea: el asesino tardó 10 minutos en cometer la masacre

Según las autopsias, la esposa y un hijo fueron degolladas y usó tres armas; ayer sepultaron a las víctimas

Sábado 09 de julio de 2016
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LA NACION
Sólo dolor entre los familiares de las víctimas en la sepultura colectiva
Sólo dolor entre los familiares de las víctimas en la sepultura colectiva. Foto: Télam / A. Moritz

NECOCHEA.- En el mismo cementerio que Roberto Vecino vigilaba cada noche de los últimos años fueron sepultados sus restos y los de su esposa, tres de sus hijos y un jubilado que se le cruzó en el camino, las cinco personas que este empleado municipal, de 57 años, asesinó anteayer. Después de matarlos, todo ocurrido en menos de 10 minutos, rodeado por la policía, se ahorcó en su casa.

El dolor y conmoción que generó esta tragedia familiar se multiplicó en la comunidad local cuando a primera hora de la víspera trascendieron escalofriantes detalles de las autopsias. El informe forense confirmó que con una cuchilla tipo machete, otra más pequeña y un formón casero con punta, todos secuestrados por los investigadores, el asesino les aplicó no menos de diez puñaladas a cada uno. Y a cuatro ellos, los degolló.

A Marta Curuchet, su esposa, y a Roberto Daniel, su hijo de 24 años y homónimo, con la precisión y violencia propias de un golpe de guillotina casi les desprendió la cabeza a la altura de la garganta. A los restantes también les dejó cortes muy profundos sobre el cuello y otros más superficiales en los brazos, propios de intentos por defenderse del ataque.

Vecino completó la masacre durante la mañana de anteayer en menos de diez minutos. Los investigadores todavía tienen algunas dudas sobre la secuencia de los asesinatos, pero dieron por seguro que Curuchet fue la primera víctima. La atacó en la pequeña vivienda que el homicida ocupaba sobre calle 63, sobre los fondos de la casa que habitaba el resto de su familia. Se cree que el origen fue una discusión porque ella insinuó que se iría a vivir a otro lado y, tal vez, con otro hombre.

La matanza continuó con sus hijos Roberto y Rosa, a los que hirió con el machete de casi 30 centímetros de hoja. El primero pudo correr y lo alcanzó en la esquina, donde volvió a apuñalarlo y lo degolló. En ese momento apareció Horacio Ángel Córdoba, un jubilado de 72 años que intentó reducir a Vecino. "Para vos también hay", fue la respuesta del atacante, y lo mató a machetazos.

El paso siguiente fue ir en busca de sus hijas, que intentaron protegerse en el dormitorio, con la puerta cerrada con llave. El homicida rompió la cerradura y emprendió a puñaladas contra la joven ya herida y Etelvina, de 19. Dejó los cuerpos sobre una cama y el piso. "Había mucha sangre", confió un perito que relevó la escena de crimen.

Cuando salió de la casa encontró a dos policías, que lograron quitarle el machete, maniobra en la que uno de ellos -el teniente primero Gustavo Pérez- sufrió un corte en una mano. Vecino logró llegar a su vivienda, avisó que no se iba a entregar y allí se suicidó.

Pablo Curuchet, hermano de Marta, es quien que permitió reconstruir la historia. Vivía en esa casa, donde cumplía prisión domiciliaria por una condena por abuso sexual. Vio cuando Vecino apuñalaba a Roberto y a Rosa. Logró huir para pedir ayuda. "Es un hombre con algún tipo de trastorno, pero su relato es muy coherente", explicó a LA NACION una fuente de la pesquisa. El testigo, por su condición judicial, fue alojado en una comisaría hasta que se resuelva su situación.

Los familiares estaban estremecidos por lo ocurrido, aunque hicieron evidente que la tragedia asomaba hacía tiempo en esa casa del barrio Fonavi, donde pareja vio nacer y crecer a sus siete hijos.

Tres de ellos que ya no vivían allí, abrazados y en llanto, abundaron en detalles sobre episodios de violencia familiar que lo involucraban. "No sé cómo esto no ocurrió antes", admitió Daniela, que al igual que sus hermanos Gustavo -el mayor- y Milagros habían optado por armar sus vidas lejos de un entorno de sufrimiento.

Los propios hijos señalan a Vecino como un hombre violento puertas adentro, con ellos y Curuchet. Pero nunca lo denunciaron ante la Justicia. Quienes viven en casas linderas y lo conocían desde hace años advirtieron que era una persona correcta y que no generaba problemas.

El perfil que lo presentaba como una figura intimidante lo ratificaron sus compañeros de trabajo, los mismos que ayer se encargaron de cavar las tumbas para la sepultura masiva.

"Era un viejo renegado y calentón", confió un empleado del cementerio. "Alguna vez pensamos que se la iba a agarrar feo con alguno de acá", señaló otro, que lo vio discutir seguido en el ámbito laboral. Pero ninguno lo creyó capaz de tanto.

Asesino y víctimas tuvieron velatorios simultáneos en las salas de la cochería Depierro Piccardi. Ayer, a media mañana, se sepultó a Córdoba, uno de cuyos hijos es policía y estaba de guardia en la sede de la fiscalía cuando le avisó de la serie de asesinatos.

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