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Misterio cordobés: hace 10 meses desaparecieron dos hermanas "sanadoras"

La policía con perros adiestrados revisaron el campo de 300 ha en donde vivían, cerca de Embalse, y no hallaron pistas; los investigadores están desorientados

Domingo 10 de julio de 2016
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PARA LA NACION
La sencilla casa de campo en donde vívían las hermanas Azategui
La sencilla casa de campo en donde vívían las hermanas Azategui. Foto: La voz del interior

CÓRDOBA.- Hasta el 11 de octubre del año pasado la vida de las hermanas Ada y Ana Azategui no tenía mayores sobresaltos. Toda su existencia transcurrió en un campo del paraje El Quebracho, a unos 120 kilómetros al sur de esta capital. Primero vivieron con sus padres y hermanos y, en los últimos meses, solas. Aquel domingo las vieron por última vez y, desde entonces, son un misterio. Todavía no las encuentran: no saben si están vivas o muertas.

Por el momento surgen distintas hipótesis, hasta algunas rozan lo disparatado. Desde que las mandaron a matar algunos interesados en quedarse con las 300 hectáreas de campo que poseían, hasta algunos allegados que afirman que fueron abducidas por extraterrestres.

Las Azategui, de 65 y 68 años, llevaba dos décadas sin salir del campo donde vivían, una casa rural que era casi un rancho, en el que recibían a quienes creían en la ayuda que daban como "sanadoras". Todos los testimonios recogidos por LA NACION coinciden en que "nunca" cobraron un peso por atender; sólo recibían alimentos a cambio de su tiempo. En la casa, por ejemplo, fueron encontrados 15 kilos de azúcar.

Hasta dos semanas antes de esfumarse de la vista de sus vecinos, las mujeres vivieron con su hermano Paulino, de 76 años, quien murió el 30 de septiembre. Cada tanto salía hasta la Ruta 36 a hacer algunas compras.

"Era él quien recibía a la gente, acompañaba hasta el cuarto donde atendían Ada y Ana; todo era muy humilde, por momentos parecía abandonado. Eran muy amables", cuenta a este diario una mujer de la ciudad de Embalse, que fue a atenderse y prefiere mantener el anonimato. Le convidaron, como a todos, con un hermoso mate de plata.

Ese mate es lo único que faltó en la casa después de la desaparición de las mujeres; para llegar desde la tranquera hay que andar por un camino de tierra. Pegado hay un molino y un tanque de agua. No mucho más, ni radio ni televisión ni teléfono ni Internet. A unos 300 metros de allí hay una cantera de piedra de basalto. Como un ingrediente más del misterio y de cierto misticismo que rodea este caso, las hermanas solamente tenían vacas blancas (de raza Charolais), "nunca ninguna de otro color", confirma un vecino.

Después de que se las dejara de ver, durante un par de semanas hubo rastrillajes con perros adiestrados en la búsqueda de personas y personal policial y de bomberos. También hubo chequeos en hospitales y geriátricos.

En diálogo con LA NACION la fiscal a cargo de la causa, Adriana Heredia Hidalgo, de Río Tercero, señaló: "La investigación continúa, con todas las hipótesis en pie" y que sigue la búsqueda de acuerdo con las directivas que ella imparte a una dependencia de la Policía Judicial.

También explicó que en la causa no hay ningún abogado interviniente. Es decir, la justicia no sabe qué pasó ni sigue ninguna pista firme, avanza con los pocos elementos que hasta ahora maneja. A fin del año pasado empezaron los trámites de sucesión para que el campo quede para la única hermana de las mujeres, que vive en la ciudad de Río Tercero quien, por ahora, prefiere el silencio. Fue ella la que alertó sobre la desaparición cuando no las encontró el martes 13 de octubre, cuando fue a verlas al campo.

Vecinos que concurrían a la casa de las Azategui aseguran a esta cronista que ellas decían que estaban "cautivas" de extraterrestres, que recibían órdenes de ellos y que eran sus intermediarias para ayudar a "sanar males". Otras veces, según esos testimonios, hablaban de que el lugar era un "hospital de campaña".

"Ni un solo rastro"

Muy cerca de la iglesia que hay en el lugar vive Ángela, una prima que está convencida de que no se fueron por propia voluntad, sino que algo les pasó. Lo dice con convicción, pero sin datos concretos ni ninguna señal que le permita fundamentar su hipótesis.

Sergio Abrile, de la Asociación de Bomberos de Río Tercero -quien participó de la búsqueda- explica: "No se encontró nada de nada; ni una ropa fuera de la casa ni un rastro, nada. Los perros adiestrados no dieron con ninguna pista. Como si se hubieran esfumado".

Aunque pasaron casi 10 meses de la desaparición, en la zona todavía hay curiosidad por el destino de las llamadas "médicas del espacio", a la vez que las historias sobre sus "poderes" no cesan de contarse.

Están los que fueron por males físicos y los que lo hicieron en búsqueda de algún "apoyo espiritual" por problemas familiares o afectivos; llegaba también gente de otras provincias. Todos los días había movimiento de personas.

¿Qué son los "médicos del espacio"? Según los portales especializados en terapias alternativas sostienen que trabajan sobre el campo electromagnético que rodea al cuerpo. Explican que en los "encuentros de sanación se trabaja tanto en el plano físico como en el plano espiritual", para tratar de "revertir el proceso de la enfermedad y restituir salud y equilibrio". Se definen como "intermediarios entre la gente y seres extraterrestres que, con su energía, sanan a las personas".

A este misterio cordobés se le sumo ahora los dichos de una clarividente de Tierra del Fuego, Verónica Contreras, quien grabó un video en el que cuenta que Ana Azategui se comunicó con ella para relatarle que fueron asesinadas junto a su hermana y que debían buscar a un hombre morocho de la zona que quería que las hermanas le enseñaran a sanar.

La mujer -que por la misma vía dio su hipótesis sobre la muerte del fiscal federal Alberto Nisman- señala que Ana Azategui le "habla de golpes" y que los cuerpos estarían enterrados "muy profundo" en el fondo de la casa de las hermanas desaparecidas.

Las mujeres que decían ser "médicas del espacio"

Ada y Ana Anzategui vivieron recluidas los últimos 20 años en su sencilla casa de campo en el paraje El Quebrado, cerca de la ciudad de Embalse, que tenía una extensión de unas 300 héctareas. Según sus allegados "atendían" a personas que las consultaban por distintos problemas de salud o por cuestiones de "roturas de lazos afectivos". No cobraba, pero recibían víveres como pago.

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