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Alberto de las Carreras: un experto en política de carnes que defendió sus ideas con coraje

Martes 12 de julio de 2016

Era Alberto de las Carreras aún joven cuando en los ámbitos económicos ya se lo consideraba el mayor experto argentino en política de carnes. En él confió LA NACION, por más de cuarenta años, la preparación de los textos con los cuales el diario expresaría su política editorial sobre la materia que tan a fondo conocía. Había llegado hasta aquí -y aquí se quedó como uno de los colaboradores más apreciados hasta su fallecimiento, a los 87 años- por intercesión de un abogado de renombre en Buenos Aires, Rodolfo Moltedo.

Tocó a De las Carreras desempeñarse en parte de una larga época del país, que se remontaba por lo menos a los años veinte. Tiempos en que las supersticiones del nacionalismo vernáculo y de las izquierdas, difusas o radicalizadas, usufructuaban con preferencia las cuestiones vinculadas con las carnes y el petróleo como banderas de barricada. Eso fue cambiando en las últimas décadas, pero en el anecdotario de nuestro viejo editorialista, caudaloso en lecciones sobre las secuelas que había dejado en el país la demagogia como instrumento de análisis económico, siempre aparecía alguna perla referida a todo el tiempo perdido y los daños acumulados por leyendas como ésta: "No se mate en vacunar la hacienda, don, que la aftosa es un invento de los exportadores para pagar menos por nuestras carnes".

Por rara coincidencia con el tipo de batallas que libró, su despedida coincide con la repercusión mundial de la carta que más de un centenar de científicos laureados con el Premio Nobel han difundido sobre la inexistencia de pruebas suficientes respecto de los supuestos peligros para la salud o daños al medio ambiente de los alimentos transgénicos.

Parece mentira hoy que la leyenda de que la aftosa era puro cuento haya sido una idea convocante en el pasado de amplios auditorios. Otras alucinaciones económicas subsisten, sin embargo, como la de que es políticamente posible y moralmente sustentable negarse a pagar deudas libremente contraídas. O la de que el Estado puede emperrarse en hacer lo que la mayoría de las familias elude por simple aplicación del sentido común y de la ley de gravedad: una casa en la que se gasta más de lo que ingresa tarde o temprano se cae. De las Carreras fue un denodado desmitificador de tesis de cuño tan vulnerable como aquéllos. Llevó adelante sus ideas hasta con el coraje con el que reanudó al día siguiente la marcha de sus asuntos como presidente de la Asociación de Industrias Argentinas de las Carnes tras la bomba que la subversión había hecho explotar a comienzos de los setenta en el edificio en que ese cuerpo empresario funcionaba. La celebración tronó por el bombazo en los círculos aún más amplios de la juventud que Perón llamaba "maravillosa" hasta que se hartó de ella.

De las Carreras encarnaba los valores republicanos de libertad y de independencia de los poderes. Solía congratularse de descender por vía directa de Francisco de las Carreras, primer presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Lo había designado Mitre en 1863, prescindiendo de que no hubiera sido un jurista próximo a las fuerzas políticas que le respondían, pero precisamente para que actuara como reaseguro en el tribunal que quedaría conformado después de dejar, en 1868, el poder con el país al fin unificado y ordenado constitucionalmente.

Labor bibliográfica

De las Carreras se había graduado en la Universidad de Buenos Aires de ingeniero agrónomo. Con el seudónimo de "Pecus", debutó como periodista en la revista Dinámica Rural, donde le confiaron por años una columna sobre temas pecuarios. Después de haber participado en la conducción de diversas entidades vinculadas con la exportación de carnes y de haber ocupado, en 1982, las funciones de secretario de Comercio de la Nación, fue convocado en 1983 para presidir la Oficina Permanente Internacional de la Carne, con sede en París. Se mantuvo en ese cargo, en el que estaba implícita la relevancia de su personalidad más allá de nuestras fronteras, hasta 1991. Mientras tanto, proseguía una labor bibliográfica tan extensa como calificada. Entre sus obras, se destacan El comercio de ganados y carnes en la Argentina, El azúcar en la Argentina y el mundo y La aftosa en la Argentina. Fue director, entre 1986 y 1994, del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp); consejero del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), y miembro de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria.

Podría decirse, como él mismo bromeaba, que al quedar encasillado por sus conocimientos específicos como experto en la producción y exportación de carnes y otros alimentos, se había relegado, en la consideración general, la significación lograda por sus estudios y trabajos en todos los aspectos concernientes a la proyección de la economía nacional a través del intercambio de productos y bienes con el mundo. De hecho, había estado asociado por años a Julio Cueto Rúa en una consultoría sobre exportaciones. Fue fundador de la Cámara de Comercio Argentino-China.

La inestabilidad institucional y la inflación fueron dos de los flagelos contra los que apuntó. Con lenguaje sencillo, De las Carreras decía: "No es posible pensar seriamente en tener como abastecedor a otro país que no puede asegurar la permanencia del abastecimiento". Había nacido en San Isidro el 2 de marzo de 1929.

El sepelio será hoy en el Jardín de Paz, previo oficio religioso en la capilla del lugar, a las 10.

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